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El pasado catorce de enero falleció en Managua el chef Nelson Porta, según datos personales tenía sesenta y tres años y el motivo de su fallecimiento se debió a una falla renal agravada.
Deseo aclarar que jamás lo conocí personalmente, aunque sí veía con alguna frecuencia un programa de cocina que tuvo en televisión por varios años, era ameno y en él preparaba toda clase de comidas. Creo que en dos ocasiones fui con mi esposa a comer a su restaurante en Las Colinas en Carretera a Masaya, puedo agregar que era del conocimiento público su afinidad con el partido de gobierno, pero hasta donde tengo conocimiento no trabajó nunca en ninguna institución del Estado. Después de su fallecimiento, pude leer que se graduó de chef de cocina en los Estados Unidos y que fue el primer chef certificado de origen nicaragüense, ese es todo mi conocimiento sobre su persona.
El motivo que en esta ocasión me refiera a su persona, es porque cuando los medios de comunicación informaron de su fallecimiento, muchos nicaragüenses viviendo en el exterior se refirieron a él despectivamente, resaltando su filiación política como motivo para alegrarse por su deceso. Algo que me pareció odioso pues considero que la muerte no te hace bueno y mucho menos limpia tu actuar mientras estuviste en este mundo, pero sí te eleva a un estatus en donde ninguna acción humana puede alcanzarte. En pocas palabras, deberíamos aprender a tener respeto por quienes nos preceden en el viaje que todos tendremos que emprender algún día.
En mi último artículo, me referí a la necesidad de enterrar nuestros odios y de buscar todos e incluyo al gobierno, la reconciliación nacional que nos permita vivir en paz con armonía y refería también que eso nos permitiría retomar las riendas de nuestro futuro, algo que nuestros hijos y nietos merecen. No podemos decía, que otros decidan por nosotros según sus mejores beneficios, pues estos sin importar a qué ideología pertenecen solo les importamos mientras obtengan un beneficio geopolítico.
Voy a atreverme a poner un ejemplo en nuestra América, me refiero al caso de la hermana República de Venezuela. No voy a comentar las razones que la llevaron a la situación que actualmente enfrentan, pero sí voy a decir que el odio entre venezolanos la hicieron posible. El día de hoy, me refiero al momento en que estoy escribiendo este artículo, el futuro de Venezuela no está en manos de los llamados chavistas ni el de los opositores al mismo. Son otros los que deciden por ellos. Que si eso está bien o está mal no voy a referirme a ello, pues no es esa la intención de este artículo, lo que sí es la intención, es llamar la atención para que todos recapacitemos y nos demos cuenta que todavía es tiempo para que seamos los nicaragüenses como dijera un comentarista de televisión recientemente, que dialoguemos pensando en el mejor beneficio para nuestra patria.
Personalmente no deseo que se cambie nuestra moneda por la de ninguna otra nación por muy poderosa que esta sea. Somos un país bendecido por Dios, tenemos todo lo que la naturaleza puede dar, agua, tierras productivas, bosques y fauna exuberante, no sigamos haciendo cosas para que un día se diga: lo único malo de Nicaragua es que está poblada por nicaragüenses.
Invito a todos, moros y cristianos, a reflexionar porque la Nicaragua del futuro la empecemos a construir nosotros y no le dejemos esa tarea a quien con el pretexto se ayudarnos a salir de un atolladero, nos meta en otro posiblemente más profundo.
Para finalizar, les recuerdo que el futuro será nuestro y de nuestros hijos, siempre y cuando sea producto de decisiones y acciones tomadas por nicaragüenses despojados de odios y pensando en el bien común de nuestra sociedad. Todavía es tiempo, empecemos ahora.
El autor es analista político y exmiembro de la Resistencia Nicaragüense.