Artoris Matamoros del brazo de su madre, Socorro Casanova, el día de su bachillerato. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Artoris Matamoros del brazo de su madre, Socorro Casanova, el día de su bachillerato. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Artoris Matamoros, orgulloso bachiller a los 66 años

Tras 50 años de no pisar un aula de clases, se enfrentó a las fórmulas de matemáticas, química y física, las superó y ya está matriculado en una universidad para cumplir el sueño de su madre: verlo como abogado.

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“¿Para qué estás estudiando a tu edad? Mejor dale lugar a otro”, le dijo un conocido a Artoris Matamoros, a inicios de 2024, cuando, a los 65 años de edad, Matamoros se había matriculado en el cuarto de año de secundaria en el instituto Josefa Toledo de Aguerri, en Juigalpa, Chontales.

Para entonces, Matamoros tenía casi 50 años de haber abandonado las aulas de clases, desde que, a mediados de la década de 1970, se vio obligado a unirse a la guerrilla del Frente Sandinista (FSLN) para combatir a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Estaba a la mitad del cuarto año cuando se fue de su casa y su familia no lo volvió a ver, sino hasta que Somoza Debayle salió del poder.

Cuando se salió de clases, estaba en uno de los colegio privados más caros de su natal Acoyapa, el San Sebastián. Él tenía 17 años y le estaba saliendo el bigote, recuerda Matamoros, quien nació el 10 de octubre de 1959.

En 2024, las clases de matemáticas, física y química parecían darle la razón a la persona que le dijo a Matamoros que ya no tenía edad para estudiar.

Sin embargo, Matamoros dice que no prestó atención a esos obstáculos porque “yo bailo mi música, no la que me tocan”, asegura.

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“Mi dolor de cabeza de toda la vida han sido las matemáticas. Lo que me mataba eran las fórmulas y en física y química también. En lengua y literatura y en ciencias sociales uno se puede lanzar un bla bla y resuelve, pero en matemáticas no”, explica Matamoros a la Revista DOMINGO.

Matamoros pasaba trabajando todo el día como guarda de seguridad en el centro de salud de Juigalpa y en la noche, cuando regresaba a la casa, le quedaba poco tiempo para estudiar. Durante toda la semana pensaba en que “el sábado tenía que entregar tantas tareas de matemáticas, tantas de química y tantas de física”.

Matamoros fue excelencia académica en este 2025, en su quinto año de secundaria. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
Matamoros fue excelencia académica en este 2025, en su quinto año de secundaria. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Su madre, Socorro Ramona Casanova Castellón, actualmente de 84 años y quien fue la que le pidió que terminara sus estudios, le daba ánimos. “Si ya empezaste los estudios, termínalos”, le decía. Otras que lo empujaban eran su esposa, Luz Emilia Requenes Leiva, y su hija mayor, Nadiezdha Matamoros Requenes.

La solución que Matamoros encontró fue pedir ayuda, en los ejercicios que no entendía, a algunos compañeros de trabajo del centro de salud y a familiares. “El problema es que el que pasaba a la pizarra los sábados era yo”, recuerda ahora con algo de humor.

Afectado por los muchos años que no estudió, Matamoros se dedicó a leer y leer y a estudiar en cada momento que podía. El cuarto año fue muy difícil, pero, en este 2025, en el quinto año, hasta fue excelencia académica y desfiló como tal el 14 y el 15 de septiembre.

El pasado 5 de diciembre, Matamoros se enfundó una toga, una estola y un birrete y desfiló con su madre para recibir el diploma como bachiller.

“Fue un momento emocionante. Quien más lo vivió fue mi madre. Me llevaba del abrazo y ella era la que saludaba al escuchar los aplausos. Como que se empoderó del evento y eso me llenó de mucha satisfacción”, señala Matamoros.

Una niñez difícil y dos guerras

A los siete años de edad, Matamoros perdió a su padre, Artoris Matamoros Reynosa, por lo que su madre se convirtió en “padre” también.

Socorro Casanova trabajaba en “labores domésticas” para sacar adelante a sus cuatro hijos, Artoris Matamoros y tres hermanas. Pero, el dinero no alcanzaba y la niñez de Matamoros fue de pobreza en su natal Acoyapa, Chontales. “Carecía de todo”, dice el ahora bachiller.

Las tres hermanas de Matamoros se bachilleraron y luego se profesionalizaron. Una es abogada, otra contadora y la tercera es licenciada, pero Matamoros no recuerda en qué, solo que trabaja en un hospital.

A él lo afectaron las dos guerras, primero la lucha contra Somoza y luego la de los años ochenta, entre sandinistas y contras.

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En la guerra contra Somoza, Matamoros fue guerrillero en el Frente Oriental, luchando desde El Rama hasta Juigalpa, al lado de jefes guerrilleros como Luis Carrión, uno de los que después fue uno de los nueve comandantes sandinistas que gobernaron Nicaragua en la década de 1980, y Roberto Calderón, quien llegó a ser general del ejército nicaragüense. También luchó junto a Gerardo Arce Castaño, hoy exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

El 19 de julio de 1979, Matamoros fue uno de los primeros guerrilleros sandinistas en llegar a Managua, dice, junto a Agustín Sequeira, integrante del grupo musical Pancasán. Entraron por el aeropuerto y vieron llegar a doña Violeta Barrios de Chamorro, entonces integrante de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN).

Con su madre. Matamoros dice que él se ve tan mayor como su madre debido a que él peleó en dos guerras durante más de 13 años y en los últimos 20 años se ha desvelado laborando como guarda de seguridad. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
Con su madre. Matamoros dice que él se ve tan mayor como su madre debido a que él peleó en dos guerras durante más de 13 años y en los últimos 20 años se ha desvelado laborando como guarda de seguridad. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Matamoros no estuvo en la celebración del triunfo en la plaza de la República, el 20 de julio de 1979, porque lo dejaron cuidado unas instalaciones frente al aeropuerto, en donde después fue Marena, pero ese mismo 20 de julio, por la tarde, salió con un contingente rumbo a su natal Chontales. El 30 de julio se percató que le había crecido el bigote.

Con la llegada al poder de los sandinistas, Matamoros estuvo en el ejército sandinista y combatió a los contras durante toda la década de 1980. Estuvo combatiendo en todo el país donde estuviera la contra, asegura. El único lugar al que no fue es el Golfo de Fonseca.

Vio caer a su lado, muertos, a muchos compañeros. “Estoy vivo de milagro. Seguro no me tocaba morir”, afirma.

Solo sabía usar un fusil

Cuando terminó la guerra y los sandinistas salieron del poder, Matamoros se encontró con que lo único que sabía era disparar un fusil. No tenía ningún oficio y los estudios los había abandonado por meterse a la guerrilla.

Así las cosas, y con muchas necesidades económicas, Matamoros optó por irse a la entonces Costa Atlántica, hoy Costa Caribe, donde trabajó durante casi 18 años en la pesca o “en lo que saliera”, recuerda.

“Siempre me tocaron trabajos duros, con bajos salarios”, recuerda Matamoros.

En el año 2007, le consiguieron trabajo en Juigalpa, en el Ministerio de Salud (Minsa), como guarda de seguridad, y trabajaba a veces de día y a veces de noche.

Todas esas circunstancias le impidieron reanudar los estudios, pese a que su madre le insistía que quería verlo un profesional.

Un día, en 2023, la madre le dijo a Matamoros: “Ideay, me voy a morir y nunca te bachilleraste, vos”.

La vida de Socorro Casanova tampoco había sido fácil. De pequeña, no aprendió a leer ni a escribir y, tras quedar viuda, se había dedicado por entero a cuidar de sus cuatro hijos.

Matamoros y su esposa Luz Emilia Requenes tienen mucho tiempo de convivir, pero se casaron hasta en el 2023. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
Matamoros y su esposa Luz Emilia Requenes tienen mucho tiempo de convivir, pero se casaron hasta en el 2023. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Cuando los sandinistas llegaron al poder, y emprendieron la llamada Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), entonces Casanova aprendió a leer y escribir, pero, no se quedó ahí, sino que estudió hasta terminar la primaria.

Casanova se volvió hasta dirigente comunal, porque “tiene facilidad para hablar en público”, asevera su hijo.

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“Mi madre me había dado el ejemplo. Yo dije, si mi madre pudo, yo también”, explica Matamoros, quien se decidió a cumplir el deseo de su progenitora y fue cuando en 2024 se matriculó en cuarto año de secundaria.

Al principio, Matamoros dice que sentía que lo veían raro. Sin embargo, todo cambió cuando vieron que él iba en serio con los estudios.

Meta: ser abogado

Matamoros se matriculó este sábado en la universidad Martin Luther King, la única que tiene la carrera de derecho en Juigalpa.

Él cree que esa es la carrera que le conviene porque conoce bastante de leyes y ha leído bastante la Constitución Política de Nicaragua, pues desde que entró a trabajar al Minsa es sindicalista.

“Mi mamá me quiere ver como abogado. Yo le pido a Dios que me dé la vida y las energías para lograrlo. Y también que le dé tiempo suficiente a mi madre”, indica Matamoros, quien hoy tiene 66 años cumplidos y su progenitora 84.

“Estudié para ser un profesional, pero tampoco fue para ser ministro. Todo lo he hecho por ella (madre) y por las otras dos personas que viven conmigo (esposa e hija mayor)”, finaliza diciendo Matamoros.

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