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A un mes del asesinato de Eugenia Mercedes Guevara Carrión, de 49 años, el crimen sigue marcando la agenda institucional, social y judicial de Zaragoza, la capital aragonesa.
El barrio San José, donde ocurrió el femicidio, se volvió escenario de coberturas periodísticas, vigilias, protestas y actos de memoria, mientras el proceso penal avanza y el debate político tensiona el duelo colectivo.
El asesinato ocurrió la mañana del 4 de noviembre, en el domicilio que la víctima compartía con su pareja, Abel Martínez, de nacionalidad hispano-cubana.
Eugenia se convirtió en la única víctima de violencia de género en Aragón en 2025 y en la número 36 en España, según los registros oficiales del Ministerio de Igualdad.
Los hechos homicidas
De acuerdo con el atestado elaborado por el Grupo de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía de Aragón, el crimen se produjo alrededor de las 8:30 de la mañana en el piso 2C, ubicado en el número 23 de la calle Privilegio de la Unión, en el barrio zaragozano de San José.
Los investigadores que se presentaron al llamado de los vecinos describieron la agresión como una acción de “extrema violencia”, “tremendamente explosiva” y ejecutada “sin margen alguno para la reacción defensiva” de la víctima.
Eugenia Mercedes presentaba 14 heridas incisopunzantes distribuidas en el rostro, cuello, tórax, espalda y las extremidades superiores.
En la vivienda fueron localizados tres cuchillos ensangrentados, cuyas características eran compatibles con las lesiones descritas en el informe forense preliminar.
La autopsia determinó que la muerte fue consecuencia de una hemorragia masiva provocada por una herida en el hemitórax izquierdo, que perforó los pulmones y la aorta, causando un taponamiento cardíaco.
El informe médico señala que la muerte fue rápida, pero no inmediata, ya que el cuerpo presentaba lesiones defensivas, lo que indica que Eugenia intentó protegerse durante el ataque.

Gritos de horror
La investigación judicial se apoya en varios testimonios vecinales, cuyas identidades permanecen protegidas conforme a la legislación de protección de datos y a las garantías procesales.
Uno de los vecinos declaró a los policías, según el proceso al que tuvo acceso LA PRENSA, que escuchó gritos de auxilio claros y reiterados, procedentes del interior del piso.
Según su testimonio, reconoció el nombre del agresor en los gritos de la víctima y decidió llamar de inmediato a la Policía Nacional. El vecino aseguró haber grabado un audio con su teléfono móvil, que ya forma parte del sumario judicial, cuando Eugenia pedía clemencia.
Otra vecina explicó aterrorizada ante la magistrada que lo que escuchó no parecía una discusión doméstica. “Era un grito muy fuerte, de sufrimiento, de violencia, de terror”, relató, añadiendo que tuvo la impresión de que alguien le estaba tapando la boca a la víctima mientras le hacía daño.
Una tercera testigo, amiga de Eugenia, aportó un relato previo que ha adquirido relevancia en la instrucción.
Declaró que, semanas antes del crimen, acogió a Eugenia en su casa después de una discusión con su pareja, en la que, según le contó la víctima, él le había roto el teléfono móvil por celos.
Durante esa noche, Eugenia le confesó una frase que ahora figura en las diligencias judiciales: “A diciembre no llego”.
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Otro testimonio describe a Martínez como un sujeto en condiciones de calle antes de conocer a Eugenia.
“Es un hombre muy posesivo y celoso. Yo lo rescaté de la calle hace unos tres años. Estaba viviendo bajo un puente, con gente toxicómana, en el Ebro. Le dimos una casa que no tenía ni paredes, yo le encontré un trabajo”, relató.
Narró que al año y medio de estar viviendo aquí “conoció a esta mujer y se vino a vivir con él. Él hacía la película de que era un caballero, pero a los cuatro meses empezamos a percibir que la tenía restringida. No le dejaba hablar con nadie”.
“Yo sé por ella que en muchas ocasiones ha salido corriendo de casa, se ha escondido en casa de alguna vecina, la he visto llorando por la calle, en una parada de autobús, temblando. Se veía que no le permitía hablar con ninguno de mis vecinos”, relató a la prensa local.
“Daba pena verla pasar con la cabeza gacha y él con el pecho muy ancho. Este señor llevaba a su mujer a trabajar, la recogía del trabajo y no le dejaba hablar con nadie. La tenía secuestrada en vida”, dijo.
“Ni yo ni nadie podíamos pensar que esto llegara al límite de que un sinvergüenza le quitara la vida por el simple hecho de ser un celoso, porque esto viene por celos”, comentó.

Homicida y casi suicida
Los agentes que acudieron al lugar encontraron la puerta cerrada con doble llave y un candado interno, lo que dificultó el acceso urgente.
En el interior, además de los cuchillos, se hallaron botellas de amoniaco, cuya alta concentración obligó a ventilar la vivienda antes de realizar una inspección completa.
El victimario, Abel Martínez, de 62 años, había intentado suicidarse ingiriendo el líquido, mientras Eugenia agonizaba en un charco de sangre.
El presunto autor del crimen era pareja sentimental de Eugenia desde hacía aproximadamente dos años.
De nacionalidad hispano-cubana, fue detenido en grave estado de salud en el interior del domicilio tras la ingestión de amoniaco.
Presentaba, además, cortes en el rostro y las manos y fue trasladado inicialmente a un centro hospitalario. Desde entonces permanece ingresado en la Unidad de Psiquiatría del Hospital Miguel Servet, bajo custodia policial.
La defensa de Martínez está a cargo de la abogada Rocío Notivoli, quien ha solicitado que se evalúe su estado mental en el momento de los hechos y ha cuestionado la credibilidad de algunos testimonios, alegando posibles contradicciones y conflictos previos entre uno de los testigos y el acusado.
La jueza ha comunicado que, una vez reciba el alta médica, el acusado será trasladado al Centro Penitenciario de Zuera, en prisión preventiva. La causa permanece bajo secreto parcial y el juicio aún no tiene fecha fijada.

Impacto en Zaragoza
La noticia del asesinato provocó una conmoción inmediata en la pacífica ciudad de Zaragoza.
El Ayuntamiento activó el protocolo institucional para casos de violencia machista y decretó tres días de luto oficial. Las banderas ondearon a media asta en todos los edificios municipales por 72 horas.
El 5 de noviembre, la corporación municipal, encabezada por la alcaldesa Natalia Chueca, guardó un minuto de silencio a las puertas del Ayuntamiento, junto a trabajadores municipales, representantes institucionales y vecinos que acudieron de forma espontánea.
Ese mismo día, al caer la tarde, cientos de personas se concentraron en la plaza de España, convocadas por organizaciones feministas, asociaciones vecinales y colectivos sociales.
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La protesta se repitió en días posteriores en plazas de la ciudad y cientos de curiosos y otros indignados recorrieron el barrio de San José llamando a las mujeres a denunciar a los hombres que las violentaran.
Durante las concentraciones se corearon consignas como “Ni una menos”, “Vivas nos queremos” y “Compromiso, no postureo”. Varias pancartas exigían medidas reales de protección y denunciaban la falta de prevención.
La Universidad de Zaragoza se sumó a los actos de condena con la lectura de un manifiesto en el Campus de Huesca, en el que la comunidad universitaria expresó su “más enérgica repulsa” ante el crimen y recordó que «la violencia machista es una forma extrema de desigualdad estructural».

Un barrio espantado
En el barrio donde ocurrió el asesinato, el impacto fue especialmente intenso. Vecinos relataron a este Diario un clima de shock, incredulidad y miedo.
Durante la intervención policial, la calle Privilegio de la Unión permaneció acordonada y vigilada por decenas de patrullas y vehículos de los medios de comunicación.
Algunos residentes reconocen que sabían que la relación de la pareja era conflictiva, aunque nadie imaginó un desenlace fatal. Otros admiten que escucharon discusiones previas, pero nunca pensaron que derivarían en un crimen.
Velas, flores y mensajes escritos a mano se acumularon en las inmediaciones del portal y en los carteles públicos alrededor del barrio.
Varias vecinas del edificio organizaron turnos para acompañarse por las noches. El asesinato alteró la rutina del barrio y dejó una sensación persistente de vulnerabilidad.
Medidas tras el crimen
El caso de Eugenia puso en evidencia que la ciudad de Zaragoza no estaba integrada en el sistema estatal de seguimiento de víctimas de violencia de género, conocido como Viogén.
Tras el crimen, el Ayuntamiento anunció la adhesión definitiva al programa. La alcaldesa Natalia Chueca confirmó que, tras la celebración de una Junta Local de Seguridad, se firmó el acuerdo con el Ministerio del Interior.
Según lo anunciado, la Policía Local asumirá la vigilancia del 30 % de los casos catalogados como de riesgo bajo, duplicando los recursos humanos inicialmente previstos.
Los agentes recibirán formación específica a cargo de la Policía Nacional para actuar preventivamente.
Eugenia no figuraba en el sistema Viogén ni constaban denuncias previas de su sufrimiento, aunque las vecinas fueran testigos de las recurrentes discusiones y amenazas del autor de crimen.
Para las organizaciones feministas, este hecho evidenció las barreras existentes para la detección temprana de la violencia y en sus protestas exigieron medidas urgentes.

El debate político de Vox
El crimen también generó un intenso debate político. La diputada autonómica de Vox, Carmen Rouco, realizó declaraciones públicas en las que vinculó el asesinato al origen extranjero del agresor y defendió el endurecimiento de las penas, incluida la prisión permanente revisable.
Rouco citó estadísticas del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género de Aragón y afirmó que los extranjeros son condenados proporcionalmente más que los españoles en este tipo de delitos.
Sus palabras provocaron críticas de organizaciones feministas y colectivos migrantes, que denunciaron la instrumentalización del crimen contra Eugenia.
Durante las protestas, varias pancartas y comentarios en redes sociales respondieron directamente a ese discurso, reclamando que el foco se mantuviera en la protección de las víctimas y no en la nacionalidad de los agresores.
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Eugenia vuelve a Nicaragua
Mientras avanzaba el proceso judicial y el debate político, la familia de Eugenia gestionaba la repatriación del cuerpo a Nicaragua y pedía ayuda en redes sociales para realizar este proceso.
El Ayuntamiento de Zaragoza asumió íntegramente los costos y trámites del traslado internacional.
El féretro llegó el 20 de noviembre a El Viejo, Chinandega, municipio natal de la víctima, donde descansan sus padres, María Mercedes y Antonio.
La operación se coordinó con la Embajada de Nicaragua en España y con una funeraria especializada en traslados internacionales.
Fue la misma funeraria que en 2021 gestionó la repatriación del cuerpo de Katia, otra nicaragüense asesinada por violencia de género en Zaragoza.

La voz de la hija
Desde Indianápolis, Estados Unidos, Karolina Blandón Guevara, hija de la víctima, hizo pública una carta en la que pidió que “caiga todo el peso de la ley” sobre el responsable del asesinato de su madre.
Karolina comentó a LA PRENSA que Eugenia llevaba 19 años viviendo en España, adonde emigró para buscar mejores oportunidades y ayudar a su familia.
“Era una mujer trabajadora, creyente, dedicada a los suyos”, escribió. Ella viajó con su madre desde niña, sin embargo, hace algunos años voló a Estados Unidos para labrar su propia familia, pero siempre quedó en comunicación con su madre.
Dice que Eugenia, desde que empezó la relación con Abel, nunca se quejó y parecía feliz al inicio, aunque en los últimos meses evitaba hablar de él “o hablaba bajito, rápido, como queriendo salir del tema”.
En Zaragoza, su pariente Xiomara Castellón acudió a las dependencias policiales para confirmar oficialmente la identidad de la víctima y participó en las gestiones iniciales de identificación del cuerpo tras el crimen.
Castellón describió a Eugenia como una mujer “alegre, trabajadora y solidaria” y subrayó el deseo de la familia de que pudiera descansar en su tierra natal. “Queríamos despedirla junto a los suyos”, señaló.
En el restaurante El Calamar Bravo, donde la víctima había comenzado a trabajar este año, estaban impactados y tristes a la vez por el suceso, ya que la recordaban como una mujer alegre, serena y optimista, además de amable y dispuesta siempre al trabajo.
Un mes después del femicidio, Zaragoza siguió nombrando a Eugenia Mercedes en actos públicos, concentraciones y declaraciones institucionales a través de los medios que le dan seguimiento al juicio.
El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la ciudad rindió un homenaje oficial a las víctimas, con un recuerdo especial para ella.
Mientras tanto el proceso judicial continúa, la investigación sigue abierta y el barrio San José intenta recuperar la normalidad.
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