De izquierda a derecha: Juan Sebastián Chamorro durante un evento de la Alianza Cívica; Félix Maradiaga durante una actividad de la Unidad Nacional y Medardo Mairena en el lanzamiento de la Coalición Nacional.

Polarización, el otro pecado de la oposición fragmentada de Nicaragua

Especialistas advierten que el discurso confrontativo se ha convertido en un círculo vicioso que impide el diálogo y alimenta la radicalización política

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Desde la década de 1930, cuando Anastasio Somoza García consolidó su ascenso al poder en 1937, Nicaragua ha oscilado entre dictaduras, guerras y revoluciones. A lo largo de este devenir, un rasgo persistente ha sido la división de sus opositores y, en la actualidad, un muro que luce infranqueable es la polarización.

La discusión que prevalece en cada organización es la tendencia política y señalamientos mutuos. Usualmente este debate se genera entre grupos conservadores y antisandinistas, según los expertos.

Podría interesarle: Oposición no logra la unidad y se enfrenta dividida al orteguismo

La polarización de la oposición en Nicaragua “tiene raíces históricas profundas, pero responde también a dinámicas recientes”, como la represión de Daniel Ortega en 2018, comentó a LA PRENSA María Fernanda Bozmoski, analista política del Adrienne Arsht Latin America Center, un centro de pensamiento con sede en Washington especializado en las transformaciones políticas y económicas de América Latina.

La analista sostiene que «décadas de guerras, revoluciones y dictaduras han dejado una impronta de polarización política e ideológica difícil de superar” y agrega que “a esta herencia se suman las consecuencias de la crisis de 2018, cuando la represión del régimen de Daniel Ortega encarceló, exilió o inhabilitó a los principales liderazgos opositores, debilitando la posibilidad de construir un frente común”.

Desde el 2018 se han conformado al menos cinco grupos de oposición política los cuales se han estancado con el tiempo en medio de discusiones ideológicas. Primero se conformó la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD); posteriormente se erigió una nueva organización social, la Unidad Nacional Azul y Blanco, más tarde la Coalición Nacional de cara a las votaciones de 2021; luego el movimiento Monteverde y posteriormente la Gran Confederación Opositora.

Aunque la mayoría de estos grupos, según sus voceros, aún existen, su presencia se ha limitado a algunas publicaciones en redes sociales.

Polarización mantiene estancado esfuerzos por salir de Ortega

Enrique Roig, exfuncionario del Departamento de Estado de Estados Unidos en el área de Democracia y Derechos Humanos, considera que el mayor desafío que enfrentan las plataformas de exiliados nicaragüenses «es unirse precisamente por las profundas divisiones heredadas de la política pasada, sumadas a las diferencias ideológicas».

«Observamos a varios grupos que buscan protagonismo —tratando de posicionarse ante el gobierno de EE.UU. o ante sus contrapartes europeas— a menudo a costa de deslegitimar a otros dentro de la comunidad en el exilio que también están abogando por la causa nicaragüense. Esta fragmentación debilita la causa en general y resta fuerza a los esfuerzos por dar mayor visibilidad a la crisis en Nicaragua», sentencia Roig. 

Podría interesarle: Momento clave para la oposición en Nicaragua, ¿cómo puede aprovechar la «purga» en las instituciones estatales?

El exfuncionario estadounidense señala que esto trae como consecuencia que la comunidad internacional «ve pocas oportunidades para invertir capital político o apoyo financiero, dada la ausencia de una estrategia común».

Durante las votaciones presidenciales del 2021 en las que Ortega se impuso para un nuevo mandato encarcelando a todos los aspirantes a la presidencia, la polarización se agudizó más cuando la oposición intentó establecer un vehículo de unidad. El debate se dio entre el Partido de Restauración Democrática (PRD) y Ciudadanos por la Libertad. Al final el régimen suspendió la personería jurídica primeramente al PRD en mayo de 2021 y a CxL en agosto.

En las votaciones de 2021 en Nicaragua, la polarización se agudizó aún más en la oposición nicaragüense. Foto AFP/ LA PRENSA

Los expertos indican que es normal las diferencias, pero sugieren «tomar un punto en común». 

«No se trata de alcanzar consenso en todo, sino de lograr el consentimiento necesario para avanzar en una agenda donde, aún sin estar de acuerdo en todos los puntos, al menos exista una causa común en torno a las propuestas para una eventual transición en el país. Presentar un frente unificado es crítico en este momento», dice Roig.

La socióloga Bozmoski menciona que «la polarización limita de manera crítica la construcción de una alternativa democrática».

Lea también: Intento de reunión entre PRD y CxL se convierte en fricción

«Desde 2018 no ha emergido una coalición amplia que represente la diversidad de la ciudadanía nicaragüense. Las tensiones entre sectores tradicionales de derecha y voces críticas del sandinismo han impedido formular un proyecto político inclusivo y creíble frente al oficialismo», lamenta.

Añade que «el régimen, por su parte, se fortalece en la medida en que enfrenta a una oposición dividida, incapaz de movilizar apoyos internos o proyectarse como un actor cohesionado ante la comunidad internacional».

«Las tensiones entre sectores tradicionales de derecha y voces críticas del sandinismo han impedido formular un proyecto político inclusivo y creíble frente al oficialismo».

Enrique Roig, exfuncionario del Departamento de Estado

En ese sentido Roig dice que «es imperativo que la comunidad internacional —y en particular Estados Unidos— no caiga en la dinámica de la política interna de ciertos actores del exilio ni se deje manipular».

«Mi recomendación es que el gobierno de EE. UU. transmita un mensaje claro y coherente: una oposición unificada es hoy más importante que nunca». 

¿Afectados por el régimen?

Benjamin Gedan, investigador en la Iniciativa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Johns Hopkins, comenta a LA PRENSA que en Nicaragua el régimen ha debilitado tanto a la oposición política como a la sociedad civil, e incluso a los aliados históricos de Ortega.

“Muchos de los actores más influyentes de la oposición se encuentran en el exilio, y los que han quedado viven sin ninguna garantía jurídica. De hecho, incluso quienes están en el país vecino tampoco están seguros”. 

En estas condiciones, según el investigador, es injusto culpar a los opositores por la falta de coordinación.

Podría interesarle: Así está la oposición en otros países autoritarios

“Sin elecciones libres y justas, la única salida sería una movilización masiva de la ciudadanía, pero ya vimos en 2018 el enorme costo de enfrentarse a la dictadura. Ese es el único camino para sostener un gobierno ilegítimo y poco popular”, menciona.

En los últimos siete años de su régimen, que tiene 18 años consecutivos, Ortega ha perseguido a los líderes opositores, a los mediadores del diálogo (Iglesia católica), ha cerrado el espacio cívico y ha fortalecido su aparato represivo, incorporando a los grupos paramilitares como policías voluntarios, subordinó a los poderes del Estado al Ejecutivo y creó un sistema en que él se convirtió en copresidente, junto a su esposa Rosario Murillo.

Un impacto negativo en la sociedad

A nivel social, la aceptación ciudadana de la oposición ha menguado. Una encuesta reciente de Hagamos Democracia reveló que casi la mitad de los nicaragüenses (47.5%) califica de “deficiente” el desempeño de la oposición, mientras solo una minoría la percibe con efectividad. 

La falta de unidad, las pugnas internas y la distancia con las necesidades de la gente han contribuido a ese desgaste, dicen los expertos consultados por LA PRENSA. 

«Dentro del país, la falta de unidad opositora ha generado frustración, mientras que en el exilio prevalece la desconfianza, lo que debilita las redes de apoyo que podrían contribuir a un proceso de democratización. El resultado es una erosión de la esperanza en el cambio democrático, un vacío que favorece al statu quo», dijo Bozmoski.

Los académicos consideran que, pese al panorama adverso, aún podría existir una oportunidad para que la oposición se unifique y enfrente al régimen de Daniel Ortega de manera más estratégica, similar a lo ocurrido en 1990, cuando la Unión Nacional Opositora (UNO) —una coalición de varios partidos de distintas corrientes ideológicas— logró derrotar en las urnas al sandinismo y sacar a Ortega del poder por primera vez.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí