Sheila Santana es una artista de Guanacaste, Costa Rica, hija de un nicaragüense originario de Rivas. LA PRENSA/ TOMADA DE LA VOZ DE GUANACASTE

Sheila Santana es una artista de Guanacaste, Costa Rica, hija de un nicaragüense originario de Rivas. LA PRENSA/ TOMADA DE LA VOZ DE GUANACASTE

Sheila Santana, una artista costarricense orgullosa de sus raíces nicaragüenses

En Guanacaste defiende el acceso al arte y los derechos de las mujeres y los migrantes, porque de pequeña sufrió discriminación por ser hija de padre nicaragüense.

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La artista y activista costarricense, Sheila Judith Santana Mora, creció entre libros en Costa Rica. Entre ellos recuerda dos del poeta nicaragüense Rubén Darío. Esos poemas de Darío fueron lo primero que ella leyó en su vida y, de alguna manera, la acercaron al arte desde temprana edad, pues desde niña empezó a escribir poesía.

Su padre, Pedro Santana, es originario de Rivas, Nicaragua, y migró a Costa Rica en la década de 1960 junto a toda su familia, 12 miembros en total. Él es un artista también. Aunque no los ha publicado, escribe poemas. Su hija lo llama “un poeta de calle”.

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Su madre, Floribeth Mora, es costarricense y también es inclinada al arte, en este caso popular, pues se dedica a elaborar máscaras con las que se celebran las “mascaradas” en Guanacaste, una tradición cultural costarricense desde la época de la colonia española.

A pesar de que cuando llegó la hora de entrar a la Universidad Nacional, en Heredia, su padre intentó que ella estudiara Medicina u “otra cosa”, Santana Mora se decidió por estudiar teatro, artes escénicas como se le llama, y su madre la apoyó.

Una muestra del arte de Sheila Santana y de su pensamiento. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
Una muestra del arte de Sheila Santana y de su pensamiento. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Desde pequeña ella estaba atraída por el arte, porque cantaba y hasta tocó instrumentos en la banda musical de su colegio en Limón, que fue donde se crio, aunque es originaria de Cañas, Guanacaste.

El hecho de que era producto de “un amor transfronterizo”, como lo llama ella, de padre nica y madre tica, de que se crio más en un ambiente nicaragüense a pesar de siempre haber vivido en Costa Rica, y de que poco a poco fue comprendiendo que para las mujeres era más difícil hacer arte que para los hombres, Sheila Santana Mora explica que fue adquiriendo consciencia de su realidad hasta convertirse en una mujer dedicada a defender los derechos culturales, los de las mujeres y también de los migrantes.

Es fundadora de Cañas ProCultural, un equipo de gestión sociocultural enfocado en crear oportunidades para que las personas de Guanacaste que lo deseen se formen artísticamente y también tengan espacios de participación ciudadana.

Además, Sheila Santana Mora, de 36 años, es miembro de GuanaDefensoras, un colectivo feminista que apoya especialmente a las mujeres, incluidas a las migrantes, a las que ayudan orientando cuando llegan a Costa Rica.

Santana Mora es actriz, poeta, pintora o artista visual, cantante, escritora de cuentos y ha hecho hasta circo. Artista multidisciplinaria, se denomina ella.

Asegura que el arte sirve para unir a las personas, para que se diviertan y crezcan, en contraste con otras actividades, como el futbol, que hace que las personas sean opuestas.

“Soy nicaragüense”

Sheila Santana Mora pasaba más tiempo con su familia nicaragüense, paterna que con la costarricense, materna.

Cuando niña no se dio cuenta, pero creció alimentándose con la comida nicaragüense y entre dichos populares de Nicaragua. Hasta después supo que era costarricense, pero tenía algo diferente. Incluso, en medio del acento costarricense al hablar, también tenía el nicaragüense.

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En medio de risas, comenta que también fue viendo sus características físicas y hasta de temperamento. “Soy una guanacasteca arrecha. Soy trompuda y con pómulos pronunciados”, dice, asegurando que esas características son una herencia de su mezcla entre costarricense y nicaragüense. “Siento en mi sangre que eso viene de mi herencia nicaragüense, de la que estoy muy orgullosa”, agrega.

En Limón, a donde se fue a vivir la familia nicaragüense, el padre de Sheila Santana Mora, Pedro Santana, laboró en las bananeras por muchos años. “Yo jugaba entre los charcos en las bananeras. Fue una infancia linda, de comida rica y de mucha unión familiar”, recuerda la artista.

En una ocasión, una maestra de la escuela la quiso ofender. “Es que tu padre es nica”, le dijo.

En la casa de la familia materna, a la hora de comer, en la mesa algunos de sus familiares hacían chistes burlándose de los nicaragüenses.

Sheila Santana ha estudiado la historia de su familia y la de Guanacaste y se ha dado cuenta de que las mujeres guanacastecas han tenido pocas oportunidades para dedicarse al arte. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN DE VÍDEO
Sheila Santana ha estudiado la historia de su familia y la de Guanacaste y se ha dado cuenta de que las mujeres guanacastecas han tenido pocas oportunidades para dedicarse al arte. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN DE VÍDEO

Al principio, ella no decía nada. Sin embargo, poco a poco se fue “posicionando públicamente” y de manera firme fue cortando ese tipo de comentarios.

“Si alguien hace ese tipo de chiste, yo digo: bueno, yo soy nicaragüense. A veces ni digo que soy tica”, comenta Santana Mora.

En la actualidad, asegura que su familia costarricense ya no hace comentarios en contra de los nicaragüenses.

Santana Mora ha visitado Nicaragua en algunas ocasiones, no solo a la ciudad de su padre, Rivas, donde Pedro Santana nació en la comunidad La Chocolata, sino que también ha viajado a otras ciudades, como Estelí. En Managua solo ha estado de paso.

Ella comprende la actualidad de Nicaragua, especialmente en el plano de la política, y ha visto el sufrimiento de los migrantes nicaragüenses, especialmente de las mujeres.

“Deseo profundamente que Nicaragua sea libre”, comentó.

Una pared contra las mujeres

Hurgando entre su árbol genealógico, Sheila Santana Mora descubrió que su abuela materna era una mujer que no le gustaba cocinar, sino que prefería trabajar en el campo, sembrando frijoles y cuidando los animales. Era una mujer de machete en mano para el trabajo.

El abuelo materno se habría casado con ella precisamente por ese motivo, porque era una mujer que le convenía para mantenerle “gordos” los animales.

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Descubriendo la historia de Guanacaste, Santa Mora también se enteró que en esa provincia costarricense ha habido poca oportunidad para que las mujeres se dediquen al arte.

En Guanacaste es muy popular el “sabanero” y hasta existe un museo sobre ellos. “El señor de las sabanas fue el que se desplazó habilidoso por los llanos y las montañas, experto lazador, vaquetero, montador insigne, arriador de interminables y solitarios caminos”, describe en un libro la historiadora costarricense Soledad Hernández.

A la derecha, en cuclillas, Sheila Santana junto a algunas de sus compañeras de labores. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
A la derecha, en cuclillas, Sheila Santana junto a algunas de sus compañeras de labores. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Esa figura del sabanero, muy incrustada en la tradición guanacasteca y de la que hay hasta cantos, le hace un contraste a Santana Mora con lo que se cuenta sobre la mujer guanacasteca, de la que principalmente se dice que estaba dedicada a la cocina y a la crianza de los hijos.

“Muchas mujeres (de Guanacaste, en el pasado) sacrificaron sus talentos, su desarrollo como mujeres, para que los hombres pudieran desarrollarse como cantautores guanacastecos, porque componían canciones picando el tabaco mientras sus mujeres velaban por 6 o 12 hijos”, indica la artista.

Ella misma sufrió esa “pared” para dedicarse al arte, porque cuando era niña tenía que terminar los oficios de la casa, como limpiar o lavar, antes de poder dedicarse a pintar un cuadro o escribir un poema, mientras su hermano sólo tenía que limpiar de hojas un patio y quedaba libre para lo que quisiera, comenta Santana Mora.

Ya de adulta, casada con un costarricense de nombre Alvin, y con un hijo de 9 años, llamado Itandalí, Santana Mora a veces se ha cuestionado si en vez de estar dibujando o pintando un cuadro no debería estar más bien lavando las docenas de ropa sucia que se acumulan en la casa, por ejemplo.

Sin embargo, Santana Mora indica que esa es la lucha que mantiene desde que estaba joven y hacía teatro comunitario en Guanacaste y que por ello se decidió a estudiar teatro, para hacer un mejor trabajo en pro del arte y de los derechos de las mujeres.

Tras salir de la universidad, se dio cuenta que la tarea no era fácil, pero se mantiene mezclando el arte con el activismo para promover los derechos de las mujeres al arte y también defenderles otros derechos, incluidas a las migrantes, muchas de ellas nicaragüenses.

La Prensa Domingo artista Costa Rica nicaragüense archivo

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