El policía costarricense Diego Ortiz, de padre nicaragüense, se recién jubiló debido a que hace cinco años sufrió un accidente de tránsito y sufrió varias lesiones. LA PRENSA/ CORTESÍA

La pesadilla de Diego Ortiz, el policía tico secuestrado por policías nicaragüenses

Unos policías nicaragüenses arrestaron en suelo costarricense a un policía de ese país. Estuvo preso en Nicaragua y fue acusado de un delito que no cometió.

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.
Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Diego Ortiz es costarricense, nacido y criado en Upala, pero su padre, Diego Arnulfo López Sánchez, era nicaragüense, oriundo de la isla de Ometepe, en Rivas.

Fue su padre quien lo impulsó, en 1995, a ingresar en las filas de la Seguridad Pública costarricense.

“Mi papá fue el que me instruyó en eso de ser policía. Llegó a Costa Rica en 1948 y era un agricultor humilde, pero trabajador y muy buen nicaragüense. No llevo sus apellidos porque él no me reconoció, pero él estuvo siempre con mi mamá, Elena del Socorro Ortiz Ortiz, costarricense. Nunca se separaron”, cuenta este expolicía.

En los 54 años que tiene, Ortiz nunca ha visitado a la patria de su padre por su propia voluntad, sino que, entre 2005 y 2006, estuvo cinco meses preso en San Carlos, Río San Juan, acusado por un delito que no cometió y tras haber sido detenido por policías nicaragüenses mientras cosechaba maíz en suelo costarricense, asegura.

Lea también: Los “grandes ligas” del nicaragüense Ricardo Juárez en La Carpio

“Fue una pesadilla porque yo no andaba delinquiendo. La persona que anda delinquiendo se prepara psicológicamente para caer preso en cualquier momento, o para que lo maten. Pero yo, siendo una persona honrada, dedicado a mi trabajo, a mi familia, al caerme una acusación tan fuerte y pesada, empecé a sentir que era una pesadilla que estaba viviendo”, recuerda Ortiz.

A Ortiz lo acusaron en aquel momento en Nicaragua de, siendo policía costarricense, haber detenido a otro policía, pero nicaragüense, en territorio nicaragüense.

Fue liberado después de que el juicio no prosperó porque la Fiscalía nicaragüense no se presentó al mismo y porque, en Costa Rica, fue liberado el policía nicaragüense del que se le acusó a él que había detenido.

Diego Ortiz, a la izquierda, siendo traslado por policías nicaragüenses a los juzgados de San Carlos, en Río San Juan, en el año 2005. A la derecha, cuando fue liberado y se reencontró con su familia, en febrero de 2006. LA PRENSA/ IMÁGENES TOMADAS DEL DIARIO COSTARRICENSE LA NACIÓN

Ortiz se jubiló prematuramente como policía el pasado 16 de mayo, por invalidez, tras haber sufrido un accidente de tránsito hace cinco años y después de 30 de haber servido a la Seguridad Pública costarricense como agente fronterizo, con honores.

La pesadilla que vivió en 2005 no pudo faltar entre los recuerdos de lo que fue su vida policial.

Sin embargo, Ortiz dice que ama a Nicaragua por ser la patria de su padre. No guarda ningún rencor hacia el país y, por el contrario, ahora que está liberado del peso del trabajo diario, y que disfruta de más tiempo para él y su familia, espera pronto poder visitar Ometepe.

Esta vez llegaría al país voluntariamente, y no por la fuerza.

Policía fronterizo

Desde que comenzó a servir en la Seguridad Pública costarricense, Ortiz fue asignado a la Policía de Frontera.

“Mi vida policial prácticamente fue frontera más que todo, en la zona de Upala. Es bien complejo trabajar en la frontera porque hay muchos movimientos, tanto de personas migrantes y no sólo nicaragüenses, sino personas que vienen de otros países buscando nueva vida. Es muy complicado porque ahí se ve de todo. El trasiego de alimentos, medicinas y un montón de cosas que ingresan de Nicaragua hacia Costa Rica”, indica Ortiz.

El costarricense recuerda que, antes de 2005, en la frontera había mucha hermandad y solidaridad entre los policías nicaragüenses y los costarricenses.

Incluso, el policía nicaragüense por el cual fue acusado, de nombre Victoriano Castillo Rojas, era como un hermano para él.

El policía nicaragüense Victoriano Castillo Rojas. LA PRENSA/ IMAGEN TOMADA DEL DIARIO COSTARRICENSE LA NACIÓN

“Nos pasábamos informaciones tanto de lo que venía de Nicaragua para Costa Rica, como lo que iba de Costa Rica para Nicaragua. Ellos hacían muy buen trabajo y nosotros hacíamos muy buen trabajo. Había una muy buena armonía en comunicación policíaca”, afirma Ortiz.

La hermandad no era sólo entre policías, sino también entre la población.

“Aquí, en la zona fronteriza con Nicaragua, la mayoría de los niños nicaragüenses, incluso hay hasta costarricenses que viven en la línea fronteriza de Nicaragua, pero ellos vienen acá a la escuela. Entonces, nos hemos quedado como una familia, no nos hemos visto como: ‘Vos sos de Nicaragua, yo soy costarricense’. Nos vemos como vecinos y buenos vecinos”, asegura Ortiz.

Hay zonas en la frontera que “uno no sabe si está en Nicaragua o está en Costa Rica”.

Lea también: Carlos Lara, la voz detrás de Carelara, el inseparable amigo de Aniceto Prieto

Antes de la pesadilla que vivió en 2005, Ortiz conoció a una comerciante de San Carlos, el poblado nicaragüense, que llegaba a vender ropa a Upala y fue muy importante para él cuando después cayó preso porque ella le sirvió como fiador para que lo dejaran bajo casa por cárcel durante el último mes que estuvo enjuiciado de los cinco que permaneció detenido.

La mujer estuvo dispuesta hasta a perder una propiedad, si Ortiz huía y evadía la justicia.

El origen del secuestro

Tres nicaragüenses que ya tenían residencia costarricense acusaron ante la Fiscalía de Upala, en septiembre de 2005, al policía nicaragüense Victoriano Castillo Rojas de, bajo engaño, haberlos detenido en territorio costarricense, en un pueblo de Upala que se llama Victoria, y llevarlos ante la Policía de San Carlos, Río San Juan, donde habían sido denunciados por abigeato.

Los tres nicas fueron liberados por la Policía de San Carlos después de haber pagado abogados y luego denunciaron a Castillo Rojas en Upala.

Posteriormente, Castillo Rojas fue detenido, pero —relata Ortiz— la Policía nicaragüense habría ideado capturar a un policía costarricense para lograr un canje por Castillo Rojas.

El 1 de octubre de 2005, el escogido fue Ortiz.

“Lo que hicieron fue un desquite o una forma de presionar al Gobierno de Costa Rica para que soltaran al policía nicaragüense y de esa forma luego me liberaran a mí”, indica Ortiz.

El secuestro

El día del secuestro, Ortiz, uno de sus hijos mayores, un cuñado suyo y un tractorista se encontraban cosechando en un maizal en territorio costarricense, cuando fueron apresados por policías nicaragüenses, afirma el hombre.

“Ellos (policías nicas) nos hicieron una emboscada. Nosotros teníamos que bajar una quebrada para pasar al otro lado de la quebrada, para coger la calle que ya viene para el pueblo donde yo vivo. Y ahí ellos estaban camuflados en la quebrada. Nosotros no los vimos, sino que de pronto nos salieron y nos encañonaron con armas AK-47, que eran los que andaban ellos”, narra Ortiz, quien ese día estaba libre y andaba vestido de civil.

—Man, esos son tus compañeros —le dijo el tractorista.

—No seas loco, nosotros no usamos AK-47. Son nicaragüenses, tienen el escudo de Nicaragua —respondió Ortiz.

—Ay, mirá, sí es cierto.

—Vamos a ver qué quieren.

Uno de los policías nicaragüenses les habló con enojo y les ordenó que se bajaran de la carreta en que iban.

“Yo no me sentí asustado, no me sentí nervioso, no sentí nada, nada más me dije: No va a pasar nada. Lo único que le dije al oficial jefe que andaba ahí fue: ¿Por qué nos detuvo en territorio costarricense? Y no me supo decir nada y con su carácter fuerte y todo, entonces yo lo que hice fue callar”, refiere Ortiz.

Ya jubilado, Ortiz fue despedido por algunos de sus compañeros con un pastel. LA PRENSA/ CORTESÍA

En el trayecto desde el maizal hasta San Carlos, Río San Juan, los policías fueron liberando a los acompañantes de Ortiz: su hijo, el cuñado y el tractorista. Sólo a él lo mantuvieron retenido.

En una panga lo llevaron por el río y luego en una patrulla a la estación policial de San Carlos, mientras le decían que sería deportado a Costa Rica, porque había entrado ilegal a Nicaragua. Todo a pesar de que Ortiz insistía en que él y sus acompañantes estaban en suelo tico cuando fueron apresados.

Ocho días después del secuestro, en vez de ser llevado a Migración para ser deportado, fue llevado a los juzgados y acusado de secuestro en perjuicio de Victoriano Castillo Rojas, ante el entonces juez de Audiencia de San Carlos, Lester García.

La pesadilla

Cuando llegó a los juzgados de San Carlos, Ortiz se llevó un gran susto al ver a “montones de periodistas”, tanto nicaragüenses como costarricenses.

“No le voy a mentir, me asusté mucho, sentí que las cosas se me estaban poniendo complicadas”, rememora Ortiz.

Se le acercó un defensor público nicaragüense, Edson Carvajal, recuerda que se llama, y le dijo:

—Vea yo soy el defensor suyo, yo lo voy a defender. ¿Usted sabe de qué se le acusa?

—No, señor, yo no sé de qué me acusan, ni tienen de qué acusarme, simplemente dicen que ingresé a Nicaragua, pero no es cierto.

—No hay problema. No se preocupe.

“Me pasaron a la sala donde hacen los juicios, y el señor, el licenciado, por más que me defendió… bueno, lo vi un excelente abogado en realidad, a pesar de que era defensor público. Y estaban dos fiscales, una fiscal y un fiscal, y el juez que estaba de turno. Dijeron que me iban a meter tres meses de prisión preventiva, y de verdad me los metieron. Y después de ahí empezó mi pesadilla”, explica ahora Ortiz a la Revista DOMINGO.

Ortiz con su esposa Yorlene, costarricense. LA PRENSA/ CORTESÍA

La esposa de Ortiz quiso contratar a unos abogados nicaragüenses, pero nadie quería llevar el caso, porque decían que sabían “lo que había detrás”. “No le voy a robar su dinero”, le dijo uno de ellos a la esposa de Ortiz, agregando que la libertad de Ortiz estaba “en lo que ocurriera en Costa Rica” con el policía nicaragüense Victoriano Castillo Rojas.

Lea también: El final de Orlando Ney, el llamado “hombre libre”

En los cuatro meses que estuvo preso, antes de quedar bajo casa por cárcel un mes, comió mal. Estuvo muy preocupado por su familia. Cuando su esposa lo visitó, le dijo que vendiera el carro de la familia para que comieran, pero no fue necesario porque los policías costarricenses, no sólo los de Upala, sino de toda Costa Rica, hicieron colecta para apoyar a la familia. Se sumó la población en general, hasta finqueros.

En el mes que estuvo bajo casa por cárcel, la comerciante rivense que se prestó para ser su fiadora, estuvo muy atenta a sus necesidades.

La libertad

Todo se solucionó cuando las autoridades costarricenses decidieron que había inconsistencias en la acusación en Upala en contra del policía nicaragüense Victoriano Castillo Rojas y lo dejaron libre.

“No puedo darle detalles de cómo sucedió, pero como que se le halló que no estaba muy fundamentada la acusación aquí en Costa Rica y a él lo pusieron en libertad. Pero, él no se fue para Nicaragua hasta que a mí me pusieron en libertad”, explica Ortiz.

La alegría de Ortiz fue enorme cuando el defensor, uno que era privado y ya no el público, le dijo: “Yo creo que te vas porque no se presentó la policía que te acusa ni se presentó el fiscal. Y yo creo que esto ya se terminó”.

Ortiz agrega: “Dicho y hecho. Llamó el señor juez, se sentó, yo me senté en la silla de los acusados como dicen y se sentó el defensor mío. Y tomó la palabra el señor juez, dio por iniciada la audiencia, llamó a los representantes de la policía, a la fiscal, no estaban, entonces él juez dijo que me ponía en libertad porque no habían sustentos suficientes para que me condenara. Sentí tanta alegría que lloré, no de tristeza sino de alegría”.

Cuando Ortiz fue puesto en libertad en Los Chiles, en Costa Rica, el ministro de Seguridad Pública costarricense ordenó que fuera llevado a San José, donde fue entrevistado por periodistas, pero antes tuvo la oportunidad de reunirse con el policía nicaragüense Victoriano Castillo Rojas, quien solo esperaba que el costarricense fuera liberado para él también retornar a Nicaragua.

«Nos abrazamos como buenos amigos, nos deseamos éxito y buena suerte a ambos que salimos de prisión, tanto él como yo. Él estaba alegre por verme en el aeropuerto Los Chiles de Costa Rica. Igual yo estaba alegre por él», recuerda Ortiz.

Fue hasta muchas horas después que logró llegar a su casa, para reunirse con su familia.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí