CONTENIDO EXCLUSIVO.
Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Orlando Ney era un campesino que a veces dejaba dudas en las personas que lo escuchaban porque no sabían si decía la verdad o no, como cuando relataba a sus hijas que una vez sus bueyes ya no querían jalar una carreta cargada con cuatro barriles de agua y él los quitó para jalar él la carreta.
En otra ocasión, recuerda su hija menor Jaqueline Ney Flores, dijo que se subió a un árbol de coco y después se fue cruzando a otros saltando.
“Yo me quedaba, ¿será cierto? Mi papá decía cosas increíbles”, recuerda Jaqueline Ney Flores.
No se trataba de que fuera mentiroso, sino que Ney era muy espontáneo al hablar, tanto que una vez pronunció una frase que lo hizo famoso en la Nicaragua que recién empezaba a ser gobernada por los sandinistas.
Ocurrió en 1981, cuando Ney vivía en la comarca Cedro Galán, en el kilómetro 12 de la Carretera Vieja a León, en la quinta Pita, ubicada dos kilómetros al sur de la carretera.
De joven, Ney se había dedicado a la carpintería y fabricaba arados, puertas, postes de cercos, yuntas de bueyes, entre otras obras de madera.
Sin embargo, a inicios de ese año 1981 estaba entregado enteramente a la agricultura y cultivaba unas tierras que no eran de él, sino que las cuidaba a cambio de que lo dejaran vivir en el lugar con su familia: su esposa Bertha Adilia Flores, sus hijas Mayra, Eneyda y Verónica, y su hijo Orlando. Jaqueline todavía no había nacido.
Lea también: Rosa Villacastín, escritora: “Mi abuela fue capaz de enfrentarse al mundo por amor a Rubén Darío”
Una tarde, Ney estaba trabajando la tierra cuando se le acercaron un periodista y un camarógrafo del Sistema Sandinista de Televisión (SSTV), que entonces controlaba los dos únicos canales de televisión que existían en el país, el 2 y el 6.
El periodista y el camarógrafo abordaron a Ney, pero entre ellos mediaba una cerca de alambre de púas, que separaba las tierras que Ney trabajaba de la vía pública. Cuando las imágenes salieron al aire, se podía observar el alambre de púas en la pantalla.

Con su sencillez, Ney fue contestando una a una las preguntas que le hicieron, pero llegó un momento en que se sintió cansado y, como en aquel momento había persecución política por parte del régimen sandinista, Ney dijo desesperado: “Si vienen a matarme, mátenme rápido”, según contó en junio de 2011, cuando la Revista DOMINGO lo visitó en su casa en Los Cedros.
“No compañero, no diga eso, si usted es de los nuestros”, le dijo el periodista, quien luego le preguntó: “¿No tiene usted problema en salir al aire?”
Fue entonces que la espontaneidad de Ney salió a flote y respondió: “No compañero, yo soy un hombre libre como la luz del día”. Ney explicó poco después que dijo eso porque él no le trabajaba a nadie, no tenía patrón, y por eso se sentía libre.
El periodista y el camarógrafo ya no le siguieron haciendo más preguntas.
“Las libritas”
Verónica Ney Flores, una de las hijas de Orlando Ney, tenía 14 años en 1981 y recuerda vívidamente cuando los vecinos de Cedro Galán las comenzaron a llamar, a ella y a sus hermanas, “las libritas”. Y a su papá le llamaban “el hombre libre”.
Al principio, no entendían el porqué, pues no tenían televisión, ni siquiera energía eléctrica, y por tanto no pudieron ver que Orlando Ney, después de la entrevista que concedió, comenzó a salir todas las tardes en la televisión sandinista.
En el Canal 6 se transmitía el Noticiero Sandinista y en la viñeta de entrada lo primero que salía era el rostro de Orlando Ney, detrás del alambrado de púas, diciendo: “Yo soy un hombre libre como la luz del día”.

Era una expresión significativa en aquellos días para los sandinistas, que pregonaban que habían liberado a Nicaragua de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Además, la lucha de ellos había estado inspirada en la guerra que, entre las décadas de 1920 y 1930, le hizo a la ocupación de Nicaragua por parte de los marines estadounidenses el guerrillero Augusto C. Sandino, quien era llamado “General de Hombres Libres”.
“Nos empezaron a decir las libritas y en la escuela no nos dejaban en paz. Yo estaba chavala y lo agarré como que estaban jugando con uno. Pero, mi papá sí se enojaba. Decía que lo veían a uno como payaso”, dice Verónica Ney Flores, entre risas, al recordar aquella época.
Aunque los vecinos y familiares le dijeron desde el principio que él salía en la televisión, fue hasta varios días después que Orlando Ney se vio en la viñeta del Noticiero Sandinista y comprendió el porqué a sus hijas les decían “las libritas” y a él “el hombre libre”.
Han pasado casi 40 años desde entonces, y Orlando Ney falleció en 2012, pero Verónica Ney Flores dice que todavía hay personas que les llaman “las libritas” y su hermana menor, Jaqueline Ney Flores, señala que la gente todavía les pregunta por “el hombre libre”.
La lucha de Orlando Ney
Pasaron tres años en los que Orlando Ney fue la imagen del Noticiero Sandinista, tiempo en que él acudía a los líderes del sandinismo en su zona para que lo dejaran de sacar, pues ya no aguantaba las burlas de los vecinos, algunos de los cuales pensaban que el sandinismo le pagaba buena cantidad de dinero por usar su imagen.
Lea también: Las siete maravillas de la arqueología y el arte de los indígenas antes de la llegada de los españoles
Era algo errado, pues Orlando Ney no percibía ni un córdoba por ello y tampoco había autorizado ser usado como propaganda.
Incluso, llegó varias veces a Canal 6, pero no le dieron respuesta.
Hasta un abogado se le ofreció para ayudarlo a presentar una demanda judicial en contra del SSTV.

En marzo de 1984, dos personas llegaron al Diario LA PRENSA diciendo que conocían dónde vivía “el hombre libre” y que su vida se había convertido en un calvario por las burlas que recibía por aparecer en la televisión sandinista, pues vivía en una zona donde la mayoría no comulgaban con el gobierno de entonces.
El entonces codirector del Diario, Pedro Joaquín Chamorro Barrios, envió al periodista Róger Alonso y a un fotógrafo para entrevistar a Orlando Ney y la noticia fue publicada el 20 de marzo de 1984, en primera plana.
Cuando salió la publicación en LA PRENSA, ya Orlando Ney había expresado la intención de presentar la demanda, por lo que había recibido la visita de la entonces Seguridad del Estado. “No presente esa demanda, si quiere seguir siendo el hombre libre”, le dijeron. Esa fue la única parte de la noticia de LA PRENSA que fue censurada por los sandinistas.
El acercamiento de los sandinistas
Para ese año de 1984, tenía un año Jaqueline, la última hija de Orlando Ney y su esposa Bertha Flores. “A mí me cuentan que yo estaba tiernita y la Revolución (sandinista) le daban (a su padre Orlando Ney) leche y pañales para mí”, dice Jaqueline.
Lo que ocurrió es que después que se publicó el reportaje en LA PRENSA, los sandinistas comenzaron a acercarse a Orlando Ney.
El personal de Canal 6 lo visitó y, en el mejor vehículo que había en el Canal, lo sacaron a pasear por Managua, pero eso no le gustó a Orlando Ney porque pensaba que lo sacaban para matarlo, dijo a la Revista DOMINGO en junio de 2011.
El Diario LA PRENSA le regaló un televisor blanco negro, porque él no tenía, pero hubo el inconveniente de que tampoco contaba con energía eléctrica en su vivienda.
Poco después, el Sistema Sandinista de Televisión le regaló otro televisor, a colores, y las autoridades sandinistas lo conectaron a la energía eléctrica.

Además, como Orlando Ney insistía en que lo borraran de la viñeta televisiva, en las oficinas del Canal 6 el funcionario de esa emisora televisiva, Orlando Castillo, leyó un acta que fue levantada por una de las secretarias del Canal, en la que alegaba que Orlando Ney sería quitado de la viñeta del Noticiero Sandinista, pero no de los corazones de quienes lo realizaban y que siempre estarían dispuestos a prestarle ayuda cuando la necesitara.
Lea también: Thomas Cranshaw, el “padrino” del futbol nicaragüense
Finalmente, como no contaba con tierras propias, los sandinistas le donaron a Orlando Ney un terreno de cuatro manzanas, cercano a las tierras que él cuidaba.
Esas tierras las trabajó y posteriormente las vendió, con lo cual le entregó una herencia de más de tres mil dólares a cada una de sus hijas y a su hijo de su mismo nombre.
Un “doloroso” final
Orlando Ney fue siempre, además de libre, un hombre “luchador”, afirma su hija Verónica Ney Flores.
Después que los sandinistas le donaron las tierras, las cultivó por varios años y, luego de venderlas, siguió sembrando en otras tierras. Trabajó hasta el final de sus días.
Su final fue “doloroso”, explican sus hijas. Enfermó de insuficiencia renal crónica y la nueva esposa que tuvo, Ángela Morales, lo llevaba donde curanderos, cuyas medicinas es probable que le hayan hecho más daño que bien, creen Verónica y Jaqueline Ney Flores.
Cuando lo llevaron al hospital, los doctores dijeron que ya era “muy tarde”. Lo desahuciaron.
“Gasté tantos riales hija, para nada, porque la doctora me dijo que me iba a morir, que no tengo cura”, le dijo Orlando Ney a Verónica.
Por último, se fue poniendo morado.

“Vayan donde las señoras de la comunidad, los CPC, vayan que les presten un toldo, busquen café porque yo me voy a morir. Díganle a Ulises (su sobrino) que me consiga la caja porque yo me voy a morir y yo no quiero que las agarre sin nada”, cuenta Jaqueline que decía su padre al final de sus días.
Orlando Ney falleció el 30 de agosto de 2012, en su casa. Horas antes de morir se tiraba al suelo pidiendo que le echaran algo helado en el cuerpo porque sentía que se estaba quemando.
En las comunidades de Cedro Galán y Los Cedros, sobre la Carretera Vieja a León, los dos lugares donde vivió la familia, todavía les dicen “las libritas” a las descendientes de Orlando Ney.
CONTENIDO EXCLUSIVO.