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El próximo 18 de enero se cumplen 158 años del nacimiento del poeta nicaragüense Rubén Darío, quien, aunque murió en Nicaragua, en febrero de 1916, los últimos años de vida los pasó en Europa, especialmente en España, donde conoció a su último amor, una joven de familia humilde, analfabeta, llamada Francisca Sánchez del Pozo.
No se pudo casar con ella porque ya estaba casado en Nicaragua con Rosario Emelina Murillo, pero procreó tres hijos con la española, aunque dos de ellos fallecieron a tierna edad.
La Revista DOMINGO quiso recordar a Darío conversando con Rosa Villacastín, autora de la novela La princesa Paca, que retrata la historia de amor entre su abuela, Francisca Sánchez del Pozo, y el poeta nicaragüense.
Villacastín, periodista y escritora, es nieta de Francisca Sánchez del Pozo, pero no de Darío, pues su madre, Carmen Villacastín Sánchez, nació producto del casamiento de Sánchez del Pozo con el español José Villacastín, ocurrido tras la muerte de Darío.
En esta entrevista, Villacastín relata cómo nació la novela y una posterior película del mismo nombre, así como también expresa la importancia de Darío en España, pero resalta la valentía de su abuela para enfrentarse a la sociedad de la época, la de inicios del siglo XX, para vivir su amor con Darío.
La periodista española, ya jubilada, ha estado dos veces en Nicaragua y lamenta que la patria de Darío esté viviendo nuevamente una dictadura, a pesar de que en su primera visita, en 1980, ella conoció un país esperanzado porque había derrocado a la dictadura somocista.
¿Logró conocer a su abuela?
Al nacer yo, la primera persona que me cogió en brazos fue mi Lala (Francisca Sánchez del Pozo). Con ella viví hasta que la ingresaron en el hospital, donde falleció debido a un cáncer. Antes de enfermar, por nuestra casa pasaron grandes escritores como (el peruano Mario) Vargas Llosa, (el colombiano Gabriel) García Márquez y muchos más.
¿Cómo era ella?
Francisca tenía un don especial: sencillez, amabilidad y un brillo en los ojos que cautivaban a la gente. Era más alta de lo habitual. Desde que murió su hijo Rubén Darío Sánchez, siempre vestía con un hábito marrón, un vestido muy sencillo que llevan algunas mujeres, muy católicas. No se lo quitó nunca. Tenía tres o cuatro, unos de más vestir y otros para diario. Nunca se maquilló. Ni se pintó siquiera los labios. Solo se lavaba y bañaba con un jabón Heno de Pravia, muy famoso en España. Tenía una belleza muy castellana, sin artilugios. La escritora y académica Carmen Conde dijo que a Francisca Sánchez no se la incluye en la lista escandalosa de las favoritas de los grandes hombres, ni entre los aventureros amores bohemios o literarios sino en esa zona única donde solo se piense en el corazón, en lo que ella llenó, humilde, y fielmente en la vida del poeta.
¿Cómo fue eso de que Darío le enseñó a leer?
En el Archivo Histórico Nacional (de España) hay un cuaderno de hule negro, donde el poeta le ponía deberes que ella copiaba mil veces. Durante el tiempo que vivieron en París aprendió francés, y a comportarse como una auténtica dama. En España, (la escritora) Emilia Pardo Bazán fue su amiga y protectora, quien le enseñó a comportarse socialmente, además de ser la madrina de Carmen (Darío Sánchez), su primera hija que murió al poco tiempo de nacer.
¿Cómo nació la idea de escribir La princesa Paca?
Mi primer trabajo fue en el Archivo Histórico Nacional. De allí pasé al Archivo Rubén Darío, situado en la Facultad de Letras de la Complutense, para catalogar los más de seis mil documentos que mi abuela donó al gobierno español en 1956. Fue así como empezó a apasionarme la historia de Francisca y Rubén. Ese trabajo terminó 10 años después, cuando ya me dediqué al periodismo.
¿Qué la motivó a escribir el libro?
Se lo debía a mi Lala. Ella fue mi guía, el espejo en el que me miraba cada día.
¿Y cómo se convirtió en una película?
La película se hizo porque la historia les fascinó después de leer el libro. Hablaron con TVE (televisión española) y aceptaron producirla. Los actores son magníficos. La presentación se hizo en el Ateneo de Madrid. Fueron casi todos los ministros y algunos embajadores. Todavía se puede ver en TVE. Cómo te decía antes, era algo que debía a mi abuela y a mi madre.
En la película se refleja el alcoholismo de Darío. Hay una escena bonita en la que su abuela baila mientras Darío escribe.
Sobre el alcoholismo de Darío, Francisca siempre lo negaba. Como a él le gustaba escribir de noche, ella se quedaba a su lado. A veces cuando a Rubén le iba venciendo el sueño, ella le cantaba canciones de su tierra, incluso se disfrazaba para despejarle.
¿Qué le llamó la atención de la relación de su abuela con Darío?
La época que una mujer sin estudios fuera capaz de enfrentarse al mundo, a la sociedad tan encorsetada en aquellos tiempos, por amor. Me marcó mucho.
Usted es nieta de Francisca Sánchez del Pozo, pero no de Darío, sino del segundo esposo de ella. ¿Qué nos puede contar de su abuelo?
A mi abuelo José Villacastín no le conocí. Ya había muerto. Solo sabía que fue un emprendedor.
Por lo que he leído, quería mucho a su abuela y respetó el recuerdo de ella sobre Darío.
Cómo estaría de enamorado de mi abuela que gastó toda su fortuna en recoger la obra de Darío en Hispanoamérica, para publicarla en Aguilar, ya que el dueño era muy amigo suyo. Villacastín era viudo y aportó dos hijas al matrimonio. Mi abuela a Rubén Darío Sánchez. De esa unión tuvieron a mi madre. Francisca tenía 52 años cuando nació Carmen, mi madre.
¿Qué significado tiene Rubén Darío en España?
A Rubén en España los intelectuales le respetaban mucho. De Unamuno, los Machado, Azorín, hay mucha correspondencia en el Archivo. Ellos le pusieron el Príncipe de las Letras. También desempeñó cargos diplomáticos representando a Nicaragua en España. Rubén, pese a no estar casado con Francisca, aunque intentó a través del Vaticano que le anularan el matrimonio con Rosario Murillo, siempre le dio a Francisca el lugar que le correspondía. Nunca la ocultó. Todo lo contrario.
Tengo entendido que usted ha estado en Nicaragua.
La primera vez que viajé a Nicaragua fue en enero de 1980. Me envió la revista Sábado Gráfico para que escribiera sobre el fenómeno sandinista. Viajé a Granada, a León, a Metapa (Ciudad Darío, Matagalpa). Estuve en algunos campamentos de mujeres.
¿Qué logró observar en aquel momento?
(Los nicaragüenses) habían puesto muchas esperanzas en la llegada de Ortega (Daniel, uno de los nueve comandantes sandinistas y el coordinador de la Junta de Gobierno). Lástima que nada de lo soñado se hiciera realidad.
Pero ha hecho otras visitas al país.
Volví en el 2016 a presentar mi libro. No tuve relación con el gobierno. Sí visité a Sergio Ramírez y a (Gioconda) Belli. El embajador de España me organizó algunos encuentros. Uno con un hijo de Ortega y su esposa, era el encargado de los medios. Me llevó a visitar algún colegio. Me sorprendió que todos los niños sabían poemas de Darío, que había estatuas de Rubén por todas partes y de mi abuela menciones especiales. La presentación fue en el Instituto de Cooperación, que estaba a reventar de gente. Incluso algunos del gobierno. Fue una estancia muy corta.
¿Algo que recuerde mucho de esa última visita?
Cuando la presentación del libro en Managua, el embajador de España me llevó a conocer a Ernesto Cardenal, ya muy viejecito, pero muy emotiva la entrevista.
¿Cómo la trató el poeta Cardenal?
Encantador. Nos hicimos fotos, pero en Madrid me robaron el (teléfono) móvil y las perdí. No sabes qué disgusto.
¿Y últimamente qué ha sabido de Nicaragua?
Lo que leo que está pasando, no me gusta. Me pregunto dónde han quedado los sueños de aquellos jóvenes que encandilaron al mundo.
¿Cómo le parece que haya dictadura nuevamente en Nicaragua?
Mucha preocupación. Si de algo sabemos los españoles es de dictaduras.
Plano personal
Rosa Villacastín nació el 2 de junio de 1947 en Ávila, España. Es nieta de Francisca Sánchez del Pozo, la última compañera de vida del poeta Rubén Darío, y de José Villacastín, recopilador de la obra del poeta.
Está casada, pero prefirió no tener hijos. “Somos dos hermanas y mi madre, que era muy conservadora, nos dijo, ‘si queréis hacer algo en la vida, no tengáis hijos porque no tendréis libertad’. Y es verdad”, dijo Villacastín recientemente al periódico español La Vanguardia.
En la vida no se arrepiente de nada, aunque sí le hubiera gustado dedicar más tiempo a sus padres, pero tenía que trabajar.
El bisabuelo de Villacastín era jardinero del rey de España. Fue en los jardines del Palacio que Rubén Darío conoció a la abuela de Villacastín, Francisca Sánchez del Pozo, apodada por los hermanos Machado como La princesa Paca.
Estudió Filosofía y Letras. Su carrera profesional comenzó en el diario Pueblo, donde trabajó entre 1971 y 1983 como periodista especializada en crónica parlamentaria y política. Sin embargo, a partir de 1989 se interesó por la llamada prensa rosa y, en 2024 se jubiló a la edad de 77 años siendo considerada “la emperatriz de la crónica rosa en España”.
Gracias a la profesión, se ha codeado con importantes personajes como Camila Parker y Carlos de Inglaterra y estuvo en la boda de la hija del rey Hassan II de Marruecos.
Escribió nueve libros, entre ellos La princesa Paca y, además, impartió numerosas conferencias sobre la mujer en universidades y asociaciones, así como sobre los cambios en los medios de comunicación. También es muy activa en la redes sociales, especialmente en X, antes Twitter.
Igualmente, ha recibido numerosos premios, entre ellos el Popular de Ávila, que le entregó el ya fallecido expresidente español Adolfo Suárez.
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