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¿Cuál es la situación actual de la pobreza en Nicaragua? La Cepal sigue usando datos de 2014

En 2014 el índice de pobreza general de Nicaragua superaba en 18.6 puntos porcentuales el promedio de América Latina y en 10.5 puntos porcentuales el de la pobreza extrema

A pesar de los compromisos asumidos, las acciones realizadas y las metas alcanzadas en las últimas tres décadas, América Latina y el Caribe siguen enfrentando grandes desafíos para erradicar la pobreza, el hambre y la desigualdad. En 1990, según la Cepal 212 millones de personas vivían en pobreza general, y 64 millones en pobreza extrema. El año pasado la pobreza general bajo, pero 170 millones de personas seguían bajo ese flagelo; y la pobreza extrema subió, y afectó a 66 millones. No se sabe cuántos de los afectados son nicaragüenses porque desde hace una década el país no reporta estos indicadores.

De todos los países de la región, solamente Nicaragua, Guatemala y Venezuela no reportan sus indicadores de pobreza de los últimos diez años. El último dato de Nicaragua reportado a la Cepal es de 2014 cuando estaba muy por encima de los promedios de la región.

Los países de América Latina y el Caribe impulsan un pacto mundial por el desarrollo social inclusivo, que garantice el incremento de la cooperación regional para combatir la pobreza y reducir las desigualdades.

Como parte de estos esfuerzos la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) divulgó un estudio que detalla que, al inicio de la década de los 90, en medio de la recuperación económica tras la década perdida, 212 millones de latinoamericanos que representaban el 51.2 por ciento de la población total de la región, es decir más de la mitad, se encontraban en situación de pobreza, medida por los ingresos que recibían.

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La segunda década perdida

En la década del 2000 el crecimiento económico relativamente sostenido, favorecido por el alza del precio de las materias primas, facilitó el incremento del gasto social y esto favoreció la erradicación de la pobreza. Aunque la crisis financiera de 2008 frenó estos esfuerzos, las políticas posteriores para superar esta crisis favorecieron los esfuerzos para reducir la pobreza.

En 2014 Latinoamérica registró los niveles más bajos de este flagelo, 161 millones de personas en pobreza general, que representaban el 27.7 por ciento de la población, y 45 millones, que equivalían al 7.8 por ciento, estaban en pobreza extrema. Pero a partir del 2020, cuando la pandemia de covid-19 azotó al mundo, comenzó lo que la Cepal llamó una segunda década perdida.

«La pobreza aumentó casi 3 puntos porcentuales, hasta llegar al nivel observado en 2008, y la pobreza extrema, algo menos de 2 puntos porcentuales, con lo que se situó en los niveles de los años noventa», dice el estudio América Latina y el Caribe a 30 años de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social: hacia un pacto mundial por el desarrollo social inclusivo, elaborado por la Cepal.

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La pobreza en Nicaragua

Pese a estos obstáculos, el organismo estima que los esfuerzos por erradicar este flagelo rindieron algunos frutos. En 2024 la incidencia de la pobreza general, medida por los ingresos, se situó en su nivel más bajo de las últimas tres décadas. 170 millones de latinoamericanos que representaban el 26.8 por ciento de la población total estaban en pobreza. Sin embargo, la pobreza extrema se mantuvo en niveles similares a los previos a la pandemia; 66 millones que representaron el 10.4 por ciento de la población latinoamericana estuvieron afectados por ella.

En el caso de Nicaragua, Guatemala y Venezuela el estudio refleja datos de 2014. De Nicaragua explica que la pobreza total medida por los ingresos que perciben las personas, bajó desde 65.1 por ciento en 2001 a 46.3 por ciento en 2014. Con respecto a la pobreza extrema menciona que en 2001 afectaba al 35.8 por ciento de la población y en 2014 bajó a 18.3 por ciento.

El estudio reconoce los avances significativos que registró, entre 2001 y 2014, la erradicación de la pobreza en Nicaragua. Sin embargo, también refleja que en ambos años, tanto la pobreza general como la extrema estaban en porcentajes superiores al promedio regional. En 2001, la incidencia de la pobreza general superaba en 21 puntos porcentuales el promedio latinoamericano; y la pobreza extrema en 23.6 puntos porcentuales.

En 2014, cuando Daniel Ortega ya acumulaba ocho años consecutivos en el poder y enarbolaba como uno de sus mayores triunfos la reducción de la pobreza, la pobrezas general superaba en 18.6 puntos porcentuales el promedio latinoamericano y la pobreza extrema en 10.5 puntos porcentuales.

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Lejos de cumplir los ODS

El estudio no explica por qué no cuentan con los datos de los últimos años de Nicaragua, Guatemala y Venezuela. Al resto de países les reconoce los avances, pero también les advierte que «pese a esta recuperación, la mayoría de los países de la región se hallan lejos de cumplir lo establecido en los compromisos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)».

Además, sostiene que los países de la región y del mundo enfrentan mayores desafíos para garantizar la sostenibilidad financiera de las políticas de desarrollo social inclusivo, y en consecuencia para avanzar en los compromisos establecidos en la Agenda 2030 y los invita a seguir esforzándose por cumplir las metas.

«Hay que tener presente que los períodos de crisis e incertidumbre no son nuevos para el mundo ni para la región y que, aunque el alto grado de interdependencia y conectividad actual entraña nuevos desafíos, hoy día la región dispone de más y mejores herramientas para enfrentar los impactos sociales de tales crisis», señala.

El estudio también resalta que pese a los avances, según el índice de Gini que mide la distribución de los ingresos, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo.

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Pobreza multidimensional

Debido a las profundas brechas entre países y regiones, ha tomado relevancia la medición multidimensional de la desigualdad; pues se reconoce que el bienestar de las personas no depende exclusivamente de los ingresos, sino también de otros factores como el acceso a vivienda, salud, educación, empleo y pensiones. No obstante, la Cepal admite que persisten los desafíos relacionados con la disponibilidad de datos para analizar las brechas.

Finalmente, el estudio de la Cepal dice que en los últimos años en América Latina y el Caribe la migración creció significativamente y se diversificó. Lo atribuye entre otras causas, a crisis económicas, conflictos políticos, situaciones de violencia, desastres y a la reunificación familiar.

Según el estudio, la migración conlleva efectos positivos y negativos para los países de origen y de destino. Beneficia a los de origen porque las remesas que envían dinamizan la economía, pero a cambio debe pagar un alto costo por la fuga de capacidades humanas. A los receptores los beneficia a través del trabajo y el consumo de los migrantes y del intercambio cultural que promueven. Sin embargo, los afecta por las presiones que generan sobre los servicios públicos. Además, los migrantes enfrentan discriminación y exclusión.

«En este contexto de creciente movilidad humana, es fundamental adoptar un enfoque de gestión de la migración basado en los derechos que garantice la protección social y la inclusión de los migrantes en todas las etapas del proceso migratorio», concluye el estudio.

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