¿Por qué no se une la oposición?

¿No son suficientes ocho años? De la rebelión de abril en 2018 al presente la oposición nicaragüense ha sido incapaz de unirse. Hoy está fragmentada en distintas agrupaciones de agrupaciones llamadas plataformas. Cada una de estas se crearon en el exilio con la intención de cobijar y unir distintas organizaciones, desde partidos políticos hasta una miríada de asociaciones de la sociedad civil. Pero han sido incapaces de unirse o aliarse entre sí.

Un mapa simplificado de estos conglomerados detecta seis plataformas. Enumeradas en forma aleatoria y dejando algunos grupos fuera, estas son: 1. Pude, con Ruta del Cambio de Félix Maradiaga y la Nicaraguan Freedom Coalition (que es a su vez una coalición) y otras. 2. Monteverde, con el partido CxL dirigido hoy por Juan Sebastián Chamorro, agrupaciones de la sociedad civil y Unab, dentro de la cual están los fundadores del MRS. 3. La Gran Confederación Opositora, creada por el padre Benito Martínez y que afirma cobijar a más de 40 organizaciones. Allí se encuentra el movimiento campesino de Medardo Mairena y personajes como Denis Martínez. 4. La Unión Republicana–Fuerza Democrática Nicaragüense (UR-FDN) coalición de siete organizaciones incluyendo la ex Resistencia Nicaragüense, Yatama, liberales del PLI y otras ramas, Partido Conservador y algunos social cristianos. 5. Vocería de Unidad, o el Partido Liberal de Álvaro Somoza, antes Nicaraguan Freedom Alliance, y 6. Todos somos Nicaragua, de Haydée Castillo.

Todas y cada una de ellas proclaman en voz alta su vocación de unidad. En todas sus reuniones o asambleas sobran los discursos aludiendo al deber patriótico de unirse. Pero lejos de hacerlo varias de dichas organizaciones son de creación reciente, anunciando la voluntad generalizada de montar tienda aparte.

La gran pregunta, de los nicaragüenses y la comunidad internacional, entonces es: ¿por qué no se unen? La repuesta podría ser una posible incompatibilidad entre visiones ideológicas distintas, o serias discrepancias sobre planes de gobierno, pero no. La mayoría de los líderes de todos estos sectores comparten en general los mismos principios. Todos afirman estar a favor de la democracia representativa y la libre empresa. La única diferencia entre algunos es que hay quienes consideran inaceptable unirse con gente de izquierda. Existen, obviamente, diferencias en cuanto estrategias y cuestiones menores, pero pocas que no sean conciliables a través del diálogo y la voluntad de caminar unidos, aunque no revueltos.

Si no es ideología o proyectos políticos dispares lo que divide a la oposición, ¿por qué han pasado tantos años sin que sus principales líderes se sienten en una mesa de diálogo, depongan sus diferencias y negocien el surgimiento de un directorio unido?

Una alternativa, por ejemplo, podría ser que cada una de las seis plataformas nombre dos representantes y estos doce constituyan un directorio unificado. Y si esta idea no es práctica habrá formas alternativas de forjar algo similar. Es cuestión de voluntad; de querer verdaderamente la unidad, aunque implique algunos sacrificios del ego personal u organizacional.

El gran y grave problema es que precisamente es esa voluntad la que parece ausente. La retórica abundante que lo niega puede ser muestra del esfuerzo por disimularlo. Grave. No solo porque esto ayuda a la dictadura y previene el apoyo internacional, sino porque sugiere serias debilidades en sus protagonistas. Entre ellas están el conocido individualismo, los grandes egos, las envidias —uno de los principales defectos del nicaragüense—; el ver con recelo al que nos puede superar o eclipsar, el afán de ser líder y no depender de nadie, el creerse mejor que los demás, el despreciar a los rivales con un espíritu hiper crítico.

Creo que un síndrome que resume gran parte del problema es que el nicaragüense prefiere ser cabeza de ratón y no cola de león. Sea cual sea la causa, no lograr la unidad es, de por sí, una crítica implícita a la calidad moral del liderazgo opositor y a su falta de patriotismo. Sólo unirse demostraría lo contrario. ¿Se logrará?

El autor es sociólogo e historiador, autor de En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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