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Antes de ir a rozar el monte en una parcela de San Miguelito, Río San Juan, el pequeño Dámaso Dávila Díaz corría con su machete en la cintura por los lodosos caminos del pueblo. Tenía 11 años y desde entonces le gustaba correr, pero lo hacía por diversión “como cualquier niño”.
“¡Muchachito, tené cuidado con ese machete!”, le gritaba alguna vecina cuando lo veía corriendo con el enorme objeto afilado. Afortunadamente, nunca le pasó nada. Desde las siete de la mañana se ponía a chapodar por 100 córdobas la tarea, que era la sexta parte de una manzana de tierra. Era el año 2008 y «Nani Díaz», con el apellido de su mamá como lo conocen en su pueblo, todavía no aspiraba a convertirse en corredor.
Le llaman Nani porque en su niñez, cuando jugaba futbol en las calles mal asfaltadas del pueblo, era muy flaco, moreno, de piernas largas y delgadas como tallarines, pero resistentes como un roble. De cabello corto varonil. Con ese aspecto físico era imposible que sus amigos y familiares no lo compararan con Nani, un futbolista portugués que para aquellos años se hizo famoso cuando jugaba en el Manchester United de Inglaterra.
El Nani de San Miguelito lo miraba por televisión y quería jugar como el Nani portugués. El jovencito aprovechaba la resistencia y velocidad que tenía para hacer jugadas parecidas.
Ahora, con 29 años, entre los corredores y atletas nicaragüenses lo conocen como “el Nani Díaz”. No se dedica al futbol, pero sí es el mejor maratonista de Nicaragua en la actualidad. Él no presume de ello porque es muy tímido para hacerlo. Es modesto y de pocas palabras.
“Ahorita yo tengo el mejor tiempo, pero vamos a ver cómo me va este año. Siempre confiando en Dios”, responde escuetamente cuando se le pregunta por sus marcas.

En este momento, Nani registra 33 minutos con 10 segundos en la carrera de 10 kilómetros; 1 hora con 12 minutos en medio maratón; y 2 horas con 26 minutos en el maratón completo. Este último registro es el que más se acerca entre los corredores activos al récord nacional de 2 horas con 20 que tiene William Aguirre desde 1990.
“Mi meta es romper el récord y estoy trabajando duro para bajar el tiempo”, señala Nani, quien además de ser maratonista es profesor de Educación Física en San Carlos, Río San Juan. También está al cuidado de su mamá, de 46 años, que padece una rara enfermedad que le provoca insomnio y la mantiene en cama con las defensas bajas.
“Por el trabajo me tuve que venir a alquilar a San Carlos, pero en los fines de semana me voy para San Miguelito porque tengo que cuidarla. Ahí estoy pendiente de ella con sus medicinas y eso”, detalla Nani.
De la bicicleta a la calle
Nani Díaz nació el 4 de febrero de 1996. Es el menor de tres hermanos criados en el seno de una familia de escasos recursos de San Miguelito, Río San Juan. Desde muy pequeño su vida empezaba temprano, a las 5:00 de la mañana, porque tenía que ir a chapodar las tierras de los finqueros del pueblo para ayudar a sostenerse a la familia.
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Aunque siempre ha sido tímido, cuenta, era un muy hiperactivo y le gustaba correr. También jugar beisbol, pero sobre todo futbol con sus hermanos y demás niños del pueblo. Estudiaba por las tardes y fue en el colegio, como parte de las asignaciones de la materia de Educación Física que empezó a correr.
“En ese entonces no quería ser competidor, solo me divertía corriendo”, relata. Un profesor vio talento en él y lo motivaba para competir en juegos escolares que se organizaban en el pueblo. “A mí me gustaba ganar y con eso me sentía bien, pero todavía seguía sin verme como corredor”.

Fue en 2016 cuando Nani ya estaba terminando la secundaria que llegaron a su pueblo unos reclutadores de jóvenes para que se dedicaran al triatlón. Esta es una disciplina que combina la bicicleta, la natación y la maratón. Los reclutadores le dijeron a Nani que tenía madera para ser atleta, así que decidió entrenar con ellos para convertirse en uno.
La fortaleza de Nani era correr, pero no sabía nadar ni era muy bueno con la bicicleta, así que tuvo que entrenar. Se despertaba a las 4:00 de la mañana para hacer ejercicio. Con el primer rayo de sol se metía en las aguas del lago Cocibolca para nadar y después de una hora en el agua, salía para hacer hasta 10 kilómetros en bicicleta y por último, 5 kilómetros más corriendo.
Todo eso lo hacía en poco más de 4 horas y fue mejorando sus tiempos hasta que estuvo listo para competir. Sus entrenadores incluso lo llevaron afuera del país. En su primera competencia de triatlón en Guatemala llegó en noveno lugar y en Honduras, quedó en tercero.
Pero el deporte no lo era todo. Nani tenía que sobrevivir, ayudar a su familia y pagarse sus suplementos deportivos, además de las inscripciones en las competencias y viajes cuando tenía que asistir a un torneo fuera del país. “En ese sentido (económico) el deporte en Nicaragua es bien duro”, señala.
Hasta que cumplió 18 años, Nani trabajó cortando monte en el campo. Después de hacer su rutina de natación, bicicleta y pista, el joven tenía que ir a rozar monte y por las tardes se iba al colegio. Esa fue su rutina hasta que se bachilleró.
Por las noches hacía sus tareas y al día siguiente, con el primer rayo de sol, volvía a las aguas del Cocibolca.
Cuando cumplió la mayoría de edad, dejó el campo y el machete para irse a trabajar en una empresa de productos lácteos. Su tarea era cocer el quesillo y así aprendió a fabricar este producto. “Quedaba rico. No me quedaba malo”, recuerda.

Maratón
Fue uno de los entrenadores guatemaltecos quien le recomendó a Nani que se quedara solamente con el maratón porque le veía mucho más futuro en ese deporte que en el triatlón. Además, que este último es mucho más caro.
Nani le hizo caso y en 2019 se dedicó solamente a correr. Desde entonces empezó a arrasar con las competencias de fondo a nivel nacional.
Corrió en dos ocasiones la carrera de Nindirí a Managua y ganó en ambas. También ganó el medio maratón de Granada y ha sido tres veces campeón de la Vuelta a Carazo, la competencia de maratón más prestigiosa del país en la actualidad.
Su último triunfo fue el pasado mes de julio, cuando ganó por cuarto año consecutivo la carrera llamada El Repliegue, que se hace entre Managua y Masaya.
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También, en febrero, fue el campeón del maratón de San José, Costa Rica, el de mayor prestigio de toda Centroamérica.
Sin embargo, el que recuerda con mayor orgullo es el maratón de Cartago, también realizado en el vecino país del sur el año pasado. Fue en ese en que estableció su marca personal de 2 horas con 26 minutos y ahora está enfocado en romper el récord vigente desde 1990.

Maestro
Además del deporte, Nani ha encontrado en la docencia una nueva pasión. “Me gusta mucho enseñarles a otros jóvenes lo que yo he aprendido porque el deporte me ha cambiado la vida y yo sé que se las puede cambiar a ellos”, relata.
En 2019, cuando se dedicó solamente al maratón, también terminó su universidad y decidió estudiar la carrera de Educación Física con el Instituto Nicaragüense de Deportes y la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), ahora llamada Universidad Nacional Politécnica (UNP).
Cada viernes por la noche viajaba a Managua para ir a clases sabatinas y se regresaba el mismo sábado por la noche. Durante las semanas trabajaba haciendo quesillos y entrenaba. Esa fue su rutina hasta el año 2023 cuando se graduó de la universidad y se convirtió en profesor.
Mientras entrena para romper el récord nacional, Nani también se prepara para clasificar en los Juegos Centroamericanos de Guatemala que se celebrarán en octubre. Si consigue una buena marca, clasificará a los Juegos Panamericanos de 2027, y posteriormente, a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
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