La defensora nicaragüense de derechos humanos Damaris Rostrán con su hijo adoptivo, el médico hondureño Fernando Ferrera. LA PRENSA/ CORTESÍA

Un médico de la Fuerza Aérea de EE. UU. con corazón nica y catracho

Hondureño de nacimiento y nicaragüense por crianza, Fernando Ferrera se integra a la Fuerza Aérea de Estados Unidos como cirujano ortopedista con el sueño de servir en países pobres como los suyos. Dice que su vocación nació del exilio y la solidaridad.

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Fernando Hiram Ferrera Flores es un médico ortopedista recién graduado de la Robert Wood Johnson Medical School (RWJMS), de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, que está a punto de asumir un nuevo rol: cirujano con rango de mayor en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

Ferrera es hondureño, hijo de la activista y escritora hondureña Leyda Flores, pero también se considera nicaragüense porque es hijo adoptivo de la defensora de derechos humanos nicaragüense Damaris Rostrán, quien tuvo que salir de Nicaragua hacia el exilio en Estados Unidos en el año 2003, debido a su orientación sexual. Flores y Rostrán fueron pareja durante muchos años y Rostrán ayudó a terminar de criar a Ferrera.

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El joven médico, quien también acaba de concluir una especialidad en Cirugía Ortopédica, este mes de agosto próximo iniciará siete años de servicios en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en la base militar Royal Airforce Lakenheath, en el Reino Unido. Actualmente, esta base inglesa sólo alberga a personal militar.

Ferrera con su madre biológica Leyda Flores, el día de su casamiento. LA PRENSA/ CORTESÍA

Ferrera, de 35 años, heredó de sus dos madres la inclinación por el servicio social y no es su intención servir en un país del primer mundo, sino que tiene la esperanza de que la Fuerza Aérea estadounidense en algún momento lo envíe a un país latinoamericano, donde pueda ayudar a personas con mayores necesidades que las que pueda tener alguien de un país desarrollado.

Su vocación nació en el dolor. Se fracturó una pierna practicando break dance cuando era adolescente. Fue la primera vez que se sintió fascinado por la Medicina. “Vi a un médico acomodando el hombro dislocado de alguien. Le hice preguntas. Me impactó”. Su abuela paterna también influenció su decisión: era enfermera y atendía gratis a personas que no podían pagar un médico.

“La medicina me ha apasionado, pero deseo viajar a países como los nuestros, Honduras, Nicaragua. Cuando estaba en la escuela de Medicina, hice un proyecto en el que trabajé en Colombia por un mes y medio, haciendo una práctica para descubrir cuáles son las barreras para que la gente obtenga el cuidado quirúrgico necesario en el tiempo que tiene que ser”, dice.

“Una de las razones por la cual me metí en la Fuerza Aérea es porque ellos tienen programas para ayudar con brigadas quirúrgicas en diferentes lugares del mundo”, comenta Ferrera a la Revista DOMINGO.

Un exilio sorpresa

La madre de Ferrera, Leyda Flores, se ha dedicado siempre a la actividad social a favor de las mujeres.

En Honduras, creó la Asociación Calidad de Vida para ayudar a las víctimas de violencia doméstica y de género. Y, cuando se exilió en Estados Unidos, continuó con la misma labor y también empezó a apoyar a la comunidad inmigrante en Nueva Jersey.

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“Mi mamá en Honduras tenía un refugio en el que protegía a mujeres víctimas de violencia doméstica. Hasta este momento, el refugio todavía existe. Este es el trabajo de mi mamá y por esa misma razón ella empezó a ser perseguida por maras en Honduras”, indica Ferrera.

Con su madre nicaragüense, Damaris Rostrán, y con su esposa. LA PRENSA/ CORTESÍA

La familia, compuesta por Ferrera, su madre y su hermana mayor, llegó a Estados Unidos en el año 2004, pero el joven no supo que se estaban exiliando porque su progenitora se lo ocultó. Le dijo que iban de vacaciones y fue hasta tiempo después que se vio obligada a decirle que no podían regresar a Honduras, cuando comenzaron a hacer los papeles con abogados para solicitar asilo político.

Con el tiempo, Ferrera supo que, debido a la labor de su madre, las maras en Honduras comenzaron a asediarla. Le enviaban mensajes con amenazas de muerte y, la gota que derramó el vaso fue que en una ocasión los mareros trataron de meterse en la casa. “Por suerte, nosotros no estábamos ahí”, explica el joven médico.

Enseñanzas de Damaris Rostrán

Fue al llegar al exilio que la nicaragüense Damaris Rostrán entró en la vida de Ferrera, pues inició una relación sentimental con Leyda Flores. Desde que Ferrera nació, sus padres se separaron y durante mucho tiempo no le conoció una pareja a su mamá, hasta que apareció en escena Rostrán.

“Cuando conocí a Damaris me di cuenta de que era algo serio porque yo nunca le había conocido una pareja a mi mamá”, cuenta Ferrera.

Al principio, la situación fue difícil porque para entonces Ferrera ya tenía 15 años y siempre había conocido una sola autoridad, la de su madre biológica.

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“Fue un poco difícil aprender a escuchar a otra persona. Pero, entre más crecí, más entendía a Damaris y le fui agarrando cariño. Damaris se volvió como mi mamá. Ella me inculcó valores que al principio no los veía importantes. Poco a poco, entendí las cosas que eran importantes y fuimos creando una relación de mamá e hijo y hasta el día de hoy ella sigue siendo mi mamá, aunque ahora mi madre y ella están separadas. Damaris se ganó un lugar en mi vida”, asegura Ferrera.

En las palabras de Rostrán, hay mucha reciprocidad en cuanto al cariño que le une a Ferrera.

“Mi hijo es un ser humano muy disciplinado. Le ha puesto mucho empeño a su carrera. Era su sueño desde niño ser médico y lo logró. Mi hijo es un gran ser humano. Una vez, cuando a Fernando lo aceptaron en la carrera de Medicina, una amiga escribió una carta en la que decía que él va a curar a los enfermos solo con su sonrisa, porque tiene una sonrisa bien linda”, dice Rostrán, agregando que ella y Flores hicieron “un buen trabajo” con él.

El médico Ferrera en acción. LA PRENSA/ CORTESÍA

El joven médico recuerda que el inicio del exilio fue muy duro porque todavía no tenían papeles en regla para, por ejemplo, obtener préstamos para financiar sus estudios u obtener otros beneficios legales.

La mayoría de los estudios, tanto los de la secundaria (High School) como los universitarios, fueron pagados con los recursos familiares, lo cual fue bastante pesado para la economía del hogar.

Aunque Flores y Rostrán siempre pagaron los estudios y la manutención de Ferrera, Flores le inculcó el amor por el trabajo a su hijo desde muy temprano, por lo que Ferrera trabajó en algunas tiendas en Estados Unidos, a la vez que estudiaba.

“Yo trabajaba desde que estaba en High School en una tienda de ropa. Y, cuando fui a la universidad, trabajé en otros lugares, en tiendas como Toys R Us o Walmart, moviendo cosas. Hubo un tiempo que me tocaba trabajar en la noche porque me tocaba ir a la escuela en los horarios regulares, entonces sólo podía trabajar de noche. Mi mamá siempre me inculcó trabajar, pero en realidad ella siempre me ha ayudado en todo lo que necesito. No voy a decir que yo trabajaba para vivir porque no es verdad. Mis mamás siempre me dieron lo que yo necesitaba”, indica Ferrera.

Muy difícil fue también el acceso a la universidad, en el sentido de que ni Flores ni Rostrán conocían bien el sistema educativo de los Estados Unidos.

“La mayoría de quienes estudian Medicina tienen a sus papás, que, aunque no hayan ido a la escuela de Medicina, conocen el sistema de educación en Estados Unidos y les podían ayudar. Pero, para mí era diferente porque tenía dos mamás educadas, pero no conocían el sistema de acá. Me tocó explorar y buscar oportunidades por mí mismo y entender cómo era la situación”, señala el ahora médico ortopedista.

Un nicaragüense más

En el año 2015, Ferrera viajó a Nicaragua para conocer a la familia de Rostrán, originaria de Tipitapa. En esa ocasión, estuvo dos semanas en el país, visitando Managua, Tipitapa, San Juan de la Plywood (en Tipitapa) y la playa de San Juan del Sur, en Rivas.

Como no podía ir a Honduras, porque aún no había conseguido la residencia en Estados Unidos y era aún asilado, se encontró en el país con uno de sus abuelos.

A Ferrera le encantó todo lo que vio en Nicaragua. En especial, recuerda que se sintió muy seguro en San Juan del Sur.

“San Juan del Sur es una hermosura. Yo estaba sorprendido de lo seguro que se sentía estar ahí. Me acuerdo de que, por lo menos la semana que estuvimos, nunca pasó nada, aunque anduviéramos a las 2:00 o 3:00 de la mañana caminando. Si vimos a uno o dos policías fue por mucho”, recuerda Ferrera.

Sin embargo, por las noticias y por lo que escucha decir a Rostrán, Ferrera sabe que las cosas han cambiado mucho en Nicaragua, incluido en la parte de la seguridad.

Fernando Hiram Ferrera. LA PRENSA/ CORTESÍA

“Sé que las cosas han cambiado mucho, ahora. Escucho a Damaris, que es una persona que le tiene un gran amor a su país. Así como le pone pasión a su trabajo, a su familia, cuando la escucho hablar de las cosas que afectan a Nicaragua también se le nota pasión por su país y la garra que pone para ayudar a su gente, aunque esté tan lejos de Nicaragua. Es parte de lo que ella me ha enseñado, lo que significa Nicaragua para ella y y también eso significa para mí”, manifiesta Ferrera.

Ferrera recién se casó con una estadounidense enfermera, a quien le inculca el amor por las tradiciones latinoamericanas, especialmente la comida.

“Mi mami siempre se ríe porque yo le digo que no más con tener frijoles yo sobrevivo en cualquier lado. Vivo en Erie, Pennsylvania, que es un lugar donde la cultura latina no es tan grande, o sea, hay bastantes puertorriqueños y creo que también mexicanos un poco, pero yo siempre ando buscando los lugares donde hay comida latina, aunque me toque manejar una hora. Mi esposa me pasa pidiendo que le haga frijoles con huevo, con chorizo. La estoy haciendo a ella que le agarre el sabor a la comida nica”, concluye diciendo Ferrera.

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