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En agosto de 2018, una joven matagalpina que participó en el tranque que se instaló en la entrada de la ciudad de Matagalpa durante las protestas de ese año, Sadie Tamara Rivas Siles, entonces de 18 años, se tuvo que ir al exilio en Costa Rica.
Su padre, Aníbal Martín Rivas Reed, de 61 años, un ex guerrillero sandinista en la lucha contra el dictador Anastasio Somoza Debayle y posteriormente miembro del ejército sandinista de la década de 1980, la acompañó hasta donde ella abordó el bus que la llevó a San José, la capital costarricense.
“Vas con bien, hija. Recordá que no vas a un exilio, vas a un país que te puede ofrecer las oportunidades que este (Nicaragua) no te está dando”, intentó darle ánimos, Rivas Reed a su hija.
Sin embargo, él estaba consciente de las circunstancias de su hija porque él mismo estuvo en el exilio en Costa Rica.
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De joven, él también se había rebelado frente a otra dictadura, la somocista. De hecho, toda la familia de Rivas Reed apoyó a los sandinistas en Matagalpa, tanto su madre Mirna Reed, como sus hermanos mayores, Sadie María y Bony Rivas Reed. En las redes circula una foto de Mirna Reed con sus hijos Sadie y Aníbal en el frente de guerra en Matagalpa durante la insurrección de 1979, portando las dos mujeres un fusil cada una.
Desde que su papá la subió al bus para que ella se fuera al exilio en 2018, Sadie Tamaria Rivas Siles no lo ha vuelto a ver. El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo le negó el pasaporte a su padre y por tanto no pudo viajar a Costa Rica para visitarla. Después, él ya no siguió insistiendo para obtener el documento de viaje.

Lo único que pudo hacer Rivas Reed fue recibir las llamadas vía WhatsApp de su hija, a veces en la madrugada, en las que ella le comunicaba la ansiedad que sufría en los primeros días de exilio.
“Él me decía cómo tenía que respirar, cómo relajarme, y cómo con la cabeza fría poder resolver cualquier problema. Siempre estuvo pendiente de mí todos estos siete años (desde 2018). De él, ni de mi mamá, nunca me ha faltado nada”, explica Sadie Tamara.
Sin embargo, las conversaciones con su padre se cancelaron el pasado 17 de mayo de 2025, cuando, cerca de la 1:50 de la tarde, oficiales de la dictadura, pertenecientes a la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional (DOEP) detuvieron a Rivas Reed sin presentar una orden de captura. Los uniformados allanaron la vivienda de Rivas Reed y se le llevaron todos sus documentos.
Una familia opositora
Aunque Rivas Reed fue guerrillero sandinista y luego combatió a los contras en la década de 1980, desde 1990 se había vuelto opositor a todos los abusos cometidos por el sandinismo, comentan su hija Sadie Tamara y su sobrina Tamara Dávila, la misma que fue prisionera política tras las protestas de 2018.
Rivas Reed se desencantó mucho con la forma en que los sandinistas trataron a los jóvenes del Servicio Militar obligatorio y especialmente después de La Piñata, la repartición de bienes que se autorecetaron los líderes del sandinismo entre la derrota electoral de 1990 y la entrega del poder a Violeta Barrios de Chamorro.

Incluso, estando en Cuba, a él lo expulsaron de la isla comunista porque le escucharon críticas al sandinismo, afirma su hija Sadie Tamara.
La madre de Rivas Reed, Mirna Reed, una mujer que fue guerrillera y apoyó en cuanto pudo al sandinismo, y que en los años ochenta dirigió centros de acopio de café para respaldar a la revolución, también estaba desencantada con el sandinismo, especialmente después que Daniel Ortega, Tomás Borge y otras autoridades del entonces Ministerio del Interior (Mint) se comportaron de manera muy ingrata con su hijo Bony Rivas Reed, quien llegó al punto de quitarse la vida por causa de ello.
En los años ochenta, Bony Rivas Reed era capitán de la Policía, fundador del Ministerio del Interior y jefe de Personal y Cuadros en Plaza el Sol, y, cuando conducía un vehículo en el que viajaba junto a su compañera de vida y sus sobrinos, los escoltas de Daniel Ortega le dispararon alegando que le habían dado el alto y él no se detuvo.
Producto de que recibió dos balazos, por la espalda, uno a cada lado de la columna, Bony Rivas Reed casi murió desangrado porque los escoltas de Ortega no lo atendieron. Después, y a pesar de que estuvo en coma tres meses, los subordinados de Tomás Borge le dieron de baja por correo y tampoco le pagaron prestaciones ni le asignaron una pensión.
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Su hermana mayor, Sadie María Rivas Reed, también se opuso a los líderes sandinistas en la década de 1990, a pesar de que fue guerrillera junto con su hermano Bony en la lucha contra Somoza, en lo que en Matagalpa se conoció como La insurrección de los niños, en agosto de 1978.
Sadie María, que era la madre biológica de la ahora excarcelada política Tamara Dávila, en sus últimos años de vida era feminista, pero falleció en un accidente de tránsito en 1999.
Represalia contra exmilitares
Los familiares de Aníbal Rivas Reed tienen claro que su detención es producto del régimen de terror que los Ortega Murillo vienen imponiendo entre los nicaragüenses desde 2018 e incluso antes, pero no pueden explicar una razón exacta.
La detención de Rivas Reed se produjo en los mismos días que también fueron capturadas otras 14 personas opositoras en el norte del país, entre ellos exmilitares, exalcaldes y concejales de partidos de oposición disueltos por la dictadura.
Uno de los primeros fue el general en retiro Álvaro Baltodano, quien durante mucho tiempo fue funcionario de la dictadura como asesor en el tema de las zonas francas.
Un militar en retiro, que pidió anonimato, indicó a la Revista DOMINGO que Baltodano y otros militares en retiro se comunicaban a través de un grupo de WhatsApp en el que comentaban la situación del país, pero nunca llegaron a planear algo contra el régimen, sino que hacían comentarios aislados. “A lo más que pudieron llegar es llamar loca a Rosario”, indica la fuente.

En el caso particular de Baltodano, agrega la fuente, él era cercano a Ortega, pero no a Rosario Murillo. “Ya Ortega no da la cara por su gente”, lamenta el militar en retiro, agregando que, en el caso de Aníbal Rivas Reed, es probable que haya “agarrado terminación por lo de Álvaro Baltodano”, ya que Rivas Reed fue capturado dos días después que Baltodano.
Tamara Dávila no está seguro de que su tío haya sido delatado por los militares que vigilan a los que ya están retirados, o que haya “agarrado terminación” por lo de Baltodano, pero considera que es un relato “creíble”. Además, indica Dávila, es probable que su tío haya tenido pláticas con otros militares en retiro porque él salía, como lo hacen muchos otros matagalpinos, a “echarse sus tragos” con amigos.
Lo que sí es seguro, manifiesta su hija Sadie Tamara Rivas Siles, es que su padre es conocido como opositor porque también ha formado parte de un grupo de militares en retiro que han reclamado que se les reconozca una pensión y otros derechos a militares retirados, que pelearon contra los contras en los ochenta, y que están en el abandono, algunos de los cuales ya murieron en esas circunstancias.
Un hombre enfermo
Tras salir del ejército, Aníbal Rivas Reed se dedicó a la agricultura, en una finca que tiene en Matagalpa, sembrando papa, zanahoria, lechuga y otras hortalizas. De vez en cuando, como tenía la Green Card, viajaba a Estados Unidos para trabajar en la construcción.
A inicios de la década del 2000, entre los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, Rivas Reed tuvo la oportunidad de regresar al ejército, pero como civil, trabajando en la Dirección de Información para la Defensa (DID), asignado en el departamento de Matagalpa, especialmente tratando de detectar actividades del narcotráfico y delitos similares.
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Sin embargo, no estuvo mucho tiempo en ese trabajo y regresó a la agricultura.
Para el año 2006, cuando Daniel Ortega regresó al poder, Rivas Reed ya no viajaba a Estados Unidos y laboraba menos en la agricultura debido a que le diagnosticaron una artritis degenerativa. “Le costaba mucho caminar y tenía muchos dolores en los huesos”, comenta su sobrina Tamara Dávila.
En el 2018, especialmente por apoyar a sus hijos, participó en las protestas. “No había una marcha en la que él no participara”, dice su hija Sadie Tamara.

Junto a otros padres que tuvieron experiencia en la guerra contra Somoza, Rivas Reed les llevaba comida a los jóvenes que estaban en los tranques y les aconsejaba cómo protegerse de las balas.
Sin embargo, Rivas Reed ya no se inmiscuía en política de forma organizada. Desde 2018, cuando su hija salió al exilio, y luego también lo hicieron sus hijos varones, el exmilitar se mantuvo recluido en su casa. Solo salía a hacer compras, a conversar con algún amigo o a otras diligencias menores.
Por eso, su familia considera que su detención puede ser producto de la paranoia de los dictadores y del régimen de terror que han implantado en Nicaragua.
Rivas Reed solo una vez ha recibido visita, 42 días después de haber sido detenido, y por eso su familia sabe que está condenado a 50 años de cárcel en la cárcel Modelo de Tipitapa, aislado. Por la descripción de la celda que dio, suponen que está en El Infiernillo. Pero, no tienen más información.
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