El sacerdote Rafael Aragón, nacido en España, pero nacionalizado nicaragüense, no puede entrar a Nicaragua por órdenes de los Ortega Murillo. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Rafael Aragón, sacerdote exiliado: “Quiero ser enterrado en San Judas”

Nació en España, en el mismo pueblo que Santo Domingo de Guzmán, conoció a los guerrilleros sandinistas del Frente Sur, se nacionalizó nicaragüense y hoy critica los ataques de los Ortega Murillo a la Iglesia.

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El sacerdote dominico Rafael Aragón Marina, quien recientemente afirmó en Costa Rica que Rosario Murillo “toca a Dios con las manos manchadas de sangre”, nació en Caleruega, un pueblo de Burgos, España, en 1950, pero se nacionalizó nicaragüense en 1990, después de vivir en el país desde febrero de 1979.

“Yo soy un español nacido en el pueblo donde nació Santo Domingo de Guzmán, a cuadra y media al norte, en la lógica de las señas de los nicaragüenses”, explica el padre Aragón.

En Caleruega todo está relacionado con Santo Domingo de Guzmán y, tal vez influenciado por la religiosidad existente en ese pueblo de corte medieval, Aragón Marina desde niño quiso ser sacerdote.

Para cuando se ordenó como presbítero, en 1976, ya estaba consciente de que España tenía curas y monjas en exceso y decidió trasladarse a Latinoamérica, impulsado también porque quería salir de un país que había estado dominado por la dictadura de Francisco Franco desde 1939.

Animado por un amigo sacerdote costarricense, quien le hablaba de que en Costa Rica viviría “una experiencia de vida religiosa” trabajando en favor de los pobres, decidió llegar a este país centroamericano y fue asignado al poco tiempo a la parroquia Santa Cruz de Guanacaste, relativamente cerca de la frontera con Nicaragua.

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Ahí entró en contacto con el sandinismo, que para la época luchaba con las armas para derrocar al dictador Anastasio Somoza Debayle.

En alguna ocasión vio, por ejemplo, a Edén Pastora. Y al padre Gaspar García Laviana, también español, quien en 1977 abandonó la sotana para integrarse a la guerrilla del Frente Sandinista (FSLN).

Aragón no tenía vocación para las armas, explica a la Revista DOMINGO, pero le llamó la atención Nicaragua y, junto con otros dos sacerdotes dominicos llegó al país a inicios de 1979, poco antes de que los sandinistas iniciaran una ofensiva final contra el régimen somocista.

En la parroquia de Monseñor Lezcano en Managua, la misma donde está la estatua del otrora obispo de la capital, Aragón y sus compañeros sacerdotes refugiaron a la población que huía de las balas que salían de los fusiles tanto de la Guardia Nacional como de los guerrilleros sandinistas.

Él mismo casi murió en junio de 1979, cuando intentaba acarrear agua para más de 60 niños que estaban albergados en la iglesia de Monseñor Lezcano y la Guardia lo encañonó en una calle que está frente al parque La Menem. Un capellán de la Guardia, Tacho Bonilla, medió para que los guardias no lo acribillaran. Fue una de las varias ocasiones en que estuvo en riesgo de muerte.

Aragón es un enamorado de la llamada Teología de la Liberación, que a algunos todavía los pone “nerviosos”, pero, para él, sólo es el “análisis de la realidad, desde la reflexión cristiana”, para adquirir compromisos con los más necesitados.

El padre Aragón en su exilio en Costa Rica. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

En los años ochenta, tras la llegada al poder de los sandinistas, el padre Aragón se quedó definitivamente en Nicaragua hasta el año 2019, cuando la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo le negó la entrada al país después que debió salir por unos días a España.

Hoy, como miles de nicaragüenses, el padre Aragón está exiliado en Costa Rica.

Para él, Daniel Ortega es alguien que pudo ser un buen líder, pues en la década de 1990, tras perder el poder los sandinistas, tuvo la oportunidad de articular a los movimientos sociales para el bien de los pobres.

En cambio, asegura Aragón, Ortega optó por un proyecto político “para tomar el poder”, lo que hoy lo tiene convertido en dictador.

Sobre Rosario Murillo, Aragón señala que se trata de una persona que pretende erradicar a la Iglesia católica tradicional y suplantarla con la religiosidad popular, tomando elementos de la cosmovisión indígena, en un sincretismo religioso que no sea dominado por los sacerdotes, sino por ella.

El pueblo de Domingo de Guzmán

Se puede decir que los padres de Domingo de Guzmán, Félix de Guzmán y Juana de Aza, miembros de la nobleza de Castilla, son fundadores del pueblo de Caleruega, allá por el siglo XI.

Como Santo Domingo de Guzmán y sus hermanos fueron sacerdotes, no tuvieron hijos, por lo que nadie heredó las tierras de los Guzmán, por lo que el rey Alfonso X entregó las propiedades a la congregación de monjas que había fundado Santo Domingo en Osma, a unos 80 kilómetros de Caleruega.

Las monjas se trasladaron a Caleruega y levantaron un gran monasterio, cuenta el padre Aragón.

Sin embargo, las monjas fueron expropiadas en el siglo XIX y así nació el pueblo civil de Caleruega, donde nació Aragón en 1950, a una cuadra y media de donde nació el santo, que en la actualidad es el santo patrono de facto de los managuas, porque oficialmente es Santiago.

Caleruega es un pueblo de campesinos y, cuando Aragón era un niño, ya se veía cierto desarrollo en las herramientas de trabajo, pero todavía se labraba la tierra con “arados romanos”, un sistema bastante arcaico.

“La primera vez que subí a un carro fue hasta que tuve 7 años. Y vi el tren cuando me fui al colegio con 14 años. Yo no conocía una ciudad. Para conocer una pequeña ciudad, que está a 24 kilómetros (de Caleruega), tenía que bajar a vender los cerdos que criaba mi familia, o a vender la remolacha que cultivábamos”, afirma Aragón.

El pueblo de Caleruega, en Burgos, España. LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET

Era ya la época del dictador Francisco Franco y no había oportunidades de estudio en los pueblos. Cuando el joven llegaba a los 14 años, ya no podía avanzar más en los estudios y tenía que dedicarse al campo, ayudando a sus padres en labores agrícolas.

En Caleruega, que para entonces tendría unos 1,200 habitantes, había dos conventos, ambos de la orden de los dominicos, la congregación fundada por Santo Domingo de Guzmán.

De hecho, todas las festividades del pueblo están relacionadas aún con el santo y desde pequeño Aragón se sintió atraído por lo religioso y deseaba ser un cura. “Toda mi vida quise ser sacerdote. A los 7 años ya era monaguillo. Siempre me gustó mucho lo religioso”, dice Aragón.

Los padres de Aragón, Felicia Marina y Rafael Aragón, se opusieron cuando, a los 13 años, les dijo que deseaba ir al seminario menor de los dominicos para estudiar para sacerdote, pues era el único hijo varón de la familia, se le necesitaba para las labores del campo y, además, se iba a perder el apellido. Su padre estaba enfermo en esos días, también.

“Me impulsé y me fui (al seminario menor) contra la voluntad de mis padres”, indica Aragón.

Una formación muy rígida

En el seminario al que asistió Aragón, en León, a unos 300 kilómetros de Caleruega, había 500 jóvenes preparándose para ser curas, aunque había algunos que no tenían verdadero interés en el sacerdocio, sino que usaban el seminario como una oportunidad para estudiar.

El régimen era casi militar, muy rígido.

“Nos levantábamos a las 7:00 de la mañana y teníamos que lavarnos. Había misa todos los días. Después, a hacer la limpieza de la habitación donde dormíamos. Teníamos desayuno y después del desayuno la primera clase. Después de las 11:00 (de la mañana) era silencio absoluto. No podías hablar con nadie. A las 6:00 (de la tarde) la merienda, luego la última clase y todo en silencio absoluto”, recuerda Aragón.

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Había tiempo de deportes, pero a Aragón no le gustaba ninguno. “El único gol que metí en seis años, y que tenía que jugar al fútbol una vez por semana, fue en mi propia portería”, recuerda el cura, entre risas.

La formación era tan rígida que ni siquiera les permitían ir a la casa de sus padres en época de Navidad, pero, por aquellos años, en la década de 1960, hubo una transición de la Iglesia a través del Concilio Vaticano II y muchas cosas cambiaron.

El dictador español Francisco Franco. LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET

En el seminario, los cambios se notaron en que les permitieron vacaciones navideñas, pero, especialmente, en que tenían la oportunidad de decidir, en cualquier momento del proceso de formación, si deseaban o no formarse finalmente como sacerdotes, pues, antes, el que entraba al seminario tenía que formarse como cura sí o sí. No tenía otra opción.

Además, a los estudiantes les permitieron que se relacionaran con la sociedad, ya que anteriormente no tenían oportunidad de relacionarse ni con las monjas o aspirantes a monjas.

“Creo que fue (el papa) Juan XXIII el que propuso que los seminaristas debíamos tener más relaciones con la sociedad y con la familia. Cuando nos lo anunciaron, estuvimos 10 minutos dando un grito de felicidad”, dice Aragón.

El traslado a Costa Rica

Aragón fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1976, en su pueblo Caleruega, y dos meses después se trasladó a Costa Rica, adonde llegó advertido de que no se mezclara mucho con los sacerdotes dominicos que estaban en San José, en la parroquia porque eran “franquistas”, es decir, simpatizaban con el dictador español Francisco Franco.

En San Pedro de Montes de Oca sólo estuvo seis meses y luego fue asignado a la parroquia de Santa Cruz, en Guanacaste, que era una parroquia, lo supo después, muy parecida a las de Nicaragua. Luego, también atendió la parroquia de Filadelfia.

Fue en esta zona donde entró en contacto con el sandinismo, cuando acudió a presenciar una obra de teatro.

A partir de entonces, conoció a varios guerrilleros destacados del sandinismo, entre ellos Edén Pastora y el padre Gaspar García Laviana, español como él, pero de Asturias.

Por ejemplo, en la zona donde él estaba había unas monjas colombianas que desayunaban con Edén Pastora y una vez el obispo de la diócesis llegó a verlas. Pastora se tuvo que esconder debajo de la cama de las monjas y ahí estuvo toda la mañana, pues no se podía dejar ver de nadie.

Sin embargo, recuerda Aragón, en la práctica, el gobierno costarricense apoyaba a los sandinistas, pues retiraba a la policía rural, de Liberia hasta la frontera, para que los sandinistas actuaran libremente, se movilizaran y entraran a Nicaragua.

El padre Gaspar García Laviana. LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET

Aragón recuerda que en una ocasión hubo una campaña fuerte para que se nacionalizara como costarricense una finca de Anastasio Somoza Debayle, llamada el Murciélago, y él estuvo cuando la finca fue nacionalizada finalmente.

Se trataba de una finca ubicada a 20 kilómetros de la frontera con Nicaragua y la que Somoza sobrevolaba en helicóptero, pues tenía ahí caña sembrada, cerca de una población llamada la Guinea.

El padre Gaspar García Laviana lo visitaba en la parroquia Filadelfia. García Laviana había sido sacerdote en San Juan del Sur y en Tola, en Rivas, pero en 1977 publicó una carta anunciando que se unía a la guerrilla del FSLN, específicamente con los terceristas, liderados por Daniel y Humberto Ortega Saavedra, así como por el mexicano Víctor Tirado.

“Lo conocí, pero tuve poca relación con él. Yo entonces estaba de párroco en Filadelfia y Gaspar llegaba en las noches y me pedía: ‘Déjanos tu camioneta. Dejas la llave, en la noche sacamos la camioneta y dejamos un carro con la llave si lo necesitas. Y en la mañana vas a encontrar las cosas como están’. Eso me lo pedía Gaspar para trasladar las armas de Costa Rica a la frontera, al Frente Sur”, explica Aragón.

En una ocasión, el padre García Laviana le dijo a Aragón: “¿Por qué no te vienes con nosotros?” Aragón respondió: “Las armas no son mi vocación”.

Según Aragón, García Laviana tenía un corazón muy noble y era un gran idealista.

“Se metió bastante en lo que vivió en San Juan del Sur, donde había prostitución y todo estaba en manos de la Guardia Nacional. Toda esa corrupción de la Guardia Nacional y de Somoza le llegó al alma. Y los campesinos y todo eso”, indica Aragón.

En la parroquia de Monseñor Lezcano

En la Navidad de 1978, a Costa Rica llegaron dos amigos del padre Aragón, sacerdotes también, y hablaron de que deseaban hacerse cargo de una parroquia administrada por los tres y se decidieron por la de Monseñor Lezcano, en Managua, Nicaragua.

Los dos amigos viajaron a Nicaragua el 10 de enero de 1979, cuando se cumplió un año del asesinato del director de LA PRENSA, Pedro Joaquín Chamorro, pero Aragón se quedó unos días más en Costa Rica porque debió operarse de las cuerdas vocales, pues le salieron unos nódulos de “tanto predicar”, asegura Aragón. Llegó al país hasta en febrero de 1979.

En Monseñor Lezcano, los tres sacerdotes se organizaron por zonas y convocaron a la feligresía para realizar actividades religiosas por las noches, en casas particulares. Pero la Guardia los vigilaba y las reuniones cesaron al finalizar el mes de mayo, cuando ya habían organizado algunas comunidades eclesiales de base.

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Monseñor Miguel Obando ordenó que, en la Semana Santa de ese año 1979, no se celebraran misas en las parroquias, sino que se hizo una sola en un estadio que estaba en la Universidad Centroamericana (UCA).

Fue en esa misa, a la que acudieron unas 20 mil personas, asegura Aragón, en la que él y sus dos amigos conocieron a Obando, quien les indicó que había cinco sacerdotes en Monseñor Lezcano y él necesitaba uno en el barrio San Judas.

El padre Aragón posa en su casa, en Costa Rica. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Aragón fue entonces asignado a San Judas, a cuya parroquia sólo llegaba a celebrar misa, pues continuó residiendo en Monseñor Lezcano.

Según Aragón, en esos días se reunieron en el Seminario Mayor un grupo de religiosos, religiosas y laicos, coordinados por los sacerdotes Uriel Molina y Álvaro Argüello, de la UCA, así como por otros dos jesuitas, y emitieron un documento que mostraron a los obispos de la Conferencia Episcopal.

Al final, todos los obispos firmaron el documento y se trató de la “única carta pastoral firmada por los obispos católicos legitimando la insurrección armada” contra Somoza.

La carta la leyó después Rosario Murillo en la radio Sandino, que operaba desde Costa Rica, en una hacienda del expresidente costarricense Pepe Figueres, el 3 de junio, asegura Aragón.

En Monseñor Lezcano, los combates iniciaron el 10 de junio, un domingo, en el que Aragón no pudo celebrar misa en San Judas ni en Monseñor Lezcano. Intentó llegar a la parroquia de San Judas, pero no pudo y se regresó por la cuesta de Las Piedrecitas hasta llegar a Monseñor Lezcano.

En la tarde de ese 10 de junio, empezó la gente a convocarse en Monseñor Lezcano y un francotirador de la Guardia mató a la primera víctima de los combates.

Al día siguiente, la Guardia llegó hasta la Estatua de Monseñor Lezcano y se inició una balacera con los sandinistas.

Los sacerdotes dejaron que la gente se refugiara en la iglesia, a pesar de que la Guardia entraba a revisar a los jóvenes, para ver si tenían chimaduras en las rodillas, lo que para los guardias era sinónimo de que luchaban junto a los sandinistas.

“Hubo 12 heridos (refugiados dentro de la iglesia) y en las noches nacían los chavalitos en el despacho parroquial. Nacieron cuatro chavalitos, uno muerto y está enterrado en la Estatua de Monseñor Lezcano. Mi compañero (sacerdote) José Antonio atendía a las parturientas”, recuerda Aragón.

Al transcurrir de los días, se fueron quedando sin agua y fue cuando Aragón salió en sotana a buscar agua, pero los guardias lo iban a matar en la calle.

Las cosas se tornaron insostenibles en la iglesia de Monseñor Lezcano y los sacerdotes hicieron que los refugiados formaran una sola fila y los llevaron al Seminario Mayor, donde había mayor seguridad.

Al poco tiempo, la Guardia bombardeó la iglesia de Monseñor Lezcano, pero ya no había gente en la misma.

Exiliado

El padre Rafael Aragón, hoy nacionalizado nicaragüense, no puede entrar al país porque tenía una emisora en Chinandega, Radio Veritas, desde la cual se criticó la masacre de los Ortega Murillo en el 2018.

En el 2019, el padre Aragón se cansó del asedio del régimen Ortega Murillo y se fue a España, pero, cuando quiso regresar, la dictadura le negó la entrada al país y se tuvo que exiliar en Costa Rica.

Él todavía tiene la esperanza de que la dictadura caiga y pueda regresar a Nicaragua, pues, al morir, quiere ser sepultado en el cementerio de San Judas.

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