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El dictador Daniel Ortega nació dentro de una familia católica en 1945, en La Libertad, Chontales, pero a medida que crecía se fue apartando de esa religión debido especialmente a su vinculación con la política.
Por ejemplo, siendo aún un adolescente, y cuando la familia se había trasladado a vivir a Managua, Ortega se relacionó con una logia masónica que existía a 10 cuadras del antiguo Estadio Nacional, en cuyos alrededores residía el ahora dictador.
En 1987, Ortega le contó a la revista Playboy que desde adolescente odiaba a los Somoza y que casi todo en su vecindario llevaba ese nombre, incluido el estadio, y una de las pocas cosas que no llevaba el nombre de Somoza era la Logia Masónica Augusto César Sandino.
“Los muchachos del vecindario y yo íbamos allí todas las tardes después del colegio. Para 1958 y 1959, yo pasaba allí todo mi tiempo después de mis clases. En la logia se mantenían algunos hombres más viejos —poetas, economistas, soldados— que habían luchado al lado de Sandino y solían contar sus historias respectivas de aquellos tiempos, lo cual nos conmovía y nos emocionaba a todos”, dijo Ortega a Playboy.
Los masones no son una religión en sí, sino una sociedad internacional que ha sido considerada como secreta y que defiende ideas humanistas, filosóficas y filantrópicas. Aspiran a la fraternidad entre todos los seres humanos.

En esos mismos años en que visitaba la logia masónica Sandino, y siendo adolescente todavía, Daniel Ortega era devoto de varios santos, nunca dejaba de asistir a misa y se desempeñaba como acólito o monaguillo.
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Sus padres, Daniel Ortega Cerda y Lidia Saavedra, habían inscrito a sus hijos varones, Humberto y Daniel, en el colegio Pedagógico La Salle de los Hermanos Cristianos, y a su hija, Germania, en el colegio de las monjas de La Asunción.

“Durante algún tiempo consideré convertirme en Hermano Cristiano. La academia católica a la que yo asistía estaba promoviendo las vocaciones religiosas y yo estaba entre los candidatos que se encontraban bajo consideración. Me interesaba el aspecto de servir a los demás… tal vez de convertirme en un educador. Pero al final, me decidí en contra. Yo también me sentía arrastrado hacia la actividad política, hacia cambiar el país y deshacerme de la dictadura somocista. Y, mientras yo reconocía que la política no me impedía la vía religiosa, el involucrarme totalmente en las actividades religiosas significaría abandonar la actividad política. Esto último fue para mí más poderoso”, confesó años después Ortega.
Algo que ayudó a que Ortega se distanciara de la Iglesia católica fue el haber presenciado los funerales del también dictador Anastasio Somoza García, en 1956, cuando fue declarado Príncipe de la Iglesia, en tiempos en que los obispos nicaragüenses eran presididos por monseñor Vicente Alejandro González y Robleto.
Años más tarde, cuando ya era un guerrillero sandinista, alrededor de 1978, uno de los mejores amigos de Ortega fue el sacerdote español Gaspar García Laviana, quien a la vez estaba muy influenciado por la Teología de la Liberación, que ponía en lugar preferencial la acción pastoral a los pobres y que de alguna manera estaba enfrentada con la Iglesia católica tradicional.
El esoterismo de Rosario Murillo
La esposa de Ortega, Rosario Murillo Zambrana, también nació dentro de una familia católica, especialmente por el lado de su padre, Teódulo Murillo Molina, agricultor muy rico que gustaba usar en el pecho un crucifijo grande de oro puro.
Del lado materno, también había influencia cristiana. Su bisabuela América Tiffer era muy devota de la Iglesia católica, así como también su abuela Zoilamérica Sandino, quien era hermana por parte de padre del guerrillero Augusto C. Sandino, el que luchó contra la ocupación de los marines norteamericanos entre 1927 y 1933.
Murillo nació y se crio en Managua, pero sus orígenes estaban en Niquinohomo, uno de los llamados Pueblos Blancos del país, ubicado muy cerca de Diriomo, el llamado «pueblo de los brujos».
De Niquinohomo era su familia materna y, por parte de su tío abuelo, el general Sandino, así como de su madre Zoilamérica Zambrana Sandino, Rosario Murillo tuvo antecedentes de alejamiento de lo que dice el cristianismo.
Sandino, el guerrillero, creía en las visiones, en los espíritus, en las misiones y él mismo se consideraba un escogido, es decir, un mesías. A veces, también entraba en contradicción con la figura de Jesús o, al menos, tenía ideas confusas sobre él.
“Estas cosas de Adán y Eva, solamente hacen 58 siglos. Después de estas cosas, se desarrollaron las otras cosas de que mistificadamente habla la Biblia Católica. En la hoy ciudad de Hayderabat en la India tomaron cuerpos Adán y Eva. En Antioquía, fue en donde se fundó diez años después de Jesús la Iglesia cristiana. Cristo es peligro, porque en esa forma lo obtuvo Jacob en un sueño, Saulo, o sea a quienes ustedes conocen por Pablo, peleó contra Moisés, en el mar rojo. Más tarde, cuando en Jerusalén, mataron a pedradas a Esteban, discípulo de Jesús, el empleado de policía, Saulo, encontró un cuadernillo escrito en los bolsillos de Esteban, a lo que se ha dado el nombre de Evangelio”, escribió en una ocasión Sandino.

La madre de Murillo, por su parte, gustaba de leerles las cartas a la gente. Zoilamérica Zambrana Sandino tenía fuertes creencias espiritistas, explica el periodista Fabián Medina en su libro El preso 198, y decía, por ejemplo, que la leche de su hija Murillo “era mala” y no quería que contaminara con ella a sus nietos.
El segundo esposo de Murillo, el periodista Anuar Hassan, le contó a Medina que su suegra frecuentaba una casa en El Crucero donde se le leía las manos a la gente y que, además, era muy dada a la güija, un ritual en el que, a través de un tablero con el abecedario y las palabras «sí», «no» y «adiós» escritas, se puede conseguir la comunicación con los espíritus que dejan sus mensajes moviendo un vaso a través de las letras.
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“(Zambrana Sandino) se reunía con una señora y practicaba la güija. Entonces la señora decía que Sandino estaba ahí, que Sandino se expresaba por su medio”, indicó Hassan.
Murillo habría sido influenciada por su madre en esas prácticas y, según una amiga de juventud, Esmeralda Cardenal, la ahora dictadora practicaba la magia negra y tenía un perfume con el que habría logrado que Anuar Hassan se casara con ella.
Cardenal le aseguró a Medina que cuando se le acabó el perfume a Murillo le sobrevinieron desgracias, como la muerte de su hijo de 2 años (procreado con Hassan), durante el terremoto de 1972, y la de su madre, en un accidente de tránsito en 1973.
“Se le acabó la magia y ella quedó desbalanceada por todo lo que le había pasado. Nunca recobró la cordura”, dijo Cardenal.
Las brujerías de Murillo
En enero de 1990, cuando su esposo hacía campaña electoral para retener la Presidencia del país, que perdió posteriormente, Rosario Murillo hizo pública su afición por la magia, al anunciar que estaba organizando la primera conferencia internacional de América Latina sobre brujería, parapsicología y medicina popular, que se iba a realizar en marzo de ese año.
Para organizar el evento, Murillo se estaba apoyando en el astrólogo Donald Casco, quien para ese tiempo era su asesor espiritual. Casco se estaba encargando de invitar a la actividad a los brujos de toda América Latina.
Mientras hacía campaña electoral, en una reunión con unos 2,000 ministros protestantes prosandinistas, Ortega tuvo que defender en esa ocasión a Murillo de las acusaciones que le hacían, de que estaba haciendo el trabajo de Satanás.

“Estamos ante el trabajo del diablo”, tronó un predicador. “Satanás trabaja en los centros del poder… y se esconde detrás de la fachada de la sociedad dominante, que destruye la vida… Esto no se debe permitir”, dijo, según declaraciones que recogió en el momento el medio extranjero Tampa Bay Times.
Ortega se negó a prohibir el evento de los brujos argumentando que “al final, si un hombre tiene fe, si realmente está en comunicación con Dios, no tiene razón para sentir miedo de las brujas. Tenerles miedo es aceptar que son más fuertes que Dios”, dijo el ahora dictador en aquella ocasión.
“Sin magia, que es la capacidad de inventar, soñar, para fantasear, no habría confianza en el futuro. Sin magia, un ser humano no puede ser creativo en un ambiente hostil. La magia está en todas partes, es absolutamente visible, transparente. Y cada día nos anima a vivir y actuar, y a tratar de mejorarnos”, justificó, por su parte, Murillo.
Los conflictos de Ortega con la Iglesia
Los sandinistas llegaron al poder en 1979, colocando a Daniel Ortega como coordinador de una Junta de Gobierno, y al poco tiempo entraron en conflictos con la Iglesia católica nicaragüense.
Cerraron la radio Católica y armaron un complot contra su director, el padre Bismarck Carballo. También espiaban las misas, amenazaban a sacerdotes, perseguían a los feligreses opositores, boicotearon la llegada a Nicaragua del papa Juan Pablo II en 1983 y también expulsaron del país al obispo de Chontales, Pablo Antonio Vega, entre muchos otros ataques a la Iglesia.
A pesar de ello, Ortega justificaba en esos años que la Revolución sandinista estaba centrada en el cristianismo.
“Hay sacerdotes trabajando dentro del Gobierno, hay clérigos que lucharon muy duro para hacer nuestra revolución. Pero en Nicaragua, como en toda América Latina, hay también elementos en el clero que son extremadamente conservadores”, dijo Ortega en 1987 a la revista Playboy, agregando que el obispo Vega había traicionado al país al apoyar la ayuda que Estados Unidos le entregaba a los contras para que le hicieran la guerra a los sandinistas.
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Durante esos años, uno de los grandes rivales del sandinismo fue el líder de la Iglesia católica nicaragüense, Miguel Obando y Bravo, elevado a cardenal por el papa Juan Pablo II en 1985, cuando Ortega inició su primer periodo como presidente, tras haber dirigido al país durante otros cinco años como coordinador de la Junta de Gobierno.
Ortega y los sandinistas perdieron el poder en 1990 y años después, cuando Ortega buscaba regresar al poder, buscó la alianza con el cardenal Obando y pidió perdón por los abusos contra la Iglesia católica en la década de 1980.

En 2007, Ortega retomó el poder y, según ha indicado en varias oportunidades, hizo alianza con la empresa privada y con la iglesia para gobernar en paz.
Sin embargo, desde el año 2014, cuando la población nicaragüense inició a protestar contra las arbitrariedades electorales y también contra un proyecto canalero lesivo contra el medioambiente del país y contra las tierras de los campesinos, Ortega comenzó nuevamente a entrar en conflicto con la Iglesia.
La tensión tuvo su punto cumbre tras las protestas de abril de 2018, cuando Ortega acusó a los obispos católicos de estar detrás de un golpe de Estado en su contra, aunque los obispos han explicado que sólo se pusieron del lado del pueblo, que fue atacado con paramilitares y armas de guerra, causando la dictadura de Ortega y Murillo más de 300 asesinatos de personas civiles, según han cuantificado organismos de derechos humanos nacionales e internacionales.
En la actualidad, informes dan cuenta de que Ortega y Murillo han atacado duramente a la Iglesia, encarcelando y desterrando a obispos, sacerdotes, religiosos, monjas y hasta laicos. Han congelado cuentas bancarias de la Iglesia y confiscado edificios. Además, han profanado templos, cerrado organismos católicos y hasta atacaron verbalmente al recién fallecido papa Francisco.
Manipulación del cristianismo
A pesar de que ha quedado claro a través de la historia que Daniel Ortega y Rosario Murillo no comulgan en su totalidad con la Iglesia católica, y menos con la evangélica o protestante, los dos se dedican a llamarse cristianos.
Incluso, en 2004 se casaron por la Iglesia ante el cardenal Obando, alegando que sólo renovaban los votos porque el padre Gaspar García Laviana ya los había casado “por las armas”, a pesar de que en ese tiempo, 1978, García Laviana no estaba autorizado por la Iglesia porque había abandonado sus funciones de sacerdote para hacerse guerrillero sandinista en la lucha contra el dictador Anastasio Somoza Debayle.
En la actualidad, los Ortega Murillo celebran la Purísima, bautizan a sus nietos en la Iglesia católica; sacerdotes afines a ellos ofician misas o realizan bendiciones en sus actividades políticas, y ahora hasta tratan con disimulado respeto al cardenal Leopoldo Brenes.
Una teóloga explicó a LA PRENSA que Ortega y Murillo tratan de explotar a través de la manipulación el hecho de que la sociedad nicaragüense no es laica, a como establece la Constitución Política del país, sino que es cristiana y profundamente religiosa, según se puede observar en los mensajes que la gente coloca en los taxis, negocios, buses, y otros, totalmente religiosos.

Sin embargo, la teóloga indicó que, según un reportaje televisivo de 2005, del Canal 12, se puede observar que tanto Ortega como Murillo tienen un “desequilibrio mental” muy fuerte respecto a lo que es la espiritualidad, porque el interior de la casa de ellos muestra sincretismo, un “chacuatol”, por la gran cantidad de símbolos religiosos que tienen en su vivienda.
La misma Murillo explicó en el reportaje televisivo que tiene un Buda porque es “el rostro de la meditación, el símbolo de la unión con el universo a través del desprendimiento, el desapego”.
“Yo admiro mucho el budismo en cuanto que predica el desapego, el desprendimiento, el no apegarse a nada, porque uno no es eterno, uno es movimiento, la vida es eso, es movimiento y uno debe de fluir con ese movimiento, ser desprendido y saber que un días estás aquí y otro día estás allá, pero lo único que cuenta es que tu espíritu prevalezca. Lo que uno debe de cultivar siempre es su alma, su espíritu. Ese es el aprendizaje”, dijo Murillo en esa ocasión.
La casa de los Ortega Murillo, en el reparto El Carmen, en Managua, también está llena de ángeles, espirales, mensajes de la religión tibetana, sal, agua, velas, entre otros símbolos religiosos.
“Los ángeles representan esos seres de luz… el espiral es también el movimiento, es la vida… yo tengo velas por todas partes, porque las velas para mí representan poder atraer la luz. La sal atrae las cosas negativas, porque la sal es el mar, es el infinito, es la inmensidad, sirve para atraer las energías negativas y que no haya negatividad en el ambiente, que haya armonía”, fue parte de la explicación que dio Murillo sobre cómo tiene adornada su casa.
Su hija, Zoilamérica Ortega Murillo —quien está separada de la familia a raíz de que acusó a Ortega de haberla violado, y su madre prefirió apoyarlo a él— señaló en una entrevista con el medio Nicaragua Investiga que su madre vive alejada de la realidad todos los días, y por eso recurre a creencias que “la hagan salir de este mundo de alguna manera”.
“Ella se atribuye poderes de energías más allá de las que ante Dios son las adecuadas y quiere que todos crean en eso. Necesita de amuletos y de otros dioses, es una persona que también quiere tener otras formas de poder”, dice Zoilamérica.
La pareja dictatorial, especialmente Murillo, tiene invadida Managua y otros departamentos con «árboles de la vida» hechos de lata y en sus presentaciones realizan decoraciones con manos de Fátima, un símbolo del islam.
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