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Nicaragua está muy triste, de luto, y llorando, porque se nos fue parte de doña Violeta, nuestra madre cuando más la necesitábamos. Pero nuestro Señor ya la quería tener cerca y Él tiene sus razones.
Como dije en octubre pasado, en ocasión de su último cumpleaños en la tierra, doña Violeta nos cobijó y protegió como la bandera azul y blanca que fue su símbolo y que hoy se alza orgullosamente de nuevo en todo el país. Como buena madre procuró con su amor unirnos a todos en una sola Nicaragua a la que todos pertenecemos.
Todos la admirábamos por su sencillez, sinceridad, honestidad, bondad, y buen humor.
Éramos todos sus “muchachos” o “muchachitos” (digo éramos porque han pasado 35 años y ya no somos tan jóvenes). Liberales como yo, conservadores, miembros de la UNO, periodistas, sacerdotes (como lo relató a finales del 2018 monseñor Báez) y los mismos sandinistas de la época.
Bajo su gobierno, a pesar de las diferencias, regresó la paz y se comenzaron a cicatrizar las heridas de las guerras calmando así los ánimos y las rencillas.
Y luego de la destrucción, la discordia, la violencia, la enemistad y el empobrecimiento del país en las más que oscuras noches de los 1980, doña Violeta comenzó exitosamente con guantes de seda y temple de acero, la larga y difícil tarea de construir un país democrático, próspero, justo, tolerante, con instituciones que protegieran los derechos y el bienestar de todos los nicaragüenses, particularmente el de los más pobres. Derechos y bienestar que se habían acabado en la penumbra de los 1980 y que de nuevo se han perdido bajo los nuevos usurpadores filibusteros.
Su legado y actuación le han conquistado mucha honra, respeto, admiración y cariño en los nicaragüenses. La patria ya se lo reconoce y la historia se lo reconocerá cada día más.
Por eso digo que parte de ella se nos fue cuando más la necesitábamos ante la discordia y la desesperanza que ha vuelto a resurgir en nuestro país por la represión del régimen actual contra un pueblo que sólo demanda, como es su legítimo derecho dado por Dios, y se merece, libertad, justicia y democracia.
Doña Violeta: Usted nos hará mucha falta, aunque, como dije al comienzo, sólo se nos fue parte suya. Su legado, cariño, y protección siempre estarán con nosotros.
Doña Violeta: Ahora que está junto al Señor y tiene de nuevo a su lado a su esposo, a su nieto Tolentino, y a su yerno Antonio, le pido cinco favores
Primero: Me saluda a su esposo y me le dice que él también nos hace mucha falta en Nicaragua.
Segundo: Me le da un abrazo a mi sobrino Tolentino que no sólo heredó el físico, sino también la valentía de su abuelo PJChC, y también a Antonio.
Tercero: Le ruego que no me le dé muchas bromas a nuestro Señor.
Cuarto: Ni me le diga “mi muchacho” y menos “mi muchachito”; recuerde que es bastante mayor que usted.
Quinto: Pídale que proteja a Nicaragua y a los nicaragüenses, especialmente a los pobres, a los exilados, y a los encarcelados.
Doña Violeta: Mi familia y yo la queremos y la recordaremos mucho.
El autor es bachiller del Colegio Centro América