Socorro Corrales muestra una foto de su hijo Orlando Pérez, asesinado por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en abril de 2018. LA PRENSA/ CORTESÍA

Socorro Corrales: “Es un delito llegar a la tumba de mi hijo”

A siete años de que su hijo Orlando Francisco Pérez Corrales fue asesinado por los paramilitares durante las protestas de 2018, lamenta que los opositores aún no hayan logrado unirse para liberar al país de la actual dictadura.

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En siete años, desde que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo asesinó a su hijo Orlando Francisco Pérez Corrales, el 20 de abril de 2018, es la primera vez que Socorro Corrales brinda una entrevista y no se le sale “una lágrima”.

“El dolor perdura toda la vida, pero uno se acostumbra a vivir con él. En todas las entrevistas he llorado, ha sido difícil para mí hablar de Orlando. Pero en esta estoy bien concentrada. Él sabe que hasta que me muera mi corazón va a seguir destrozado y siempre lucharé por su sangre derramada en Nicaragua”, explica Corrales en esta entrevista para la Revista DOMINGO.

Al acercarse el séptimo aniversario de las protestas de abril de 2018, Corrales explica que las Madres de Abril, a como se les conoce a las madres que perdieron hijos producto de la represión de los Ortega Murillo ese año, continúan unidas y luchando para que paguen los culpables por esas muertes.

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Sin embargo, Corrales pide no responder algunas preguntas referente a la búsqueda de esa justicia, debido a que algunas Madres de Abril aún tienen familiares en Nicaragua que pueden ser objeto de represalias.

Corrales lamenta que siete años después Nicaragua siga bajo la opresión de los Ortega Murillo y responsabiliza de ello a los opositores, a los que acusa de no lograr la unidad debido a que tienen ambiciones de poder.

Hace ya siete años que su hijo y los demás jóvenes fueron asesinados durante la represión de los Ortega Murillo de 2018, ¿qué reflexión hace?

Desde mi exilio, sigo exigiendo justicia. No voy a descansar hasta que tenga justicia por mi hijo Orlando Francisco Pérez Corrales.

¿Cómo lo recuerda?

Siempre dije que, el día que le asesinan a su hijo y lo entierra, ese día uno se muere con ellos. No vuelve uno a tener vida. Al principio las lágrimas salen solas, porque el corazón está bien destruido. Pero, con el paso del tiempo, uno se va acostumbrando a vivir con eso, pero el dolor nunca se quita.

¿Ha sabido algo de la tumba de su hijo?

Nada. Nadie puede llegar a la tumba de mi hijo, mucho menos en el mes de abril. En el Día de los Difuntos, nadie pudo ir a dejar una flor, nada. Él está solo, así como estoy yo aquí en este país. Es un delito llegar a la tumba de mi hijo. No sé qué les puede hacer un muerto (a los Ortega Murillo). No sé qué les puede hacer una persona que llegue con una flor a ponerle en una tumba. Pero, para los criminales, asesinos, Ortega Murillo, y los (sandinistas) de Estelí, eso es un delito.

¿Todavía está en contacto con las demás Madres de Abril?

Estamos bien unidas. Siempre en la lucha porque estamos exigiendo justicia por nuestros hijos y todas decimos que no nos vamos a morir y sí vamos a tener justicia. Como madres, no olvidamos los asesinatos de nuestros hijos.

¿Qué sería alcanzar justicia para usted?

Que paguen los criminales. Yo quisiera que me digan: «Este fue el que asesinó a su hijo”. Y los principales asesinos, que son Ortega y Murillo, que paguen en una cárcel, que paguen un exilio, alguna forma tiene que haber de pagar la muerte de mi hijo. Las cortes tienen que decidir qué es lo que va a haber para que ellos paguen. Para mí, yo quisiera la peor forma porque el dolor de que le asesinen a su hijo es lo más duro que puede haber.

¿Ha tenido algún acompañamiento en el manejo del dolor o ha recibido algún tipo de terapia? ¿Cómo ha manejado ese luto?

Lo he manejado sola. Desde el 20 de abril del 2018 que asesinaron a Orlando, los Ortega Murillo, ese dolor yo lo he manejado sola, con mis hijas y nada más. No he podido. A los cuatro meses de haberme asesinado a mi hijo, ellos (los Ortega Murillo) me exiliaron, me corrieron de mi país y desde entonces estoy en el exilio y no he tenido tiempo para tener una terapia, para decir que voy a salir adelante con alguna forma de ayuda.

¿Y el exilio qué ha significado para usted?

El exilio es duro. Le he dado gracias a Dios que estoy viva, porque en Nicaragua a lo mejor estuviera muerta. Este país (Estados Unidos) lo que me ha dado es un lugar para refugiarme, pero el exilio es bien duro.

Con las medidas del presidente Donald Trump, de deportar, ¿se ha visto amenazada?

Gracias a Dios todo está bien porque he llevado mi proceso. Ya tengo el asilo ganado y ya metí mi ajuste migratorio para residencia y precisamente ayer (miércoles) estaba haciendo huellas para el ajuste migratorio de residencia.

¿Familiares afectados?

Mis dos hijas y mis nietas también llevan su proceso. Todo en orden.

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Los autores materiales del asesinato de su hijo fueron unos, pero todo se originó con Ortega y Murillo. ¿Qué piensa de ellos?

Los principales asesinos son Daniel Ortega y la Rosario Murillo con el vamos con todo. Y después los que acataron la orden, que fueron el alcalde de Estelí, el (Francisco) Valenzuela y el jefe de la Policía de Estelí. Ellos son los principales asesinos de mi hijo.

¿Cómo ha visto en la televisión o en las redes a Ortega y Murillo?

Cada día que yo los miro, da tristeza de ver en qué manos está el país. Porque están destruidos, ellos mismos se están destruyendo, están cavando su propia tumba. Eso es parte de todo lo que hicieron en el 2018 y por todos sus crímenes, porque a la largo de la historia dicen que han cometido crímenes, pero nosotros estamos en la lucha por los crímenes que cometieron en el 2018. Cada día se están destruyendo entre ellos dos. Están bien arrastrados.

Siete años después, ellos todavía tienen el poder en Nicaragua. ¿Qué opina de eso?

Nicaragua está viviendo la peor historia de la vida con ese par de sátrapas y ancianos. A veces uno no puede ni pensar cuál es el futuro de Nicaragua. No hay futuro. Nicaragua está acabado con ese par de asesinos en el poder.

¿Qué cree que ha hecho falta para que Nicaragua sea libre? ¿Cómo ha visto a la oposición, por ejemplo?

Hace falta una buena unidad. De nada nos sirve que los países nos estén ayudando, estén poniendo sanciones, estén en contra de esos asesinos, pero, si nosotros no nos unimos, jamás vamos a poder sacar a ese par de desgraciados. Lo que hace falta es unidad, ser sensibles ante el pueblo. Lo que pasa es que no hay sensibilidad. Ellos (opositores) son un grupo cerrado. Tienen que ser más abiertos a los exiliados, a las personas que estamos fuera de ese grupo. Hay muchos jóvenes, estudiantes, que estuvieron en la lucha, que les cuesta esta lucha, y ellos no son tomados en cuenta. Las Madres de Abril no son tomadas en cuenta. Entonces, lo que falta es unidad.

¿Por qué cree que los opositores son tan desunidos?

Porque todos jalan agua para su molino. Todos quieren ser presidentes. Su lucha de poder, son obsesionados con el poder. Eso es.

¿Ha pensado si valió la pena el derramamiento de la sangre de los jóvenes en 2018 o se decepciona de eso?

Hay momentos en que vivo bien decepcionada de eso. Me duele tanto en el alma. Y yo le aseguro que todas las Madres de Abril también piensan lo mismo. Yo hablo con mi hijo, tengo fotos de él y le digo: «¿Cómo pudiste dar tu sangre para que estos se estén peleando, se estén agarrando por la ansias de poder?» Es bien decepcionante. Es bien difícil ver que tu hijo dio la sangre para que otros se estén jalando del pelo por el poder, porque no se ponen de acuerdo. Viven buscando el poder, pero no buscan cómo nos organicemos todos, con humildad, con prudencia. Con esa forma de actuar le dan más oxígeno al par de asesinos esos.

¿Cómo se prepara para vivir este próximo 20 de abril, fecha del asesinato de su hijo?

Desde el lugar en que me encuentro, sólo mantener mis redes con la memoria de Orlando y que siempre todos se den cuenta quiénes son los asesinos de mi hijo, porque no me voy a cansar de ponerlo en mis redes. Siempre en contacto con las Madres de Abril, eso nos ayuda bastante a pasar el dolor.

¿Alguna vez ha sentido que los jóvenes de abril han caído en el olvido?

Lo he sentido. Por la ambición que han tenido los opositores, pero nosotras no los vamos a olvidar nunca. Si me muero, que sigan la historia mis hijas y también mis nietas.

¿Y el papá de su hijo?

Es un paramilitar desgraciado y está aquí en Estados Unidos. No existe para mí. Aquí camina errante, de un lugar a otro, y no da la cara. Ni conoce a sus nietas. Yo lo he denunciado en este país.

Socorro Corrales junto a sus hijas Denia María Pérez Corrales, de 41 años, a la izquierda, y Aracely Pérez Corrales, de 38, a la derecha. LA PRENSA/ CORTESÍA

Plano personal

Socorro Corrales tiene actualmente 59 años y nació en Ocotal, Nueva Segovia.

Es maestra y le trabajó 27 años al Ministerio de Educación (Mined) en colegios de primaria, en Ocotal, Jalapa y finalmente en Estelí.

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Siempre simpatizó con el sandinismo. “Fui sandinista hasta un día antes que asesinaran a mi hijo. De eso estoy arrepentidísima”, explica.

Su hijo, Orlando Francisco Pérez Corrales, nunca fue sandinista. Una vez lo obligó a votar y él le contó que había marcado las boletas con varias equis porque no le gustaba el sandinismo.

Corrales se tuvo que ir al exilio dos meses después de que su hijo fuera asesinado por los paramilitares de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Desde hace cuatro años trabaja en un supermercado.

La Prensa Domingo Abril 2018 archivo

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