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“Quiero decirte algo: ¡no tengo ninguna relación con mi hija! ¡Ninguna en absoluto!”, le dijo casi a gritos el padre de Rosario Murillo, Teódulo Murillo Molina, al periodista de la revista estadounidense Vanity Fair, Lloyd Grove, en 1986, cuando Grove llegó a la casa de Murillo a solicitarle una entrevista.
El enojo mostrado por el padre de la ahora dictadora nicaragüense tenía su fundamento en que era la hija, de cuatro que procreó, a la cual más mimos le dio, pero ella fue incapaz de impedir que los sandinistas, encabezados por su marido Daniel Ortega, le confiscaran sus propiedades en 1979, cuando asaltaron el poder por las armas.
“Los sandinistas se llevaron mucho”, dijo a Grove la esposa de Murillo Molina y madrastra de Rosario Murillo, Margarita Simpson, tratando de disimular el momento y mencionando, entre varias propiedades, a la hacienda El Trapiche, en la carretera vieja a Tipitapa y a la que los sandinistas convirtieron en balneario.
Murillo Molina murió deprimido en 1996, debido a los agravios que le causó su hija. No es casualidad que en los funerales de su padre, Rosario Murillo llevó mariachis que cantaron la canción “Perdón”, de Daniel Santos, la misma que cantaba don Teódulo para pedirle perdón a su esposa cuando sabía que le había faltado en algo.
El maltrato a su padre no es la única maldad que se le puede señalar a Rosario Murillo, aunque ella después alegó que no podía evitar las confiscaciones. “Mi padre pensó que no iba a perderlo (El Trapiche), porque yo era su hija, ¿sabes?, que iba a hablar y decir: ‘No deberías quitarle esto a mi padre’. Pero nunca podría hacerlo. Y eso es algo que él no puede perdonar», justificó Murillo ante la misma Vanity Fair.

Si se le realizara un juicio por maldad a Murillo, existen una serie de hechos que la condenarían sin necesidad de tanto análisis, empezando por la masacre que ordenó contra la población nicaragüense que protestó a partir de abril de 2018.
Sin embargo, Murillo no quiere ser recordada como una mujer mala, sino como una “heroína”, a pesar de que tampoco fue destacada en la guerra contra la dictadura somocista, sino que tuvo una participación incidental, como muchos otros, aunque no empuñando un fusil.
Por ejemplo, previo a la celebración del Día de la Mujer del pasado 8 de marzo, el Ministerio de Educación (Mined), que es obviamente controlado por Murillo, instruyó a los maestros de educación primaria, secundaria y escuelas normales a realizar actividades de cara a ese día, entre ellas crear microrrelatos inspirados en mujeres icónicas del sandinismo, entre las que se mencionó Murillo.
“Se sugiere trabajar un microrrelato basado en la vida de: Blanca Arauz, Luisa Amanda Espinoza, Arlen Siu, Nora Astorga, Bertha Calderón o la copresidenta Rosario Murillo, entre otras, pueden también ser heroínas o mártires de su comunidad”, indica la circular del Mined.
Mala agradecida con LA PRENSA
Nacida en Niquinohomo, en junio de 1951, Rosario Murillo es sobrina nieta del general Augusto César Sandino, en cuya figura se inspira el sandinismo, pues su abuela materna, Zoilamérica Sandino Tiffer, era hermana de parte de padre del guerrillero.
La madre fue Zoilamérica Zambrana Sandino, quien gustaba leerle las cartas a la gente y esa parte esotérica se la habría heredado a la hija.
En enero de 1990, cuando su marido aún no había perdido el poder, Murillo provocó una importante polémica internacional al anunciar la convocatoria del primer Congreso de Brujos, que sería celebrado en Nicaragua. Líderes religiosos del país exigieron la cancelación de dicho evento.
Su padre, Teódulo Murillo Molina, la puso a estudiar en uno de los mejores colegios de Managua, el Teresiano, y luego la mandó a estudiar a Europa.

No tardaría en darle el primer disgusto a su padre, cuando, en unas vacaciones, en 1967, se quedó en Nicaragua y no regresó más a estudiar en Europa, porque salió embarazada a los 16 años de edad.
El padre le consiguió empleo en LA PRENSA, como secretaria de Pedro Joaquín Chamorro y el poeta Pablo Antonio Cuadra.
Hubo dos momentos en que Murillo vivió un fuerte apoyo de parte del periódico y sus directivos, uno fue durante el terremoto de 1972, cuando la caída de una pared le quitó la vida a su hijo de dos años que había procreado con el periodista Annuar Hassan.
El segundo se produjo en octubre de 1973, cuando su progenitora falleció en un accidente de tránsito.
En ambas ocasiones fue apoyada por Chamorro Cardenal y otros directivos del periódico, sin embargo, a partir del año 2007, en que su marido regresó al poder, ambos iniciaron un hostigamiento contra LA PRENSA y posteriormente en Aduana le retenían los insumos para que no fuera impreso, según denunció su director Jaime Chamorro Cardenal, fallecido en 2021.
En agosto de ese año 2021, por órdenes de Murillo, la Policía del régimen se tomó las instalaciones del periódico y encarceló al gerente general Juan Lorenzo Hollman.
Hoy, toda la Redacción está en el exilio para no sufrir las represalias de Murillo.
No se destacó en la guerra contra Somoza
Rosario Murillo comenzó a oponerse a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle a finales de los sesenta del siglo pasado, tras su regreso de Europa, y a inicios de los años setenta fue cofundadora de un grupo cultural denominado “Gradas”, porque se manifestaban contra el régimen somocista en las gradas de las iglesias.
Luego, combinaba su trabajo en LA PRENSA con actividades clandestinas en favor del FSLN hasta que, en 1976, cayó presa nueve días y todos los días estaba Pedro Joaquín Chamorro Cardenal atento a que se le llevara comida a ella.
Murillo se tuvo que ir al exilio, en 1977, junto a sus dos hijos mayores, en un momento en que estaba embarazada de su pareja de entonces, Carlos Vicente “Quincho” Ibarra.
Primero, viajaron a Panamá y luego se reunieron con Ibarra en Venezuela, donde vivían en penurias, por lo que regresaron a Panamá, donde esperaban obtener apoyo del FSLN.
Les ayudaba su padre, Teódulo Murillo Molina, quien le enviaba dinero por sus nietos, no tanto a ella.

En agosto de 1977, en Panamá, nació el hijo Murillo y de Ibarra, al que llamaron Carlos Enrique, pero le dicen Tino y hoy es hijo adoptivo de Daniel Ortega.
Una persona que le dio la mano en ese momento fue la poetisa Gioconda Belli, quien se la llevó a vivir a su casa en San José, Costa Rica. En la actualidad, Murillo desnacionalizó, confiscó y mantiene en el destierro tanto a Belli como al hijo de esta última, Camilo de Castro Belli.
Murillo se separó de Ibarra y comenzó a vivir maritalmente con Daniel Ortega en una casa que el FSLN le rentaba en San José, ya que Murillo trabajaba para el grupo guerrillero en el área de propaganda.
En mayo de 1998, su hija Zoilamérica denunció que, desde ese tiempo, 1978, Ortega comenzó a abusar sexualmente de ella, cuando apenas tenía 11 años de edad.
Tras la denuncia, Murillo aborreció a su propia hija y se hizo del lado de Ortega, en lo que muchos consideran fue un pacto para obtener poder una vez Ortega regresara a la presidencia del país.
Un golpe a los artistas
Murillo siempre ha querido que se le reconozca como poetisa, pero no ha alcanzado dicho reconocimiento a como ella lo quería de parte del gremio de poetas nicaragüenses.
Tras la llegada al poder de los sandinistas, los artistas nicaragüenses crearon una asociación que denominaron Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC), mientras que el poeta Ernesto Cardenal fue nombrado ministro de Cultura, un cargo que a Murillo le habría gustado ostentar.
Debido a ella, denunció el poeta Cardenal en diversas ocasiones, Murillo siempre lo hostigó y realizó campañas de desprestigio en su contra. “La rivalidad contra mí la tuvo siempre”, dijo Cardenal.
Sobre la ASTC, Murillo fue bastante tiempo la presidenta de esta organización, pero no estaba conforme porque había sido idea de otros artistas y no de ella.
En febrero de 1989, cuando ya no era Murillo la presidenta de la ASTC, el régimen sandinista anunció la disolución de la organización para crear otra que sería dirigida por Murillo, el Instituto de Cultura.
Una gran mayoría de artistas reclamaron por la acción, especialmente porque el Instituto ya no sería de ellos, sino que se institucionalizaba como parte del Estado. Sin embargo, no hubo retroceso.
Los crímenes de 2018
Desde que Daniel Ortega regresó al poder en 2007, Rosario Murillo ha venido obteniendo el poder que sus críticos consideran es el resultado de haberle dado la espalda a su hija Zoilamérica, cuando denunció por violación a Ortega, y haber protegido a este último.
Desde entonces, ha sacado del juego a todos los militantes históricos del sandinismo y reemplazándolos con jóvenes formados políticamente por ella.
Una de las promesas que Ortega le había hecho, tras el caso Zoilámerica, era que, si él recuperaba el poder, haría que ella fuera la siguiente candidata presidencial del FSLN. Pero, no le cumplía.
Llegado el año 2018, cuando ella presuponía que su candidatura se haría realidad en 2021, estallaron las protestas cívicas de abril de ese año, las que hicieron tambalear el gobierno de Ortega, pues una gran cantidad de pobladores salieron a las calles a manifestarse contra Ortega.
Las protestas estallaron en un momento en que Daniel Ortega estaba en Cuba y le correspondió a Murillo dirigir la respuesta a las protestas.

La exgerente de la Dirección de Investigación Económica del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ligia Gómez, ha denunciado ante organismos internacionales que Rosario Murillo dio la orden del “vamos con todo”, lo que significó una represión mortal en contra de los manifestantes con paramilitares y armas de guerra, disparando a matar a la población.
Aún no hay número exacto de las personas asesinadas, pero se calculan en más de 355. Todo ello sin contar las siguientes partes de la represión que hubo después, como torturas, encarcelamientos, exilio, persecución a la iglesia, destierro, desnacionalizaciones, y muchos otros abusos, todos ordenados por Murillo y Ortega.
Sin embargo, Murillo, quien actualmente tiene orden de captura internacional en su contra por crímenes de lesa humanidad, no quiere ser recordada como una mujer mala, sino como una heroína.
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