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El 26 de agosto de 2024, el youtuber nicaragüense Francisco Reyes Rosas, mejor conocido como Chico Reyes Rosas, estaba en España y se disponía a regresar a Nicaragua tras una gira de trabajo por Europa.
En una pequeña maleta de mano cargaba cuatro pantalones, algunas camisetas, artículos de aseo personal, una computadora y dos cámaras. La cartera con menos de 200 dólares y sus documentos en la bolsa del pantalón y, en la mano, un teléfono celular.
Había pasado casi un mes en varios países del viejo continente y no hallaba la hora de llegar a su casa, en Managua, para abrazar a su familia, además de que le llevaba unos “recuerditos” a su madre.
Realizó el check-in o registro que se hace siempre antes de volar, pero le pareció raro que únicamente le entregaron los boletos para los viajes de escala de Madrid a Washington y de Washington a Houston, pero no le dieron el de Houston a Managua.
Se dirigió hacia la persona que lo atendía en el aeropuerto madrileño y le preguntó: «¿Por qué no me das el último boleto? ¿Qué pasó? ¿Hay algún problema?”
Le respondieron que probablemente había un fallo en el sistema, tal vez relacionado con alguna letra del nombre o con el código de confirmación de vuelo. “No te preocupes. Cuando llegues a Houston, ahí están nuestras oficinas principales y ahí puedes hacer las consultas que quieras, ahí te van a resolver el problema. Seguro no es nada complicado”, lo tranquilizaron.
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Ya en el aeropuerto de Houston, tras consultar sobre la situación, Reyes Rosas veía que los funcionarios de la aerolínea realizaban consultas tras consultas por teléfono, pero no le informaban sobre lo que estaba pasando.
“Solo falta que hayan cometido un error grande y tenga que comprar otro boleto a última hora y eso va a salir caro”, pensaba Reyes Rosas, preocupado porque ya no andaba mucho dinero, pues todo lo había invertido en el viaje de trabajo y pensaba recuperar la inversión una vez regresara a Nicaragua y publicara el contenido de las grabaciones que hizo en Europa.
Tras largos minutos de espera, se le acercó el supervisor de la aerolínea y le preguntó:
—¿Usted tiene problemas con las autoridades de Migración de Nicaragua? ¿Tiene problemas con el Gobierno de Nicaragua?
—No, ¿cuál es el problema?
—Es que tenemos una notificación que las autoridades de Migración de tu país no te dejan ingresar a Nicaragua. No te dejan ingresar a tu país.
—¿Cómo así?
—Las autoridades de Nicaragua mandan una lista un día antes del viaje y ahí ellos aprueban quiénes pueden llegar a Nicaragua y quiénes no.

Reyes Rosas comenzó a comprender la situación a medida que veía que los de la aerolínea trataban de explicarles que no había nada que hacer si las autoridades nicaragüenses ya habían informado que él no podía subir al avión, pues, si lo hacía, la que iba a tener problemas con el Gobierno de Nicaragua sería la aerolínea. Ya en shock, les preguntó:
—Pero, ¿hay una solución?, ¿puedo llamar?
—Si de la autoridad de Migración de Nicaragua no nos dan luz verde, no nos dicen que sí puede ingresar, nosotros no podemos emitir este boleto, porque nos podemos meter en un problema enorme. Tenemos que seguir los lineamientos de cada país. Las autoridades de Migración de Nicaragua no permiten tu ingreso.
Todavía creyendo que podía arreglar el inconveniente, Reyes Rosas llamó al Consulado de Nicaragua en Estados Unidos, donde le respondieron: “Nosotros no nos encargamos de eso, no sabemos nada. Nosotros solo emitimos documentos y ya”.
Seguidamente se comunicó con Migración de Nicaragua. “No sabemos nada, no tenemos información”, le dijeron.
Reyes Rosas realizó un último intento, esta vez llamando al Ministerio del Interior (Mint) nicaragüense, donde le contestó una mujer desagradable y malcriada. “Sentí como que sí tenía la información, pero no me la quiso dar. O no sabía nada, pero tampoco le interesaba ayudar porque yo le dije: ‘Estoy en problemas. No sé qué pasó, no sé por qué me negaron mi acceso al país. Yo no vivo en Estados Unidos, yo iba para mi casa, por favor, ayúdeme, consulte a su jefe. Yo puedo aclarar cualquier cosa que ustedes quieran que aclare, si es que hay algo mal entendido’. Al final, ella (funcionaria del Mint) me dijo que no sabía nada, que no podía hacer nada y que si me negaron el acceso era por algo y no se podía hacer nada”, recuerda Reyes Rosas.
Desde entonces, el youtuber nicaragüense está en el destierro.
Perseguido por colaborar con youtuber venezolano
Francisco Reyes Rosas ya había tenido un primer problema con Migración de Nicaragua. Fue a finales de marzo de 2024, un mes después de que colaboró con otro youtuber, un venezolano llamado Óscar Alejandro Pérez Martínez, a quien le sirvió de guía por destinos turísticos del país, pero luego el extranjero publicó un video criticando la situación de Nicaragua bajo el dominio de los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Reyes Rosas, un leonés que desde los 6 años de edad se trasladó a vivir a Managua, estaba estudiando Ingeniería en Geología en la UNAN-Managua, en 2016, cuando se interesó por crear contenido en la red social YouTube.
“Empecé con mis compañeros de la universidad, porque muchas veces teníamos tiempo libre entre clases. Creaba contenido de comedia, para entretenerme con mis compañeros, pasar el rato y para no gastar tanto en comida, porque cuando pasás sin hacer nada, te da hambre. Siempre fui loco en ese sentido. Me gustaba ver contenido e intenté crearlo”, rememora Reyes Rosas.
En ese tiempo él no tenía teléfono celular para grabar contenido, por lo que un compañero de clases les prestaba uno. Como la carrera era de viajar bastante, aprovechaba para grabar lo que veía en el interior del país.
Cuando se graduó de la universidad, ejerció la profesión de geólogo, en la mina Limón, en León, donde era encargado de una plataforma de perforación en el área de exploración de la minería. Trabajó unos meses ahí, pero era una rutina que le aburrió, a pesar de que ganaba “una cantidad considerable de dinero”.
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“No me apasionaba y siempre extrañaba hacer contenido. Un día dije: Okay, me gusta la geología, pero lo que estoy haciendo actualmente ya me tiene estresado, sofocado, no disfruto el dinero, no disfruto el tiempo. Voy a renunciar a esto y voy a luchar por lo que en verdad amo hacer, que es crear contenido. Si yo le dedico más tiempo a crear contenido, puedo generar igual (de dinero) que en este trabajo o incluso más. Y así fue”, explica Reyes Rosas.
Varias marcas lo contrataron para que les hiciera publicidad y viajaba por toda Nicaragua, mostrando el país. A la gente le gustó lo que publicaba y empezó a tener muchos seguidores.
Quería salir del país y ahorró para viajar a Costa Rica en 2021.
“Grabé la comida, diferentes ciudades, cuestiones culturales, la comunidad nicaragüense en Costa Rica, grabé varias cosas. Ese fue el primer viaje internacional pagado por mí y ahí la pasión de querer salir más de Nicaragua, porque sentía que viajar te abría la mente en muchos sentidos”, cuenta.
Ha viajado a varios países, entre ellos El Salvador, Ecuador, México, Colombia, Estados Unidos, Irlanda, Escocia y España, entre otros.
Reyes Rosas también solía colaborar con youtubers de otros países que llegaban a Nicaragua, porque así también a él le podían ayudar cuando visitara los países de ellos. Lo hizo con costarricenses, un colombiano y hasta con un ruso.
Fue así que lo contactó un venezolano que vive en Miami, Florida, Óscar Alejandro, quien llegó al país en febrero de 2024.
Fueron a varios lugares turísticos del país, como el volcán Cerro Negro, la isla de Ometepe, Granada y hasta el mercado Oriental, en Managua.
“Él me dijo: ‘Voy a grabar un video de mis primeras impresiones, lo que opino de Nicaragua, lo que veo, lo que analizo, lo que se ve en internet’. Entonces, le dije: ‘No quiero aparecer en ese video porque no sé qué vas a decir, entonces, para evitarme cualquier lío, yo no quiero aparecer en absolutamente nada de ese video’”, relata Reyes Rosas.

Cuando el venezolano se fue de Nicaragua, afirma Reyes Rosas, lo primero que hizo fue publicar un video muy político. “Mencionó cosas que vio de Nicaragua, cosas que no le parecieron bien, su opinión de Nicaragua, en lo que yo no tuve que ver absolutamente nada. Yo no influí en nada, ni en sus palabras, ni en lo que hizo en ese video específico”, enfatizó.
Posteriormente, Reyes Rosas tuvo que salir hacia Costa Rica y en la frontera lo retuvieron las autoridades de Migración nicaragüense. Lo interrogaron sobre el porqué había grabado con el venezolano, quién lo había contactado y por qué habían hablado del Gobierno.
“Yo solo colaboré con él. No tengo nada que ver con lo que hizo. Aparezco en esos videos porque sí, yo lo acompañé, quería colaborar con él porque en esto de creación de contenido es bueno colaborar con personas de otros países, porque se conoce más cosas y cuando uno viaja al país de él también lo puede recibir y lo puede guiar”, les respondió Reyes Rosas.
El youtuber sintió la “presión” del interrogatorio y se puso tenso, pues estuvo retenido aproximadamente media hora, tiempo en el que le quitaron el pasaporte y no le decían qué iba a pasar con él.
“Me hicieron una pregunta que me pareció tonta. Me dijeron: ‘Vos lo invitaste, ¿verdad?’ No, le digo, él venía para acá y había comprado su boleto con sus medios y todo y yo solo lo recibí”, indica.
Mientras lo hicieron esperar, Reyes Rosas vio que los funcionarios de la dictadura realizaron varias llamadas y al final le devolvieron el pasaporte, pero le hicieron más preguntas sobre hacia dónde iba, qué iba a hacer, cuándo regresaba y dónde se iba a quedar.
“¿Todo bien?”, preguntó el youtuber cuando lo dejaron ir. “No te preocupés. Si todo lo que decís es verdad, no vas a tener problema”, le respondieron con sarcasmo, sintió él.
Cuando Reyes Rosas ya iba de regreso, en la frontera los funcionarios de Migración nicaragüense se subieron al bus, y solo a él le quitaron el pasaporte, lo bajaron y lo arrinconaron en una esquina para nuevamente interrogarlo con casi las mismas preguntas que en la salida.
Tras ser liberado, en el bus que abordó se subió un policía y viajó cerca de él hasta la terminal en Managua. Reyes Rosas sospechó que lo iba vigilando, aunque no está seguro y tal vez fue una coincidencia.
Después de eso, el youtuber pasó cuatro meses sin salir del país, hasta que en julio de 2024 viajó a Europa en gira de trabajo. Fue la última vez que pisó suelo nicaragüense.
Unos desconocidos le dieron techo
Cuando Francisco Reyes Rosas estaba en el aeropuerto de Houston y quedó claro de que no podía regresar a Nicaragua, se quedó frío, en shock, sin saber qué hacer.
Él cree que otros nicaragüenses, que viajaron en el avión al que a él no dejaron subir, lo vieron en el problema y habrían sido quienes avisaron a los medios de comunicación para que se conociera la noticia, porque él no lo hizo. No tenía cabeza en ese momento para casi nada.
Revisó la cartera y andaba menos de 200 dólares. Consultó un hotel barato y una noche de la habitación le costaba 80 dólares, más impuesto, se le hacían casi 120 dólares. Más el Uber, que le cobraba 25 dólares. No le iba a quedar nada para comer.

Recordó que unas personas que eran seguidores suyos, que no son nicaragüenses y a los que nunca había visto, le habían dicho que cuando llegara Texas los llamara para quedarse en casa de ellos. De lo que no se acordaba era en qué ciudad vivían.
Reyes Rosas les escribió contándoles lo que le estaba ocurriendo y con mucha pena les pidió ayuda.
Casi inmediatamente le respondieron, pero vivían en una ciudad que no está cerca de Houston. “Tomá un vuelo y en una hora estás acá”, le dijeron. Pero, Reyes Rosas no ajustaba para pagar el boleto. Entonces, las personas le pagaron el pasaje y también el Uber que lo llevó a la casa de ellos.
“No te preocupes. Aquí te puedes quedar mientras solucionas”, le aseguraron. Todavía Reyes Rosas creía que podía solucionar el problema en días, sin percatarse aún que la dictadura Ortega Murillo lo había desterrado de forma permanente.
Al principio, dormía en la sala del apartamento de las personas, en un sofá. Luego, lo acomodaron en una cama, siempre en la sala.
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Algunas empresas en Nicaragua le debían dinero de trabajos anteriores y, cuando se enteraron por lo que pasaba, le pagaron y él les dio algo de dinero a quienes lo estaban alojando. No mucho, porque en Estados Unidos las cosas son “cuatro veces más caras que en Nicaragua”, pero al menos intentó ayudar con los gastos de la casa.
Sin embargo, todas las marcas le informaron que ya no trabajarían con él porque no querían problemas con el Gobierno.
Pasaba todo el día acostado
A medida que adquiría conciencia de que no iba a volver a Nicaragua, Francisco o Chico Reyes Rosas fue entrando en depresión.
Pensaba en exceso. No tenía ánimos para hacer las cosas. Pasaba todo el día acostado, pero en las noches no podía dormir. No podía concentrarse en nada. “Era como un zombi”, recuerda. Incluso, se le estaba cayendo el cabello.
“No es lo mismo querer salir del país y tener ese plan de salir del país, ir con la mentalidad de que te vas a quedar ahí, vos salís y no pasa nada porque ya tenés eso en mente. Pero yo iba para mi casa, con recuerditos para mi mamá, queriendo abrazar a mi familia”, señala.
Le daba bastante vergüenza que las personas que lo habían alojado lo vieran así, sin impulso para salir adelante, sin hacer algo. “No te preocupes, aquí puedes pasar todo el tiempo que quieras”, le decían las personas.

“Siempre voy a estar agradecido con esas personas, porque sin conocerme me ayudaron. Me dieron comida, me dieron un techo. Nunca voy a olvidar a personas que no me dejaron morir en este país”, afirma Reyes Rosas.
Tuvo que ir al hospital porque estaba mal, le dolía el cuerpo, la cabeza y la espalda. Lo diagnosticaron con ansiedad. “Me explicaron cómo el estrés causa muchas cosas negativas en el cuerpo del ser humano y eso me estaba pasando a mí”, dice.
“Me estresaba porque no sabía qué hacer. No sabía si existía la posibilidad de vivir acá (Estados Unidos) de verdad, porque no sabía cómo tenía que hacer aquí, cómo pagar, yo sé que es caro, porque yo anteriormente he venido a Estados Unidos y no es lo mismo venir como turista que vivir aquí. No es lo mismo ganar lo que ganaba en Nicaragua que ganar lo que ganaba para vivir en Nicaragua, pero vivir en Estados Unidos”, añade.
En esos días, Reyes Rosas hablaba consigo mismo: “Vamos a salir de esto. Dale, Chico, vos podés”, se autoterapeaba.
Fue su propio psicólogo
Francisco Reyes Rosas sabía que no podía seguir desanimado. “No puedo echarme a morir. Estoy vivo, estoy libre, tengo la oportunidad de seguir haciendo cosas, me duele que no voy a poder ver a mi familia, pero estoy vivo. Y libre, entonces tengo que buscar cómo salir de este estado anímico”, se decía.
Poco a poco comenzó a comer más sano, a salir a caminar y a correr. “Yo fui mi propio psicólogo. Yo solito me levanté con la ayuda de esas personas, pues yo hablaba con ellos. Eso me ayudó bastante porque en un país tan solitario y pasar por un proceso como el que pasé yo, y no hablar con nadie, esa combinación hubiese sido fatal para mí a largo plazo, pero logré salir de todo eso”, explica el youtuber.
En el comedor del apartamento de las personas comenzó a trabajar, pues ahí colocó su computadora, los micrófonos y ahí editaba, tratando de serenar la mente.

Con lo que comenzó a generar, trataba de ayudar a las personas que lo acogieron y también compró ropa y un mueble que encontró en una página web que oferta cosas “baratas”.
Pasados unos meses, las personas le dijeron que se iban a mudar a un lugar más grande y que si quería irse con ellos. Ahora, renta una habitación y convive siempre con las personas que lo recibieron, a la vez que aporta para los servicios básicos.
“Me he estado estabilizando porque con lo que yo generaba en Nicaragua, yo vivía bastante bien, pero con lo que yo generaba en Nicaragua, aquí en Estados Unidos la historia es completamente diferente”, indica.
Continúa trabajando como youtuber y se dedica a viajar dentro de Estados Unidos. Tuvo que cambiar sus redes sociales y explicarle a su audiencia que ya no iba a publicar contenido de Nicaragua.
“Sigo tratando de vivir de lo que más me gusta hacer. No ha sido fácil, pero poco a poco se van acomodando las cosas”, finaliza diciendo.
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