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Henry Ruiz se convirtió hace pocos días en el segundo de los nueve comandantes sandinistas que gobernaron Nicaragua en los años ochenta que es puesto bajo “casa por cárcel” por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El primero fue Humberto Ortega, quien murió como prisionero político de la dictadura de su hermano y su cuñada en septiembre de 2024.
Desde el pasado sábado 8 de marzo, la Policía del régimen no permite que nadie visite a Ruiz en su casa en Los Robles, ni tampoco lo dejan salir a él del inmueble. Sus allegados consideran que existe el riesgo de que “en cualquier momento se lo pueden llevar” a una cárcel y que lo despojen de su casa.
Ruiz denunció, desde antes de las protestas de 2018, que Ortega, también uno de los nueve, había instaurado una nueva dictadura en Nicaragua y, en 2010, lo llamó “asesino y violador de la Constitución Política” cuando Ortega se encaminaba a ser nuevamente candidato presidencial en 2011, a pesar de que se lo prohibía la Carta Magna.
Sin embargo, tras 2018, en los últimos años Ruiz había optado por el silencio para no ser víctima de la represión de los Ortega Murillo.
En la guerrilla sandinista le llamaban “Modesto”, pero a él no le gustaba ese seudónimo. Lo consideraba “chapiollo”. Prefería que lo apodaran “Pedro”, mote con el que se internó en las montañas del norte de Nicaragua en mayo de 1970, para combatir desde ahí a la Guardia Nacional del dictador Anastasio Somoza Debayle.
Ruiz terminó quedándose como Modesto porque consideraba como sus “hermanos” de lucha a quienes le habían puesto así, entre ellos los guerrilleros sandinistas Filemón Rivera y Jonathan González.
“Ignoro las razones que hayan tenido para hacerlo (ponerle el seudónimo). No sé si era un poco de ironía o era un poco de broma al nuevo guerrillero que entraba a la montaña, así que no tengo que ver nada con este seudónimo”, explicó Ruiz en los años ochenta, en una entrevista con el extinto periódico El Nuevo Diario.
Aunque su principal simpatía era netamente con el socialismo, pues provenía del Partido Socialista Nicaragüense (PSN), pronto Ruiz se convertiría en uno de los principales líderes de la guerrilla sandinista.

En la década de 1970, pasó siete años en lo más recóndito de las montañas del norte nicaragüense y dirigió una de las tres facciones en las que se dividió el Frente Sandinista (FSLN), la llamada Guerra Popular Prolongada (GPP), que pugnaba por acumular fuerzas campesinas para luego avanzar a las ciudades e insurreccionar a la población para derrocar a Somoza.
En marzo de 1979, cuando se produjo la unidad del sandinismo, empujada por el dictador cubano Fidel Castro, y a pocos meses de la caída de Somoza, Ruiz integró la Dirección Nacional definitiva del FSLN que gobernó a Nicaragua en la década de 1980, cuando Ruiz pasó a dirigir la economía del país desde el Ministerio de Planificación, aunque, en 1985, le restaron poder ubicándolo como ministro de Cooperación Exterior.
Tras la derrota electoral del sandinismo en 1990, Ruiz pasó a ser el tesorero del FSLN y, en 1994, le disputó sin éxito la candidatura presidencial del partido a Daniel Ortega. Todavía permaneció dentro unos años más, pero, en marzo del 2000, renunció definitivamente al FSLN luego de que Ortega pactó con el entonces presidente Arnoldo Alemán para repartirse el poder entre ambos y, de paso, aniquilaron la reforma agraria que Ruiz defendía mucho.
Un niño pobre
Nacido en el barrio La Pila Grande, en Jinotepe, Carazo, en 1943, Ruiz creció en la pobreza. De los nueve comandantes sandinistas, Ruiz fue el más pobre.
El papá, Leandro Ruiz López, era comerciante de madera, pero fracasó “en la etapa final de su vida”, confesó Ruiz en una entrevista a la revista 7 Días, del periodista Luis Hernández Bustamante. Y la poetisa Gioconda Belli, que fue pareja sentimental de Ruiz, escribió en su libro El país bajo mi piel que el padre de Ruiz “era una figura ausente que desaparecía por largos meses, navegando por el mundo en barcos mercantes”.
La madre, Ana Francisca Hernández Carrillo, planchaba ropa ajena para mantener el hogar.
“Mi niñez fue como toda la de los pobres. Tenía que trabajar, hacer mandados, estudiar. Quedaba poco tiempo disponible para jugar. Cuando estaba en sexto grado daba clases a los de tercero y cuarto grado y algunos hasta me pagaban. Vendía en las calles sopa de mondongo, tortillas, rosquillas, tortilla dulce, también vendí el periódico Novedades de la familia Somoza”, dijo Ruiz al periodista Hernández Bustamante.
Sin embargo, fue buen estudiante. En la primaria, fue elegido mejor alumno del departamento de Carazo y en secundaria fue el mejor estudiante del colegio Juan José Rodríguez.
Ruiz tenía uno tíos que eran carpinteros y albañiles, sindicalistas, y fueron quienes lo iniciaron dentro del partido socialista, diciéndole que “el socialismo era mejor” de lo que se estaba viviendo en Nicaragua bajo la dictadura somocista.
“En ese tiempo se hablaba mucho de la Unión Soviética, el Sputnik, la perra Laica que fue al espacio, etcétera. Todas esas cosas iluminan e ilustran la inteligencia y la imaginación de los jóvenes y eso a mí me pegó”, reveló Ruiz en la revista 7 Días.
Luego escuchó hablar de Sandino, que había sido “un hombre valiente, guerrillero que se les había parado a los machos (marines estadounidenses)”. “Mi abuela materna también me decía que él era un hombre bravo, y su valentía me atrajo”, admitió Ruiz.

A pesar de que su madre le pedía que no se metiera en política, porque era “una porquería”, Ruiz terminó militando en el PSN, partido que lo becó para que en 1966 fuera a estudiar física matemática a la Unión Soviética, en la Universidad Patricio Lumumba.
Estando Ruiz en Moscú, los sandinistas pretendieron establecer una base en la montaña, pero, en agosto de 1967, fueron atacados por la Guardia Nacional y fallecieron 13 guerrilleros en el cerro Pancasán, en Matagalpa.
La noticia de ese hecho hizo que Ruiz se decidiera por ingresar al FSLN, pues consideraba que la lucha armada era lo único que podía botar a la familia Somoza del poder.
Se conoció posteriormente que Ruiz fue expulsado de la universidad en Moscú, pero él asegura que provocó esa expulsión porque solo había tres formas de salir de la Patricio Lumumba, a través de la graduación, de un permiso académico o la expulsión. Él había pedido “la baja”, pero las autoridades universitarias le indicaron que solo podía salir expulsado.
A través de la embajada de Cuba en Moscú, Ruiz se contactó con los sandinistas que estaba en esa isla y luego viajó a la misma para ser entrenado militarmente durante tres meses. “Nadie me reclutó” para entrar al Frente, ha afirmado Ruiz.
En la montaña
Antes de salir de la Unión Soviética, Ruiz pagó una operación para que le quitaran un lunar que tenía arriba de la ceja derecha, pues ya había decidido que iba a tomar las armas en Nicaragua en contra de los Somoza.
“Si me lo hubiera dejado, hubiese sido un blanco fácil del enemigo”, dijo en los ochenta a El Nuevo Diario.
Tras en el entrenamiento en Cuba, se internó en la montaña a partir de marzo de 1970 y, un año después, la Dirección Nacional del FSLN le comenzó a dar cargos de dirección como segundo jefe de la columna guerrillera Pablo Úbeda, a como se le conocía a Rigoberto Cruz, uno de los fallecidos en el ataque de la Guardia en Pancasán, en 1967.
De piel clara, estatura baja, pero de complexión robusta, de cabello y ojos oscuros, Ruiz era fácilmente reconocible entre los campesinos en la montaña, especialmente entre los jueces de mesta, que eran los informante de la Guardia Nacional en aquellos años de guerra.
La mayoría de la actividad guerrillera de Ruiz fue en la montaña, salvo ciertos momentos puntuales que estuvo en la ciudad, como en 1974, cuando ayudó a planificar la toma de la casa del exfuncionario somocista José María “Chema” Castillo, ocurrida en diciembre de ese año, un golpe fuerte al somocismo y que produjo la liberación de presos políticos, entre ellos el actual dictador Daniel Ortega.
En esos años, Ruiz se ganó la fama de destacado guerrillero. Gioconda Belli llegó a decir que era “una versión nicaragüense del Che Guevara”, pues comandó la guerrilla sandinista “durante siete años en las montañas del norte del país”.
De los nueve comandantes sandinistas de los ochenta, Ruiz fue el más destacado en haber tomado las armas, seguido de Bayardo Arce y Carlos Núñez, quienes se destacaron en la guerrilla urbana principalmente.
Sin embargo, hay quienes consideran que Ruiz siempre evadió combatir a la Guardia y más bien usó a la montaña como un refugio, donde se mantuvo aislado. Por ejemplo, el periodista Manuel Jirón, en el libro Quién es quién en Nicaragua, afirma que Ruiz lo que hizo fue asesinar a campesinos, incluido a tres a los que les habría quitado la vida con “un formón”, herramienta que usan los carpinteros, el que aprendió a usar en la niñez a través de su padre.
“Para hacer los méritos que le exigía Carlos Fonseca, (Ruiz) se dedicó con bases puramente teóricas a fundar la columna Pablo Úbeda, que fue la universidad del terrorismo… Esta gente en realidad rehuía al combate y de allí un proyecto prolongado donde no hubiera guerra y tenían como slogan: En la montaña enterraremos el corazón del enemigo”, escribió Jirón.
Lo que Ruiz admitió, en el año 2005, es haber completado la orden para que fuera ejecutado un antiguo guerrillero sandinista de El Viejo, Chinandega, Narciso Zepeda, quien se había iniciado en el sandinismo junto Germán Pomares Ordóñez y fue acusado de poner en peligro operaciones clandestinas y la vida de sus compañeros, por parte de Plutarco Hernández, con quien Zepeda había tenido líos por razones sentimentales.
“Yo completé (la decisión de ejecutarlo) como jefe de la montaña; así eran las reglas, si los compañeros están diciendo que está poniendo en peligro la vida de otros compañeros… Yo completé la orden”, afirmó Ruiz.
Por su parte, la escritora Matilde Zimmermann, en una biografía sobre Carlos Fonseca, menciona que Ruiz y otros guerrilleros sandinistas como Víctor Tirado, también de los nueve comandantes, “forjaron relaciones duraderas con campesinas que dieron a luz a sus hijos en la montaña”.
Zimmermann también se refirió a que Ruiz nunca bajó de la montaña en noviembre de 1976, ni tampoco subieron los líderes de la guerrilla urbana, cuando se había acordado un supuesto encuentro de varios líderes sandinistas con el fundador del FSLN, Carlos Fonseca, cerca del río Iyas, para “abordar los problemas de la división” del grupo guerrillero.
Fonseca murió a manos de la Guardia Nacional el 7 de noviembre de ese año 1976, cuando se dirigía a esa reunión.
Pudo ser jefe del ejército sandinista
Debido a la experiencia en la guerra, Henry Ruiz, Modesto, pudo ser el jefe del ejército sandinista cuando este se fundó en 1979, tras la toma del poder de los sandinistas a la caída de Anastasio Somoza Debayle.
Sin embargo, la tendencia tercerista, comandada por los hermanos Humberto y Daniel Ortega y el mexicano Víctor Tirado, ya tenía planeado ocupar los cargos más importantes del nuevo gobierno, pasando por encima de las otras dos tendencias en que estaba dividido el FSLN desde 1975, la Proletaria y la GPP, que era la que dirigían Ruiz, Tomás Borge y Bayardo Arce.
En 2010, en una entrevista para LA PRENSA con el periodista Fabián Medina, Ruiz relató que hubo una votación para elegir al jefe del Ejército y él no votó por sí mismo, sino que, a favor de Humberto Ortega, quien sí lo hizo a su favor y ganó la elección con cinco votos, quedando Ruiz con solo cuatro.
“Lo que yo no sabía es que había habido una enorme preocupación en las filas terceristas porque la tendencia era nombrarme a mí jefe del Ejército. De eso me estoy dando cuenta yo hasta ahora”, dijo Ruiz en esa conversación.
Ruiz terminó siendo nombrado ministro de Planificación, encargado de captar recursos en el exterior, a pesar de que poco después inició la guerra con los contras, que provocó la destrucción de la infraestructura productiva del país y dejó un saldo aun no determinado de nicaragüenses asesinados, aunque se ha calculado una cifra de 50 mil muertes.

El trabajo se le facilitó un poco a Ruiz porque sabía hablar ruso, que era el idioma que más se hablaba en los países socialistas, que eran a los que viajaba en busca de recursos. Ruiz ha asegurado en varias entrevistas que captó unos 600 millones de dólares, a pesar de que la Unión Soviética propiamente empezó a apoyar hasta en 1985 y lo hizo especialmente con armamento y no con dinero.
En 1985, tras las elecciones de 1984, hubo una reestructuración en el régimen sandinista de la época, y Ruiz pasó a ser ministro de Cooperación Externa, un cargo en el que perdió poder respecto a cuando estuvo en el Ministerio de Planificación.
Perdió tanto poder que, en 1988, afirmó a LA PRENSA que no fue tomado cuando se ejecutó la Operación Berta, un plan secreto del gobierno que consistió en un decreto que, a partir de las 00:00 horas del día 15 de febrero de ese año, dejó sin vigencia los billetes y monedas de córdoba, que fueron reemplazados por unos nuevos, los cuales debían ser adquiridos por la población en los siguientes tres días.
Era la época en que en Nicaragua las transacciones se realizaban con millones de córdobas y la Operación Berta dejó descapitalizada a la mayoría de la población nicaragüense.
El decreto establecía que 1,000 córdobas viejos pasarían a valer un córdoba nuevo, que solo se cambiarían billetes de 500 córdobas “viejos” para arriba, por un máximo de 10 millones de córdobas “viejos”, es decir, un máximo de diez mil córdobas “nuevos”. Así, entre personas que no lograron cambiar y personas a quienes no se le cambió todo el dinero que tenían ahorrado fuera de los bancos, muchos fueron quienes se sintieron “asaltados” por el régimen sandinista de entonces.
El rompimiento con Daniel Ortega
Tras la derrota electoral de los sandinistas en 1990, Henry Ruiz pasó a ser el tesorero del FSLN. Además, se quedó con la casa que el partido le había asignado en Los Robles, en lo que se conoció como “La Piñata”.
Fue el único bien con el que se quedó, mientras que otros de los nueve comandantes sandinistas se convirtieron en millonarios, como Humberto Ortega, Tomás Borge, Bayardo Arce y el mismo Daniel Ortega, a pesar de que casi todos no tenían nada cuando asumieron el poder en 1979.
Ruiz aseguró que, como él no tenía dinero, posteriormente unos amigos le ayudaron a pagar esa casa de Los Robles. En la actualidad, y desde hace varios años, es una casa en ruinas, sin muebles, solo adornada con retratos de Fidel Castro, Sandino y Herty Lewites, al cual Ruiz consideraba como un potable presidente de Nicaragua, pero murió en 2006, en plena campaña presidencial por el MRS, hoy llamado Unamos, que son disidentes sandinistas que se separaron del FSLN en 1995.
En 1993, Henry Ruiz sorprendió al sandinismo al declarar que era “un tesorero sin tesoro”, a pesar de que en 1990 el FSLN se había quedado con 48 empresas bajo el manejo de Bayardo Arce, Sergio Ramírez y otro de los nueve comandantes sandinistas, Jaime Wheelock, según escribió el sociólogo holandés Dirk Kruijt, en su libro Guerrilla: guerra y paz en Centroamérica.
Un año después, en 1994, Ruiz le disputó la candidatura presidencial del FSLN a Ortega, pero el elegido fue este último en el Congreso del partido en 1995.
Ruiz se mantuvo dentro del FSLN a pesar de ya no estaba conforme y de que, en 1998, Ortega fue acusado de violación por su hija adoptiva Zoilamérica Ortega Murillo.
Fue hasta en marzo del 2000 que se salió, tras el pacto de Ortega con Arnoldo Alemán.
En noviembre de 2003, fue condenado a un año de prisión por falsificación de documentos públicos, cuando los sandinistas se disputaban el control financiero de los fondos enviados por cooperantes extranjeros a la Fundación Augusto César Sandino (FACS), aunque no fue la cárcel.
Hoy, sí es reo político de los Ortega Murillo, el segundo de los nueve comandantes sandinistas de los ochenta que lo es, tras Humberto Ortega.
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