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Milagros Junieth Hernández Gómez, de 30 años y quien habita en el barrio El Recreo, en Managua, recibió el pasado 8 de marzo una llamada a su teléfono celular y se asustó mucho cuando se percató que del número telefónico del que la estaban llamando era el de su mamá, Janeth del Socorro Gómez.
Eso no podía ser. Su madre, de 51 años, fue hallada muerta el pasado 14 de enero, en una casa en el barrio capitalino San Luis, detrás de la estación policial Ajax Delgado, dos días después de que, según informó la Policía, su compañero de vida, Isaías García Alcántara, de 43 años, la mató a golpes en la cabeza, propinados con un maneral, una herramienta metálica que se usa para aflojar tornillos.
Por unos instantes, sin poder reaccionar, Milagros Junieth quedó viendo el teléfono, pero luego respondió y escuchó una voz conocida.
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—Perdónenme —dijo la persona al otro lado del teléfono.
—Que te perdone tu madre, pero nosotros no —respondió Milagros Junieth.
—Perdónenme, por favor, perdónenme.
Era García Alcántara, su padrastro, el hombre que se cree es quien mató a su madre, y Milagros Junieth no pudo seguir con la conversación. Se soltó en llanto.

Su hermana, Maryuri Hernández Gómez, de 33, que estaba a la par, tomó el teléfono y quiso hablar, pero García Alcántara, al escucharla, cortó la llamada inmediatamente.
Las hijas de Gómez han estado procurando que la Policía atrape al hombre, por lo que, tras la llamada, inmediatamente la reportaron ante las autoridades, pero sólo recibieron la siguiente respuesta: “Cuando él llame, hablen con él”. No les dijeron nada más.
Un mariachi que siempre andaba “bolo”
Hace cuatro años, Janeth del Socorro Gómez llevaba una vida tranquila junto a sus hijas en el barrio El Recreo, mientras trabajaba como ayudante de cocina en un restaurante que está en el Paseo Salvador Allende, en el Malecón de Managua. Ella era originaria de Comalapa, Chontales, pero tenía casi 30 años viviendo en Managua.
Tenía 16 años de haberse separado de su último compañero de vida, con el que procreó a sus últimos cuatro vástagos. En total, tuvo ocho hijos, un varón y siete mujeres, la menor de ellas actualmente de 22 años.
Sin embargo, trabajando en ese restaurante conoció a Isaías García Alcántara, un mariachi que toca guitarra, canta y llegaba a actuar por las noches en el Salvador Allende.
Iniciaron una relación amorosa, pero fue hasta un año después que Gómez decidió presentarlo ante sus hijas, para lo cual lo llevó a la casa en El Recreo. No lo presentó como Isaías, sino como Santiago. Es hasta ahora que su mamá está fallecida cuando se enteraron del nombre real del hombre.
“Te presento a Santiago, él es pareja mía”, le dijo Gómez a su hija Maryuri, quien saludó de mano a García Alcántara.
“Mucho gusto, soy Maryuri”, le expresó.

“No me cayó bien. Se miraba que no era una persona buena, con cara de morbosidad y andaba bolo (borracho) también”, recuerda ahora Maryuri. Las veces que Gómez llegó con García Alcántara adonde sus hijas, el hombre siempre andaba en estado de ebriedad. “Él siempre caminaba bolo. Nunca lo vimos bueno y sano”, asegura Maryuri.
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—Ese hombre no te conviene, porque mirá que anda bolo —le dijo Maryuri a su mamá.
—Sí, él anda bolo, pero fue que se echó unos traguitos. Pero no es malo él —respondió Gómez.
—La verdad es que yo te aconsejaría mejor que te apartés de él, porque este hombre no se mira buena cosa. Se mira una persona mala.
Poco después de esa discusión, Gómez se fue de la casa del Recreo para irse a vivir con García Alcántara. Primero, alquilaron una vivienda cerca del Paseo Salvador Allende, pero dos años después se trasladaron a la casa del barrio San Luis, ubicada detrás de la estación policial Ajax Delgado, donde fue hallada muerta.
Esa casa, explica Maryuri, es de una persona al que sólo identificó como Miguel, quien hizo un trato con Gómez. Él le permitió a ella vivir en el inmueble, junto a García Alcántara, y a cambio ella la iba a cuidar y a mantenerla limpia.
Desde que Gómez se fue de la casa donde vivía con sus hijas, las visitaba poco. “La llamábamos, contestaba, pero decía que no podía hablar mucho conmigo porque él se ponía malo y que no podía venir tanto porque él se molestaba”, indica Maryuri.
El hombre la golpeaba
Las hijas de Gómez no se dieron cuenta que García Alcántara la golpeaba sino hasta en noviembre de 2024, apenas tres meses antes de que la mujer fuera encontrada muerta.
La misma Gómez le contó a Maryuri, en una llamada telefónica. “Fijate que este hombre me golpeó en la espalda. Me da donde ustedes no miren que estoy golpeada”, le dijo.
Maryuri no hallaba qué hacer en ese momento del enojo que sintió, pero no podía hacer mucho porque no estaba en Managua, sino que andaba vendiendo en una hípica en otra ciudad.
Al día siguiente fue a buscar al agresor de su madre y discutió con él.
—Usted golpea a mi mamá, es un atrevido.
—Eso es mentira.
Maryuri se abalanzó sobre el hombre para pegarle, pero la madre la detuvo. “Denuncialo. Dejalo, mamá, porque ese hombre, así como él camina bolo, algún día te puede hacer daño y peor va a ser”, alcanzó a decirle Maryuri a su madre.
“Nunca lo quiso dejar porque ella decía que él iba a cambiar y que no era tan malo. Pero yo le dije, ‘si te pega dos, tres veces, hasta que te mate’”, recuerda Maryuri que le advirtió a su progenitora.
En los primeros días de diciembre de 2024, Maryuri se enteró que otra vez García Alcántara había golpeado a su mamá, por lo que se fue a buscarlo con sus otras hermanas, pero no lo encontraron.
El 23 de diciembre, los vieron de nuevo, de manera fugaz, porque él andaba nuevamente tomado.
—Mire, váyase, así no me gusta. Yo gente bola no la aguanto, no la soporto. Mejor váyase —le dijo Maryuri.
—Yo me voy y su mamá se va —amenazó él.
—Bueno, ya eso es decisión de ella.
Maryuri recuerda que vio como su madre, ciegamente, se fue con él. Los volvieron a ver hasta el 6 de enero de este año 2025, porque ambos llegaron a la casa del Recreo. García Alcántara, a como siempre lo vio Maryuri, andaba en estado de ebriedad y, delante de las hijas de Gómez, le dijo: “Andas buscando que te meta tu vergazo”.
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Maryuri entonces lo increpó, porque todavía no había tenido oportunidad de hacerlo desde los primeros días de diciembre.
—¿Qué dijo?
—No, es un decir nada más, pero yo a su mamá…
—Usted golpeó otra vez a mi mamá.
—No, para nada. ¿Verdad que no, Janeth?
Gómez miró a su hija Maryuri, pero hizo silencio.
—Hablá, mamá.
—Yo ya me voy.
—Hablá, mamá, vení. Hablemos.
—No, yo ya me voy.
Gómez y García Alcántara se fueron. Fue la última vez que Maryuri y sus hermanas vieron con vida a su madre.
“Ya no la miré, sólo hablé con ella (por teléfono), pero no me confirmó si él la había vuelto a golpear o no. Me imagino que ella estaba amenazada por él, porque a él no le gustaba que habláramos con ella a diario, porque siempre tenían sus problemas porque yo la llamaba o alguna de mis hermanas”, asevera Maryuri.

Las últimas interacciones de Maryuri y sus hermanas con su madre fueron a través de llamadas telefónicas, pero se trataron de conversaciones escuetas.
El 7 de enero, un día después de la última vez que la vieron, Gómez llamó a Maryuri, le dijo que estaba bien, que andaba vendiendo cigarros y chiverías de manera ambulante en la rotonda de Bello Horizonte.
El 8 y el 9 volvieron a hablar. El 9 sería la última vez, pero fue una conversación rara. “No te puedo contestar porque tengo lleno. Ahí llego a la casa el lunes”, dijo Gómez.
A Maryuri le llamó la atención que su madre dijera que tenía “lleno”, pero sólo alcanzó a decirle: “Dele pues, cuídese”.
El domingo 12 la llamó, pero Gómez no contestó. El lunes la esperó, porque ella había dicho que ese día llegaría a la casa del Recreo, pero no llegó. La llamaron, pero Gómez tampoco contestó.
“Yo la estuve llamando el domingo y el lunes, pero no contestaba. Nos preocupamos porque mi mamá siempre contestaba. Va de llamar y llamar, pero no contestaba”, dice Maryuri. El martes 14 de enero, las hijas de Gómez conocieron el fatal destino de su madre.
Una cámara grabó los últimos movimientos
Miguel, el dueño de la casa donde vivían Gómez y García Alcántara, estaba fuera del país, pero regresó el lunes 13 de enero de este año 2025, un día después de que Gómez fue asesinada.
Ese lunes, Miguel se fue del aeropuerto directo a otra casa que tiene y hasta el martes se dirigió al inmueble donde estaba Gómez. Fue quien la halló muerta y dio aviso a la Policía.
Ese mismo martes, llegaron donde Maryuri unos policías vestidos de civil con la cédula de identidad de su madre. “Me dijeron de la muerte de mi mamá, que la pareja de ella la había matado con un maneral, que le había dado en el pecho y en la cabeza. Que fuera a la estación (policial más cercana) a poner la denuncia”, dice Maryuri.
Videos grabados por cámaras de seguridad, que están en poder de la Policía —asegura Maryuri— muestran que el domingo 12 de enero Gómez salió del baño envuelta en una toalla y entró a su habitación, que está en un segundo piso.

De esa misma habitación salió García Alcántara, bajó las escaleras y se metió en un cuarto que está en el piso de abajo. Luego, salió con un maneral en las manos, subió las escaleras, entró nuevamente en el cuarto donde estaba Gómez, en el que ambos dormían, y de ahí volvió a salir con una maleta y se fue. La que ya no salió de ese cuarto fue Gómez. “Él mata a mi mamá el domingo 12”, dice Maryuri.
Gómez tenía golpes en el pecho, al lado derecho, pero los que la mataron fueron los que recibió en la cabeza. Fueron varios en esa zona. Es posible que Gómez haya intentado evadir los golpes, porque también presenta lesiones en los brazos. “No pudo con la fuerza de ese hombre”, dice su hija.
Según le dijo la Policía, García Alcántara habría golpeado primero en el pecho a Gómez, pero ella se dio vuelta, quizá tratando de escapar, presumen, y él le dio en la cabeza por detrás. Gómez cayó boca abajo y así fue encontrada.
“No queremos problemas con la Policía”
Desde que la Policía llegó ese martes 14 de enero para informar sobre la muerte de Gómez, Maryuri y su hermana no han vuelto a tener noticias del caso.
Tampoco saben mucho sobre el principal sospecho de haber dado muerte a su madre, pues ellas nunca conocieron a un familiar de García Alcántara. Sólo saben que tiene hijos en los barrios capitalinos Hugo Chávez y Ciudad Belén, que es originario de Matiguás, Matagalpa. Además, que es músico y que sólo aprobó la educación primaria.
“Yo siempre llamo a la estación, a preguntar si han resuelto algo y sólo me dicen que nada, que nada y que nada”, dice Maryuri.
Pocos días después del femicidio de Gómez, en varios medios de comunicación se publicó que García Alcántara había sido capturado, pero la información es falsa, aclara Maryuri.
Ella y otras de sus hermanas fueron a un canal de televisión para esclarecer la información, pero en el mismo les dijeron: “No le podemos tomar esa foto, ni esas declaraciones, porque no queremos tener problema con la Policía”.
Más de dos meses después de la muerte de su madre, Maryuri y sus hermanas están pendientes de que el responsable sea atrapado, más preocupadas ahora porque les ha llamado para pedirles perdón.
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