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Pedro Pablo Dávila Solórzano, un campesino de 42 años de edad de la microrregión de Ayapal, en San José de Bocay, Jinotega, tenía una compañera de vida con quien procreó dos hijos, actualmente de 12 y 13 respectivamente.
Sin embargo, hace más de un año se separó de su compañera y se fue a vivir solo a una casa en la comunidad Turuwas, en Ayapal, donde tiene un terreno con maíz sembrado y “unas vaquitas”, además de una moto negra Suzuki en la que recorría los caminos de tierra de la zona, en la misma en la que tiempo atrás, junto a su excompañera, llegaba a “vender ropa” y por eso conocía bien el lugar.
Según contó recientemente en los juzgados de Jinotega, creció viendo que “era normal que un hombre se lleve a una muchacha joven” para convivir maritalmente.
Así, en mayo de 2023, comenzó a enamorar a una vecina que apenas tenía 12 años de edad en ese entonces y que vivía contiguo a la casa de él. Una niña, literalmente. “Estás muy bonita. Me gustás. Te prometo que me voy a casar con vos”, le decía.
El hombre fue muy insistente durante varios meses hasta que, en abril de 2024, la convenció para que fueran novios.
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En casa de la niña, a Dávila Solórzano lo consideraban “de confianza. Según acusó después la Fiscalía, el hombre entregaba ese dinero para que los padres le permitieran andar con la niña y no lo denunciaran.
“Yo llegaba normal a la casa (de la niña). Me quedé solo como un año y la vi soltera y me gustó la chavala. Y ella también (gustó de él). Y le pedí permiso a los papás”, contó Dávila Solórzano en los juzgados.

Se la llevó a escondidas
Un mes después de que empezaron a ser novios, y a pesar de que jalaba con la niña con el consentimiento de los padres, Dávila Solórzano la persuadió para que se fuera con él a escondidas.
A las 11:00 de la noche del 10 de mayo de 2024, cuando la niña ya había cumplido los 13 años de edad, se la llevó a una comarca vecina que se llama Sibiwas número Dos, siempre en Ayapal y ahí, en palabras que usó la misma niña, hicieron “lo que un hombre hace con una mujer”.
“A mí me gustaba, jalé seis meses y me fui con él porque me quiere y yo a él. Me llevó a la casa que tiene en Sibiwas. Ahí me besó…”, relató la infante en una prueba anticipada en el juicio que se le hizo a Dávila Solórzano por el delito de violación a menor de 14 años, pues las autoridades no permitieron que ella estuviera en el juicio para evitar que se viera con el hombre.
Además, la niña está en Managua, bajo resguardo del Ministerio de la Familia, Adolescencia y Niñez (Mifan).
La infante aseguró que con la única persona que ha sostenido relaciones sexuales es con Dávila Solórzano, pero también reveló que antes de él ya había tenido otro novio que era “mayor” que Dávila Solórzano.
El hombre y la niña no estuvieron mucho tiempo en la comarca Sibiwas número Dos, porque a los pocos días se trasladaron a la casa de los padres de ella, donde les permitieron construir una casa en el fondo del terreno. “Le hice casa como a unas cuarenta varas de distancia (de la casa de los padres de la niña)”, afirmó él.
Ahí vivieron seis meses y la niña contó que tomaba pastillas que el hombre le compraba para no quedar embarazada. Además, siempre andaba junto a Dávila Solórzano en la moto de él. “Pablo me daba todo. Me compraba ropa y me llevaba a todos lados”, dijo.
Capturados en un retén
El 13 de diciembre de 2024, en la moto negra, Dávila Solórzano y la niña viajaban hacia Ayapal a comprar frijoles, cuando, a unos 500 metros del puente de esa localidad, unos policías que realizaban un retén les hicieron parada.
El oficial Hermes Domingo Zelaya recordó que, después de haberle pedido que apagara el motor y le dijera el nombre, Dávila Solórzano también le indicó que su acompañante era su sobrina. Sin embargo, luego cambió la versión y confesó que era su marido.
El capitán Pedro Hernández, otro oficial que estaba en el retén, lo que recuerda es que la niña se puso nerviosa. Primero dijo que el hombre era su tío, pero después que era “su hombre”.
A las 8:00 de la mañana de ese día, y tras consultar la situación con el superior, los oficiales trasladaron a la pareja a la delegación policial de Ayapal, donde continuaron interrogándolos.
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También entrevistaron a los padres de la niña y la mamá, María Adelayda García, se limitó a confirmar que el hombre era de confianza de la familia, que eran vecinos, que siempre pasaba por la casa y después, cuando la niña había cumplido los 13 años de edad, se la llevó para hacerla su mujer.
Aunque la madre no quiso denunciar al hombre, sí dio el consentimiento para que el oficial Hermes Domingo Zelaya lo hiciera, ya que, en casos de abusos sexuales a menores de edad, los policías pueden hacerlo en caso de que no haya alguien más que lo haga, explicó el propio Zelaya en el juicio.

Una extraña decisión judicial
Dávila Solórzano quedó detenido para ser enjuiciado y a la niña las autoridades la trasladaron a un albergue del Mifan, para realizarle todo tipo de exámenes en busca de algún embarazo, enfermedad de transmisión sexual o afectación psíquica o emocional.
Sin embargo, lo único que la psicóloga comprobó es que la niña está preocupada por el hombre. “Déjenlo libre. Él tiene tierras que trabajar”, pidió la menor.
La psicóloga Vicenta Gutiérrez explicó que la niña no vivió de manera traumática la relación con Dávila Solórzano debido a que había “gratificación” de parte del hombre, es decir, la halagaba con regalos. “Hay gratificación de la persona agresora hacia ella, que puede ser manipulada porque tiene inmadurez emocional”, indicó la especialista.
La jueza que procesó al hombre, Engracia Inés Flores, concluyó lo mismo.
“La psicóloga dice que no encuentra daño psíquico, porque la niña no lo vivió de manera dramática, sino que lo vio de una manera bonita. Caminaba en moto y ella actuaba como adulta. El acusado le estaba brindando todo, terreno, casa, vaquita. Ella estaba ilusionada”, manifestó la judicial.
Luego, dirigiéndose a Dávila Solórzano, la jueza le reclamó que él como el adulto sabía lo que quería, pero la niña no. “De aquí a diez años ella va a tener 23 años y vos vas a tener 62 años, ya no son los mismos intereses”, le recriminó.
A pesar de que lo declaró culpable, la judicial fue benévola con el hombre, después de que este último admitió que había sido “un error” llevarse a vivir con él a la niña.
Seguidamente, la jueza dijo: “Te declaro culpable como un error de prohibición vencible. Te doy un error de prohibición vencible”, insistió, y procedió a imponerle una pena muy por debajo de los 20 o 25 años de cárcel que debían ser.
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“Esta judicial te impone la pena de cinco años de prisión. Es para que hagas un cambio de conducta, que lo que hiciste es un delito, a las niñas y adolescente no se tocan. Vos tenés algo importante Pedro Pablo. Sos papá. Tenés responsabilidades. Sin embargo, actuaste como si eso era algo normal, con el consentimiento de sus padres, que hasta te dieron un solar para que le hicieras la casa”, agrego la judicial.
La explicación del porqué al hombre lo declararon culpable como un “error de prohibición vencible la dio su defensor, Roberto Matamoros: “Él creía que era algo normal (convivir maritalmente con una niña de 13 años de edad). Lo naturaliza porque el papá y la mamá de la víctima lo veían normal. Él creía que estaba obrando bien, pero la ley no”.
Mientras la niña está bajo terapia en Managua, Dávila Solórzano ya cumple la condena a la que fue sentenciado en el Sistema Penitenciario de Waswalí.

2,000 niñas embarazadas cada año en Nicaragua
Las uniones tempranas, a como le llaman a la unión marital de un menor de edad con un adulto, son frecuentes en Nicaragua, especialmente en el campo, a pesar de que ya se está en el año 2025, cuando se supone que ese tipo de situaciones deberían estar erradicadas, comenta a la Revista DOMINGO una defensora de mujeres y niñas bajo anonimato.
“Es un problema muy marcado en niñas de 11 y 12 años en el campo, con parejas mucho mayores que les triplican la edad”, comenta.
La especialista afirma que, en promedio, en los últimos tiempos, unas 2,000 niñas nicaragüenses resultan embarazadas cada año. “El problema está agudizado en las áreas rurales, aunque también en lo urbano”, señala.
La defensora de mujeres indicó que algunas veces las niñas se van con los hombres huyendo de la violencia que hay en sus casas o por pensamientos erróneos, que la mujer debe estar a cargo de un hombre.
“Hay que abordar el problema porque se está empujando a las niñas a relaciones sexuales tempranas y a una vida super adultada. La niña no termina de crecer ni mental, ni emocional, ni psíquicamente y les roban los sueños cuando adoptan un comportamiento adultado, al hacerse cargo de una familia y de hijos”, lamenta la especialista en temas de género.
Además, añade, las uniones tempranas están asociadas a embarazos y enfermedades de transmisión sexual, así como a la violencia y muchos otros problemas.
En ese sentido, acusó, Nicaragua está aplazado. “Se construyen casas maternas y las primeras que salen en las fotos son niñas”, se queja.
La activista denuncia que en el país está normalizado el acoso callejero, la violencia sexual y el embarazo adolescente.
Por último, la defensora de mujeres sugiere que en el país se debe de volver al “modelo ecológico” con el que se venía trabajando antes de que la dictadura de Daniel Ortega y Ortega Murillo eliminara a todos los organismos que trabajaban el tema.
“Es una estrategia a largo plazo, para cambiar problemas estructurales como la violencia de género y el embarazo en adolescente. No es que se va a acabar de la noche a la mañana, porque es un proceso de deconstrucción del pensamiento, mitos y creencias. Toda esa realidad hay que transformarla de manera integral, con todos los sectores de la sociedad”, concluyó.
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