Bryam Rubén Aguinaga Amador, estudiante de contabilidad fallecido cuando le cayó un árbol de eucalipto en los pasillos de la Universidad de Costa Rica (UCR). LA PRENSA/ CORTESÍA

Un árbol mató a un joven y sus sueños de reparar la casa de la abuela en Ometepe

Un eucalipto de 14 metros de altura cayó cerca de la Facultad de Derecho de la reconocida Universidad de Costa Rica (UCR) justo en el momento en que iba pasando Bryam Rubén Aguinaga Amador, quien soñaba con adaptarle la casa a su abuela no vidente en la isla de Ometepe.

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Los nacatamales y la sopa de pescado eran las comidas predilectas de Bryam Rubén Aguinaga Amador cada vez que desde Costa Rica visitaba a su abuela materna Martha Argentina Flores Cruz en la isla de Ometepe, Rivas, lo cual hacía todos los meses de diciembre de cada año. En este 2024 no había excepción. Se estaba preparando para que celebraran su cumpleaños número 24, el 24 de diciembre, y el 71 de ella un día después.

“Cada vez que venía, iba a la iglesia conmigo”, dice Martha Flores.

El joven era costarricense, nacido en San José, pero de padres nicaragüenses, Karla Patricia Amador Flores y Ariel de Jesús Aguinaga Amador, quien falleció hace 12 años. A pesar del apellido Amador de ambos, no eran parientes.

Bryam Rubén Aguinaga Amador, a la derecha, con su abuela materna Martha Flores Cruz al centro. LA PRENSA/ CORTESÍA

Al muchacho solo le faltaba un año para graduarse como contador público en la Universidad de Costa Rica, la UCR a como le llaman, y uno de los sueños que tenía era empezar a trabajar pronto y ganar el dinero suficiente para ir a Ometepe a mejorar y adaptarle la casa a su “abuelita”, quien, debido a una enfermedad, es no vidente, pero logró conocer al nieto porque perdió la vista cuando Aguinaga Amador tenía 4 años de edad.

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Aguinaga Amador era “el bastón” de su mamá, a como dice ella refiriéndose a que su hijo le era de mucho apoyo. “Éramos un equipo”, dice Karla Amador, quien en estos momentos se mantiene sedada para soportar la ausencia de su hijo.

El pasado viernes 8 de noviembre, cuando faltaban tres minutos para que se cumplieran las 9:00 de la noche, debido a las lluvias que se han precipitado en estos días en Costa Rica, la caída de un árbol de eucalipto, de 14 metros de altura, le quitó la vida a Aguinaga Amador cuando acaba de salir de una clase en la UCR.

Un joven “pulseador”

Si en la semana estudiaba en la UCR, en los fines de semana Aguinaga Amador le ayudaba a trabajar a su madre y al esposo de ella, el costarricense Claudio Varela López, a quien el joven trataba como a un padre.

“Él se refería a mí como su papá. Soy el hijo de don Claudio, decía”, cuenta Varela López.

En San Juan de Dios de Desamparados, San José, se realiza los fines de semana una feria a donde Karla Amador y su esposo llegan a vender frutas y verduras y su hijo siempre estaba ahí para ayudarles. En la noche en que murió, el joven estaba saliendo de clases para dirigirse al tramo de la mamá en la feria, porque al día siguiente era sábado.

“Él me llevaba a buscar los productos. Salía de la universidad y se iba donde nosotros para amanecer el sábado en la feria”, dice su madre.

Karla Amador, originaria de San Rafael del Sur, en Managua, llegó a los 14 años de edad a La Carpio, en San José, donde vivían unos primos, cuando era un lugar temido por su peligrosidad.

Trabajando la tierra con su padre adoptivo, Claudio Varela López. LA PRENSA/ CORTESÍA

“Llegué buscando mejores condiciones, porque no seguí estudiando. En San Rafael del Sur yo estaba en quinto grado. Y cuando vine aquí (San José) me puse a trabajar. Me buscaban para lavar, planchar y limpiar”, dice Amador.

Un año después, cuando tenía 15 años de edad, dio a luz a Bryam Rubén. “Desde chiquito fue muy inteligente. Nunca fue malcriado. Mi hijo era completo”, dice la mujer, indicando que nunca tuvo una queja contra el muchacho.

Aguinaga Amador se bachilleró en el Colegio Técnico Profesional de San Mateo, Alajuela, donde vivía desde que su madre se casó con Claudio Varela López y donde ella sale a vender ambulante para ayudar a su marido en el sostén del hogar. No son dueños de fincas, pero compran y revenden frutas y verduras. En esas ventas ambulantes, el joven también ayudaba a su mamá, acompañándole en las calles.

En Costa Rica, a personas así les llaman “pulseadores”, es decir, trabajadores o “chambeadores”, como se dice en Nicaragua.

“Lo de él eran los números”

En los últimos años, Aguinaga Amador vivía hablando de que necesitaba agarrar experiencia en la contabilidad y le urgía empezar a trabajar.

“Lo de él eran los números. Solo le faltaba un año para terminar sus estudios y decía que en este otro año (2025) ya tenía que buscar cómo adquirir experiencia”, contó su padrastro, o su padre, como él decía.

“Ya tenía las puertas abiertas porque dijo que le habían llamado de un lugar para ser auxiliar de contabilidad, iba a combinar el trabajo con el último año de estudio”, sigue diciendo Varela López.

El comunicado de la UCR.

Además de adaptarle la casa a su abuela materna, para que se le hiciera más fácil vivir como no vidente, Aguinaga Amador tenía otros sueños, como terminar la casa de sus padres en San Mateo y ayudarle económicamente a un hermano menor, hijo de su padre biológico fallecido, pues tiene problemas físicos. Era algo que le prometió al papá, antes de que falleciera este último.

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Todos esos sueños se fueron al traste cuando le cayó encima el árbol de eucalipto en la UCR. Según las autoridades de la universidad, ya estaba planificado que el árbol iba a ser cortado el sábado 9 de noviembre, horas después de que ocurrió la desgracia.

“Mamita, ya salí de la universidad, voy donde ustedes”

El viernes 8 de noviembre se cumplió una semana de que no había internet en la casa de Aguinaga Amador, en San Mateo, Alajuela, porque con las lluvias le había caído un rayo a la antena del wifi.

Ese día, junto a sus padres, salió a las 3:00 de la madrugada para dirigirse a San José y aprovechar durante el día el wifi que ofrecen en la biblioteca de la UCR. A las 5:00 de la tarde iniciaba la clase que tenía ese día en el horario. Y saldría poco antes de las 9:00 de la noche.

Se fue con sus padres en el carro de la familia y lo dejaron en la UCR a las 9:00 de la mañana. Ellos se fueron al local de la feria, en San Juan de Dios de Desamparados.

—¿Te paso recogiendo? —le preguntó el padre.

—No papá, ha estado lloviendo y cuando salga va a estar oscuro y con mucho tránsito. Y así a usted le cuesta manejar. Yo me voy en bus.

Cuando faltaban pocos minutos para las 9:00 de la noche, Aguinaga Amador le mandó un mensaje de audio a su madre. “Mamita, ya salí de la universidad, voy donde ustedes”. En el audio, se notaba cansado, recuerda ahora Karla Amador.

La mujer calculó en una hora lo que podía demorar su hijo de la universidad a la feria y se preocupó cuando eran las 10:00 de la noche y el joven no llegaba. La tensión fue mayor cuando lo llamaba al celular y no le respondía.

“Yo me preocupé también. Me desperté y comenzamos a llamar, sabíamos que algo había pasado. Llamamos a los dos hospitales cercanos y dijeron que no había ingresado nadie con ese nombre. Entonces llamamos al 911, nos dijeron que no había ingresado tampoco ningún reporte, pero que ya quedaba anotado y que cualquier cosa nos iban a informar”, relata el padre.

La escena de la tragedia. LA PRENSA/ OFICIALES SEGURIDAD Y TRÁNSITO UCR

Los del 911 se comunicaron con la UCR porque supieron que había caído un árbol cerca de la Facultad de Derecho y 20 minutos después, le devolvieron la llamada a los padres de Aguinaga Amador.

“Respondió mi esposa y le dijeron que ya tenían el reporte y que él estaba fallecido. Mi esposa estalló en llantos y gritos y yo solo con ella. Llamé a un hermano que vive cerca”, recuerda el hombre.

Luego, los llamaron del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) para que pasaran a recoger las pertenencias de Aguinaga Amador.

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Mientras todo eso ocurría, en la universidad habían estado trabajado, junto con los bomberos, en cortar las ramas y despedazar el eucalipto que tenía prensado al muchacho.

Karla Amador fue incapaz de entrar a la morgue. Lo hizo Varela López. “Es impresionante entrar a esa morgue, ella no lo iba a resistir”, recordó el hombre.

Un dinero para cumplirle los sueños

Aguinaga Amador fue velado en Orotina, cerca de la casa de San Mateo. La UCR se hizo cargo de los gastos funerarios y el joven fue sepultado el domingo 10 de noviembre.

En estos días, sus padres están gestionando el pago de una póliza que tienen los estudiantes de la universidad. Sin embargo, también han consultado con abogados, porque entienden que hubo negligencia de parte de las autoridades universitarias al no cortar el árbol que mató a Aguinaga Amador, cuando ya una comisión forestal universitaria había recomendado que debían de hacerlo. Por eso es que tenían previsto cortar árboles el sábado 11 de noviembre en la UCR.

“Vamos a presentar una denuncia civil contra la universidad”, afirmó Varela López, quien asegura que, si obtienen el dinero, lo usarán para cumplir los sueños de Aguinaga Amador, ayudarle a su hermano paterno y adaptarle la casa a la abuela materna en la isla de Ometepe.

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