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Transcurrían los primeros instantes del nuevo año 2025 y Yaneliz Munguía Baldizón, de 10 años, jugaba con una candela romana en una acera del condado de Miami-Dade, en Florida, Estados Unidos, adonde su familia se había mudado dos años antes desde su natal León, en Nicaragua.
Sus padres, su abuelo, su hermano y otros parientes estaban junto a ella en un parqueo frente al apartamento donde reside la familia, en la avenida 27 del noroeste de la ciudad. Todos habían salido a la calle para ver la quema de pólvora con que los habitantes recibían el Año Nuevo.
Con una sudadera negra, mangas largas, y un jean celeste, la niña sonreía y saltaba mientras movía de un lado a otro la candela romana, y el cabello se le balanceaba empujado por el movimiento del cuerpo, según se observa en un video compartido en redes sociales por la familia. Todo era alegría en la niña.

Cuando el reloj marcaba las 12:04 de la madrugada, la niña se movió unos metros, pero de repente se desplomó, relató a medios estadounidenses el abuelo materno, Ramón Baldizón.
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Carlos Munguía, el padre de la niña, corrió hacia ella para socorrerla. La tomó en los brazos y la revisó, para luego soltarse en llanto al ver que su hija tenía un orificio de bala en la nuca, lo que informó a los demás entre gritos desesperados.
Llamaron al 911, pero no había una unidad cerca que pudiera llegar en auxilio.
Entonces, Munguía tomó a su hija, la subió a su carro y salió rumbo al hospital más cercano, el Jackson Memorial.
De León a Miami
Al momento de desplomarse, la niña Yaneliz Munguía tenía cinco días de haber celebrado su cumpleaños número 10, pues nació el 26 de diciembre de 2014.
Sus padres, Carlos Munguía y Yaneliz Baldizón se casaron en León un año antes, en 2013, y después de la niña, procrearon un varón, de 6 años actualmente.
En noviembre de 2022, la familia se trasladó a Miami, donde Yaneliz Munguía continuó los estudios de cuarto grado de primaria en la escuela Melrose.
La profesora de esa escuela, Murenne Philistin, recuerda a Munguía como una niña “tan dulce y tranquila” que gustaba de cuidar mucho a su hermano pequeño, quien estaba en el jardín de infantes.
En las fotos familiares se observa que la niña era muy cercana con ambos padres. En redes sociales hay varias imágenes en las que se ve a los cuatro integrantes del clan felices y unidos. En una de las últimas conversaciones que tuvo con el papá, vía WhatsApp, se lee que él llegaba por ella a recogerla a un lugar en su vehículo.
—La ubicación —le pide el papá en español.
—Ready dad (Listo, papá) —contesta ella en inglés, adjuntado la ubicación.
—Thank you (Gracias).
—I love you daddy (Te amo, papá).
—Me too baby (Yo también, bebé).
—I don´t have school tomorrow. I´m bored. And I don´t know what to do (No tengo clases mañana. Estoy aburrida. Y no sé qué hacer).
—Why? (¿Por qué?)
—I don´t know why there is no school (No sé por qué no hay clases).
—Ok a got you (Está bien, te tengo).

En junio pasado, para el Día del Padre, Yaneliz Munguía dibujó en un bloc de hojas blancas una corbata azul, a la que le puso ojos y boca y la adornó con corazones verdes. “Feliz Día del Padre. Te quiero mucho”, escribió a la izquierda del dibujo, uno que ahora tiene un valor incalculable para Carlos Munguía.
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El abuelo materno, Ramón Baldizón, también estaba muy encariñado con la niña y recuerda que cada vez que llegaba a la casa de su nieta, “ella se ponía muy feliz cuando me veía”. Ahora, a Ramón Baldizón se le hace difícil llegar a esa vivienda.
La mamá también se derretía de amor por la niña. “Mi gordita”, la llamaba. Y, para su hermano menor, Yaneliz Munguía lo era todo, también. Jugaban e iban a la escuela juntos.
Una bala perdida
Cuando Yaneliz Munguía se desplomó, en el minuto cuatro de este año 2025, nadie escuchó disparos, tal vez porque la detonación se confundió con el ruido de los juegos pirotécnicos, porque la Policía de Miami presume que quien disparó estaba cerca de donde cayó la niña.
El hermano menor vio todo lo que le ocurrió a Yaneliz Munguía, porque estaba como a dos metros de ella.
“La investigación preliminar revela que la víctima fue alcanzada por una bala perdida disparada al aire desde una ubicación desconocida por un sujeto desconocido”, escribió posteriormente la Policía de Miami-Dade en un comunicado.

Las llamadas desesperadas de la familia quedaron grabadas en los servicios del 911, tras detectarse que la niña había sido alcanzada por una bala. Como los servicios de emergencia no podían llegar en ese momento, Carlos Munguía subió a su hija en su carro y la llevó al hospital Jackson Memorial.
Mientras iban camino del hospital, una familiar seguía llamando al 911. Esta es parte de la llamada.
–La niña simplemente cayó y vamos directo al hospital porque he llamado desde hace media hora y nadie ha contestado, dice la familiar.
–¿Qué es lo que está pasando?, consulta una funcionaria de los servicios de emergencia.
–La niña desmayó. La niña tiene algo en la cabeza, pensamos que es una bala perdida. No se sabe que es lo que sucedió. Estábamos todos afuera de nuestra casa y la niña simplemente cayó y lleva algo en su cabeza y vamos en carro porque…
–¿Está inconsciente?
–Está inconsciente, sí.
–¿Ella está despierta o todavía está inconsciente?
–Ella sigue inconsciente. Desde que salió no ha despertado. Es mejor que venga la ambulancia.
–¿La niña está respirando?
–No, no está respirando.
–Señora, una cosa es estar inconsciente y otra no respirar. Yo necesito que usted chequee que ella está respirando.
–Deme un momento, a la niña no la tengo en las manos… No estoy segura si está respirando.
–Póngale la mano debajo de la nariz, chequéele el pecho si ella está respirando. Necesitamos saberlo.
–Su corazón está latiendo.
–Ok, entonces sí está respirando, quédese en la línea.
–Los padres están vueltos locos.
–Yo entiendo. Quédese en la línea, ya ellos van en camino. ¿Su respiración es completamente normal?
–La respiración no se la siento, lo que le sentí fueron los latidos del corazón. Su color está bien, no está pálida, tiene su colorcito normal.
A mitad de camino, en el área de Palm Avenue, el carro de Munguía fue alcanzado por los socorristas del Departamento de Bomberos de Hialeah, quienes finalmente trasladaron a la niña al centro asistencial.
En el hospital la declararon muerta.
Ahora, afuera de su casa, hay un monumento conmemorativo con pertenencias de la niña.
Una familia devastada
Tras la muerte de su hija, Yaneliz Baldizón Torrez y su esposo Carlos Munguía también se desplomaron, pero emocionalmente.
“Mi hija está tan demacrada que no se contiene, ella se culpa por lo que le pasó a la niña. Su padre está ahorita ahí adentro en la casa y no puede dormir, pasa todo el día llorando, no come, solo piensan en mi nieta, en mi niña”, reveló el abuelo materno, Ramón Baldizón.
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Él, por su parte, siente mucho dolor cada vez que llega a la casa y no ve a su nieta, que se alegraba siempre al verlo.
En los primeros días, la familia tuvo que mentirle al hermano menor de la niña, quien vio a su hermana caer, pero no supo qué le pasó después y siempre preguntaba cuándo ella iba a regresar. “Mañana la traemos”, le respondían.

“Mi vida no tiene sentido ahora. Te llevaste todo y ahora no quiero esta vida sin vos. Te extraño, gordita”, escribió su madre en Facebook, a los pocos días del fallecimiento de Yaneliz Munguía.
Y su padre no se cansa de recordarla, posteando recuerdos de su hija. “Te amo, bebita”, suele escribir en redes sociales.
Homicida aun desconocido
El detective J. Chaidez, de la Policía de Miami, está asignado para resolver la muerte de Yaneliz Munguía, pero hasta el momento todavía no se ha encontrado al responsable del disparo que segó la vida de la niña nicaragüense.
Incluso, las autoridades policiales de Miami consideran que es posible que el homicida ni siquiera se haya enterado en el momento de que había causado la muerte de alguien, y que haya estado celebrando el Año Nuevo disparando al aire.
La Policía ofrece cinco mil dólares a quien ayude a encontrar al tirador aun desconocido.
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