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El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha proporcionado imágenes de miles de migrantes deportados de Estados Unidos. LA PRENSA/ARCHIVO

Deportados: “Es feo que te saquen amarrado como esclavo”

Ni ellos son los mismos ni el país sigue igual: historias de nicaragüenses deportados de Estados Unidos que enfrentan una dura realidad en la tierra de la que salieron huyendo en busca de nuevas oportunidades

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El calor pegajoso de Managua golpeó el rostro de “Gabriel” en cuanto bajó del avión. El comerciante nicaragüense de 35 años regresó a su país con las manos vacías, tras ser deportado de Estados Unidos junto con otros 200 connacionales el pasado 13 de febrero.

Vestía la misma ropa con la que lo capturó el 1 de febrero el ICE (Immigration and Customs Enforcement): un jean, un suéter gris, unas botas y un gorro de lana para el frío de Thompsonville, condado de Benzie, Michigan.

Llegó a esa comunidad al norte de Estados Unidos en enero de 2021 y pronto comenzó a trabajar en una granja de frutas. Entró por Texas a pie, se entregó a la Patrulla Fronteriza y después de tres meses en varios centros de detenciones lo liberaron condicionalmente para enfrentar en libertad su solicitud de asilo.

Oriundo de un municipio de Granada, marchó en bus desde Managua hasta Guatemala a finales de noviembre. Tardó más de mes en cruzar México con un coyote que guiaba a un grupo de migrantes entre los que iban ocho nicaragüenses, incluido él.

Una vez en Texas, un mexicano al que solo apodaban “Sevilla” lo contactó con un contratista estadounidense para ir a trabajar a una granja en Thomsonville, una zona rural unas millas al norte de la ciudad de Benzie, en el estado de Michigan.

El “míster Luke”, como se refiere al contratista, les pagó los pasajes a 15 migrantes del grupo y así fue como Gabriel comenzó a trabajar y residir en las afueras del condado; hizo familia con una cocinera salvadoreña, comenzó un proceso de asilo y después de una primera entrevista con ICE se quedó esperando una cita ante un juez de migración.

La deportación fue rápida. Lo agarró “la Migra” la noche del 1 de febrero cuando salía de un supermercado; después de llevarlo detenido a una estación policial verificaron que había ingresado por tierra en enero de 2021, que no había respondido dos llamados del ICE a escuchar la negativa de asilo y que una orden de deportación en su contra estaba firme desde junio de 2023.

Estuvo detenido el fin de semana en una celda de migrantes junto con decenas de latinos más y el lunes fueron trasladados en bus a una base militar en Indianápolis, donde pernoctó unos días más hasta que los enviaron en un avión militar a la base militar de Biggs, en El Paso, Texas.

Ahí aguardó unos días más en unas barracas con barrotes y la madrugada del 13 de febrero lo sacaron a formar fila a una pista de aterrizaje donde lo esperaba un avión civil: lo encadenaron de cintura, tobillo y muñecas.

Sus pocas pertenencias le fueron requisadas y colocadas en una bolsa negra con las siglas USCIS: una cartera de bolsillo con 120 dólares, un juego de llaves del apartamento de Thompsonville, un teléfono, un par de guantes de cuero y una caja con píldoras para la gripe.

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Al menos 45,000 nicaragüenses están en listas de deportación de Estados Unidos, según datos oficiales. LA PRENSA/ARCHIVO
Al menos 45,000 nicaragüenses están en listas de deportación de Estados Unidos, según datos oficiales. LA PRENSA/ARCHIVO

“Como delincuentes”

“Nos trataron como delincuentes; nos empujaron para caminar más rápido, a gritos te daban las órdenes, a mí me dieron un coscorrón porque volteé a ver al que venía detrás de mí y un agente me jaló la cabeza para bajo”, dijo Gabriel a DOMINGO desde Managua, donde ahora vive temporalmente porque su exesposa vendió la casa para irse a otro país.

Dice que en el avión les anunciaron que iban a Nicaragua, que no tenían derecho a hacer preguntas, a levantarse de los asientos ni quitarse los cinturones de seguridad. Que si alguien quería ir al baño o pedir agua levantara las dos manos —nunca le quitaron las esposas— y esperaran a que un oficial se acercara.

Cuenta Gabriel que le quitaron las esposas uno por uno, conforme iban llamando por listas. Al acercarse a la escalinata debían firmar una hoja y luego recibían una bolsa con sus pertenencias. “Estuvimos casi dos horas en el avión porque lo más tardado era quitarte las cadenas”, narra.

Los que iban saliendo se iban formando en cola. Un oficial de Migración de Nicaragua firmó un documento de los oficiales de migración estadounidense cuando salió el último y fue entonces cuando empezaron a caminar a unos toldos, a unos 200 metros de la pista, ya acompañados de policías y militares.

Dice que, al llegar a una especie de hangar, donde había unas silletas plásticas blancas y unas mesas plásticas, los esperaban policías para tomarle los datos: nombres, números de cédula, fecha de salida de Nicaragua, oficio y dirección. Les tomaban las huellas y una foto de frente y los mandaban a esperar sentados.

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“Conmigo los policías fueron tranquilos. Nos dieron una botella de agua, nos dejaron ir al baño, nos anotaron en una lista y nos dieron 200 córdobas. No hubo discursos, ni consejos ni nada. Yo pensé que me iban a interrogar, pero no fijate, sí se llevaron a dos muchachos que parece que tenían problemas por delitos o algo así”, dijo Gabriel.

“Dos o tres horas después de estar ahí, cuando ya todos estaban registrados, nos subieron a unos buses de esos nuevos blancos, que agarraron para varios lados. Un bus agarró para Tipitapa, otro al lado de Carretera Norte, a mí me llevaron al lado del mercado Huembes y el otro bus iba para el lado de Ciudad Sandino”, relata.

Dice que al entrar a Managua tres cosas le llamaron la atención: se nota mayor desorden vial, el calor parece haber aumentado y “hay más policías por todos lados”.

Una vez pasado el impacto de la deportación, el cansancio del viaje y el asombro de su familia de verlo llegar “con las manos vacías”, se derrumbó en llanto.

“Yo me fui buscando una mejor vida para mí y mi familia y vuelvo sin nada. Ya ni mi casa está y la familia me dice que todo está más caro, que las cosas están difíciles”, confiesa y agrega que, de momento, debe razonar qué hará para sobrevivir en un país al que nota “muy extraño”.

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Desde enero habían arribado a Nicaragua más de 1700 deportados desde EE.UU. TOMADO DE 19 DIGITAL
Desde enero habían arribado a Nicaragua más de 1,700 deportados desde EE.UU. TOMADO DE 19 DIGITAL

Deportaciones no han cesado

A pesar de su retórica antiestadounidense, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha recibido en silencio a cientos de nicaragüenses deportados desde Estados Unidos.

Según una revisión de LA PRENSA a datos del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU., solo en 2024 fueron deportados 3,872 nicaragüenses, la mayoría por infracciones a las leyes de inmigración.

Entre 2021 y 2024, el número total de deportaciones ascendió a 9,694 personas. Nueva Orleans es la ciudad desde donde se han ejecutado más repatriaciones, con cerca de 3,000 personas regresadas a Nicaragua.

El 12 de febrero, un vuelo de la aerolínea SwiftAir aterrizó en Managua con 93 repatriados: 85 hombres y 8 mujeres. El régimen sandinista organizó una bienvenida oficial con funcionarios de varias instituciones del Estado y cobertura de medios progubernamentales.

Los videos y noticias de los medios oficialistas mostraron a los deportados alineados y trasladados a una oficina improvisada en el aeropuerto, donde les recibieron con una merienda, un modesto aporte económico para los pasajes, un discurso de bienvenida y un traslado en buses a varios puntos del país.

A todos les tomaron fotografías, registraron sus datos y les realizaron una revisión médica básica.

Posteriormente, algunos fueron llevados a sus lugares de origen en buses de Migración, mientras que otros fueron transportados bajo custodia a las instalaciones del complejo judicial en Managua, según reportes extraoficiales.

Desde enero del año en curso, el Ministerio del Interior reporta atención y apoyo a 1,779 personas repatriadas desde Costa Rica, México y EE.UU., lo que sugiere la llegada de múltiples vuelos semanales con deportados.

De acuerdo con datos oficiales de Estados Unidos, al menos 45,995 nicaragüenses están en la lista del ICE para ser removidos en los próximos meses.

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deportados de Nicaragua
La administración de Donald Trump estima que más de 11 millones de migrantes deben ser deportados. LA PRENSA/(Photo by Handout / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)

¿Qué país es este?

Lorenzo” tenía 40 años cuando dejó Managua en 2020. No tenía intenciones de emigrar; solo quería vacunarse contra el covid-19 con vacunas americanas en Honduras y no con las rusas que ofrecían a cuentagotas en Nicaragua.

Un día organizaron un viaje a San Marcos de Colón, Choluteca, para buscar vacunas “de las de verdad”, recuerda este extrabajador de atención al cliente en una compañía de telefonía de Plaza España, Managua.

Dice que, aunque llegaron de noche y durmieron en la frontera para estar muy temprano al otro lado, no lograron vacunarse y alguien les dijo que a 22 kilómetros había otro puesto con dosis disponibles.

En ese viaje se le abrió el camino a Estados Unidos: conoció a otros nicaragüenses que planeaban cruzar Centroamérica hasta México y terminar en la frontera con Texas. Preparó el viaje y un mes después se fue.

Su travesía fue larga y agotadora. Cruzó Guatemala y México con dificultades de acceso en casi dos meses, pero logró llegar a Texas y de ahí lo mandó a traer un cuñado que vivía en Jacksonville, Florida, desde 1998.

Allá encontró trabajo como ayudante de cocina en un restaurante costero. Lavaba platos, limpiaba mesas y trapeaba los pisos grasientos de la cocina durante 14 horas diarias. Su paga era baja, pero enviaba 300 dólares al mes a su madre y 400 a su pareja en un barrio de Managua del Distrito V.

Todo se derrumbó el 28 de enero cuando agentes de ICE irrumpieron en su lugar de trabajo a las 9:00 de la noche. Lo arrestaron junto con otros indocumentados. Apenas tuvo tiempo de despedirse de su familia y 16 días después lo subieron a un vuelo con destino a Managua.

El mismo procedimiento y argumento: tenía orden de deportación, había entrado ilegalmente y no había acreditado un proceso migratorio en el plazo que debía. Subió en silencio, solo con sus pertenencias básicas, encadenado de cintura, manos y tobillos.

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deportados EEUU
Sin más pertenencias que las que cargan en mano al momento de ser capturados por ICE, así regresan los deportados de Estados Unidos. (Photo by Alejandro Martinez / AFP)

“Ahí vi gente llorar de tristeza, es feo que te saquen amarrado como esclavo. Todos éramos nicas, gente trabajadora, creo que solo como cinco tenían causa judicial en Estados Unidos por manejar borracho o sin licencia…”, recuerda.

Ahora, de vuelta en su barrio, Lorenzo no reconoce la ciudad que dejó cinco años atrás. Percibe que todo está más caluroso, más deteriorado y triste. O quizás sea su depresión por volver derrotado.

“Uno hace sus planes, yo logré comprarle un lote en Carretera Vieja a León a una tía, pensaba construir ahí mi casa. Ahora vamos a ver qué se hace”, dice.

Le llama la atención que muchos de sus viejos amigos, vecinos de toda la vida, ya no están en Nicaragua. “Me han dicho que medio barrio se fue después que terminó la pandemia. Un vecino está hasta en Australia”, relata mediante una aplicación de comunicación encriptada.

Igual que Gabriel, este nicaragüense no tuvo problemas de ingreso, pese a que había solicitado asilo político en Florida, alegando que debido a la represión había quedado sin empleo porque a su patrón le cerraron la empresa.

Cuando le contó al policía por qué pidió asilo, aquel se le carcajeó en la cara. “Ni para mentir son buenos ustedes los puchos”, se burló.

“Lo bueno es que ahora estás en tu patria y podés trabajar honradamente, tenés suerte, los vendepatria aquí no entran ni en paracaídas”, le dijo en tono amenazante el agente que le tomó los datos en el hangar del aeropuerto donde los recibió el Ministerio del Interior.

Piensa en irse de nuevo, pero esta vez a España. “Allá dicen que hay trabajo y no te persiguen como los gringos. Yo no me vuelvo a arriesgar con Estados Unidos, pero tampoco me quiero quedar aquí”, confesó.

A su regreso a Nicaragua, policías y funcionarios del régimen reciben, investigan y envían a sus casas a los deportados.
A su regreso a Nicaragua, policías y funcionarios del régimen reciben, investigan y envían a sus casas a los deportados. TOMADO DEL 19 DIGITAL

“Volví peor que cuando me fui”

“Bismarck” tenía tres años viviendo en Anaheim cuando la migra lo capturó en diciembre del año pasado.

Este hombre de treinta y tantos años había trabajado como artesano en Masaya, pero la represión de 2018 lo obligó a irse a Costa Rica unos años y a finales del 2021 decidió irse a Estados Unidos con unos amigos venezolanos que conoció en San José.

Se arriesgó a cruzar Nicaragua y remontó medio continente hasta llegar a México e ingresar a Estados Unidos por el río Bravo.

Fue procesado algunos 90 días en un centro de detenciones migratorias en San Diego y liberado condicionalmente para llevar su trámite de asilo en libertad regulada.

Debía responder las llamadas del ICE, enviar una fotografía suya por medio de una aplicación y no salir del Estado de California, mientras esperaba una cita para asistir a corte.

Se radicó en Anaheim y conoció a una mexicana con quien se casó civil y tuvo un hijo. Hacían planes para contraer matrimonio y construir una vida; jura que nunca dejó de reportarse con las autoridades y que ignora qué pasó con su caso.

Todo se vino abajo cuando un policía lo detuvo por una infracción de tránsito. Conducía una camioneta de su cuñado, pero no tenía licencia ni papeles. Lo arrestaron el 5 de enero de 2025, lo ficharon y lo deportaron a inicios de febrero.

Igual que los demás, aterrizó en Managua encadenado, con la ropa que llevaba puesta y sin un centavo en la billetera. Su pareja desde allá le ha enviado algunas pertenencias, algo de dinero y dice que planifica con un abogado una apelación para que ella, que tiene papeles de residencia, lo pida por matrimonio civil.

Ahora vive en casa de un familiar y procura no salir, no exponerse ni hacer contacto con nadie. Sus planes son, en corto plazo, viajar a México y esperar allá los trámites que pueda hacer su pareja en EE.UU.

Dice que, aunque se alegró de volver a ver a familiares, amigos y conocidos, el país le parece más desesperanzador que cuando se fue.

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