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Marcos, médico general de 30 años, dejó Nicaragua el 1 de marzo de 2024 y emprendió la travesía irregular hacia Estados Unidos con la esperanza de solicitar asilo y acceder a mejores oportunidades laborales. Tras varios intentos fallidos de viajar legalmente mediante el programa de parole humanitario, decidió arriesgarse. Sin embargo, pese a presentar pruebas de persecución por la dictadura de Daniel Ortega, su solicitud de asilo fue denegada y quedó sujeto a un proceso de deportación.
Durante el trayecto fue secuestrado en México por el Cártel de los Zetas y retenido contra su voluntad durante un mes. Su familia tuvo que pagar un rescate para su liberación. «Estábamos en Chiapas, con vigilancia las 24 horas. Un día, uno de los guardias se descuidó y logramos escapar 11 personas, entre niños, mujeres y jóvenes. Seguimos avanzando hasta alcanzar la frontera con Estados Unidos», contó Marcos a LA PRENSA.
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El 18 de abril por fin logró entregarse a las autoridades estadounidenses y fue trasladado a un centro de detención de corto plazo en las cercanías de la frontera suroeste entre EE.UU. y México, bajo la custodia del servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), ese lugar lo describió como «la hielera».
«Los de Inmigración nos llevaron a ese lugar, conocido como la hielera, ahí estuve entre ocho o diez días, me preguntaron si iba a tramitar el asilo, yo dije que sí, confiado en que tenía todas las pruebas de que en 2018, el año de la crisis sociopolítica, ayudé y participé como paramédico para que me aprobaran mi caso», refirió Marcos.
El médico general salió de Nicaragua dado a que le era imposible, por su participación en 2018, encontrar trabajo. «Mi mamá también había sido despedida del sector salud, nos vimos fuertemente reprimidos por esa parte, sin laborar y estancados, por eso decidí irme a EE. UU.», aseguró el joven.
Cerca de cuatro meses en espera para ser deportado
Del lugar conocido como la «hielera» donde a Marcos le hicieron la entrevista de miedo creíble y la toma de huellas dactilares, lo trasladaron a una base militar para llevarlos al Centro Correccional del Condado de Adams (ACCC), en Misisipi.
«A eso de las 2:00 a.m. nos movieron, nos esposaron de pies y manos, nos montaron en unos microbuses a una base militar que se llama Santa Isabel, nos metieron en unas celdas pequeñas donde alcanzábamos tres o cuatro personas y de ahí al día siguiente nos sacaron que íbamos a tomar un vuelo hacia Misisipi», describió.
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En el Centro Correccional del Condado de Adams a Marcos le quitaron su ropa y pocas pertenencias, como documentos y celular, y le entregaron una pijama color café. «Estando allí, siempre continuaron la entrevista del asilo, vuelvo a plantear que yo tengo las pruebas. De ahí me tocó audiencia con un juez, que muchos dicen que es racista y prácticamente me negó el asilo, quise apelar, pero no tenía dinero para pagar a un abogado. Me dijeron que tenía que esperar mi proceso de remoción», comentó.

En ese lugar permaneció durante dos meses, y el connacional trataba de vivir el día a día. Contó que le tocó trabajar en la cocina del centro de detención y le pagaban 3 dólares diario. Posteriormente lo movieron de ahí al Centro Correccional del River en Luisiana, donde estuvo mes y medio.
«Ahí estuve esperando como mes y medio mientras me deportaban o removían del país, yo tuve varios acercamientos con la gente de ese lugar y siempre les expresé mi temor de regresar al país, pero el 25 de julio de 2024 nos movieron a una base militar, nos montaron en un avión con destino a Nicaragua», describió.
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Aún estando en el segundo centro de detención, Marcos aguardó con esperanza que no fue deportado debido a que muchos de los migrantes que se encontraban ahí comentaban que después de cuatro o cinco meses te dejaban en libertad.
«La gente decía que había un tiempo límite que eran los tres meses y si pasabas más eran porque te iban a liberar, esa era la gran esperanza que muchos teníamos, porque había gente que tenían hasta cinco o seis meses», compartió.
El connacional indicó que tres días antes de ser deportado, les dijeron que tenían que firmar un documento referente a remoción. «Nos explicaron que teníamos que firmarlo, pero que si no lo firmábamos igual nos iban a sacar de EE. UU., yo le dije que no podría regresar al país porque podía caer preso, que tenía temor, hasta solicité si podían hacer una excepción para que me mandarán a México para que pudiera pedir asilo, y ellos me dijeron que no se podía», afirmó.
En 2024 deportaron a más nicaragüenses
Marcos fue deportado de EE. UU. bajo la Administración del demócrata Joe Biden, y de acuerdo con una revisión realizada por LA PRENSA a datos oficiales del Departamento Nacional de Seguridad, en 2024 fueron deportados 3,872 nicaragüenses, la principal razón obedece a infracción a las leyes de inmigración de EE. UU.
Entre 2021 y 2024 un total de 9,694 nicas fueron deportados desde EE. UU. y en la ciudad de New Orleans es donde más emprendieron las deportaciones con cerca de 3,000.
Es importante mencionar que Trump regresó a la Presidencia de EE. UU. gracias a sus promesas antimigrantes, una de ellas, expulsar del país a 11 millones de migrantes. En el caso de nicaragüenses, son 45,995 los que están en la lista del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) para ser deportados, según datos obtenidos por Fox News Digital en 2024.
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En el vuelo que fue deportado Marcos venían alrededor de 200 nicaragüenses deportados de EE. UU., incluyendo mujeres y menores de edad. El avión pertenecía a Copa Airlines, de acuerdo con el relato.
El connacional contó que para todo traslado —incluyendo la deportación a Nicaragua— eran esposados de pies, cintura y manos. «Cada que nos movilizaban, sea en el avión o en bus, salíamos prácticamente como reos de máxima seguridad, íbamos esposados de las caderas, brazos y los pies, íbamos prácticamente esposados, como que fuéramos estilo Chapo Guzmán. Así subimos al avión, a nosotros nos logran liberar de las esposas, hasta que les autorizan aterrizar en el país destino».
Marcos dijo que trajo consigo las pocas pertenencias que tenía en el centro de retención, sus documentos de identidad, en este caso pasaporte, la ropa con la que se entregó, una Biblia que le permitieron tener y 200 dólares; no obstante él no retiró nada, por temor a ser retenido por las autoridades del régimen orteguista.
«Una vez que aterrizó, comenzaron a sacar a ciertas personas, como que fueron cinco o seis personas que ellos aún estaban esposados, supuestamente porque tenían delitos pendientes en el país. A nosotros los oficiales de ICE nos dieron compañía hasta cierto punto, íbamos en fila hasta cierto punto donde íbamos a pasar para que nos tomaran las huellas, fotografías, para tener registrados quiénes habían entrado, yo logré salir y evitar eso, porque era un espacio abierto, en un toldo», detalló.
El vuelo, según recordó, duró alrededor de dos a tres horas. «Lo que más nos atraso fue esperar que comenzaran a esposarte y subirte uno por uno», apuntó Marcos.