El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, junto con la primera dama, Gabriela Rodríguez de Bukele, realizó un reconocimiento póstumo al empresario Piero Coen Montealegre durante un encuentro con empresarios miembros del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi).
Coen Montealegre falleció el pasado 16 de enero, a los 83 años, en su residencia en Antigua Guatemala.
El reconocimiento fue entregado a su hijo Piero Coen Ubilla, quien agradeció el homenaje a su padre y reiteró el compromiso de continuar invirtiendo en El Salvador.
«Hoy recibo este homenaje, en su nombre, con el mismo honor que él lo hubiese hecho; no solo por la importancia del reconocimiento, sino por el orgullo de recibirlo de manos del presidente Bukele, personaje a quien mi padre respetó y admiró muchísimo, así como el resto de la familia Coen lo sigue haciendo», dijo Coen Ubilla al recibir el reconocimiento en representación de su padre, durante la actividad, que fue convocada por la presidenta de Ceapi, Núria Vilanova.
Un fuera de serie
Durante la entrega del reconocimiento, Coen Ubilla leyó un fragmento del editorial de LA PRENSA del 28 de enero de 2025, titulado: Piero Coen Montealegre: ¡Un fuera de serie!
«Por parte de la familia Coen y de su grupo de empresas, nos toca continuar con su legado y resaltar la confianza en el gobierno del presidente Bukele, para continuar con nuestras inversiones y crecimiento en El Salvador, hecho que le causaba mucha ilusión a nuestro padre», dijo Coen Ubilla.

La historia de Coen Montealegre
Coen Montealegre nació en Chinandega en 1942. De niño se enfrentó a la pobreza, pero gracias a su «olfato» para los negocios, salió adelante. Su trayectoria empresarial comenzó en la década de los años 50 con las plantaciones de algodón en Chinandega.
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También incursionó en el mercado de la caña de azúcar, ajonjolí, piña, plátanos y cítricos.
A los 30 años ya era millonario y, a los 36 perdió todas sus propiedades y negocios con la llegada de la Revolución en 1979. Se exilió con 4,800 dólares y toda su familia. Con perseverancia, disciplina y trabajo duro, volvió a crear su fortuna, de tal forma que, cuando regresó a Nicaragua en los 90, ya era multimillonario, con empresas en México, Sudamérica y toda Centroamérica. Regresó a Nicaragua, a su querida Chinandega, más que para hacer negocios, por sentimientos y por el arraigo a sus raíces.
En 2014, la revista Forbes México destacó a la familia Coen como uno de los diez grupos familiares más influyentes de Centroamérica, registrando en ese momento ventas anuales superiores a 125 millones de dólares y generando empleo para más de 7,000 personas.