Jorge Medina y Mónica Laguna, dos nicaragüenses que pidieron asilo político en Noruega tras persecución del orteguismo. LA PRENSA

Dos nicaragüenses solicitantes de asilo en Noruega cuentan las dificultades de que la represión no sea tan conocida

Mónica Laguna y Jorge Medina son dos nicaragüenses que huyeron de la represión en Nicaragua. Laguna espera respuesta de su caso y Medina está en apelación porque el asilo le fue negado

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Mónica Laguna Medina, de 33 años, salió de Nicaragua en septiembre de 2023 rumbo a Noruega, lo hizo pensando en que la estancia sería por poco tiempo, sin embargo, las amenazas que ella y su familia recibían por parte de simpatizantes de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo por haberse negado en 2018 a prestar las instalaciones de un centro preescolar privado en Managua para instalar a un francotirador, la hizo solicitar asilo en el país nórdico.

«Tengo la convicción de que si no peleo mi caso, nadie lo va a hacer por mí», afirmó Laguna a LA PRENSA. Ella, su esposo y sus tres hijos, forman parte de los 30 nicaragüenses que de acuerdo con la Dirección de Migración Noruega (UDI, por sus siglas en noruego) han solicitado asilo hasta 2024.

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Laguna conoce que de los 30 solicitantes de asilo sólo una persona recibió su caso de aprobado, al menos dos casos recibieron una respuesta negativa, y la mayoría espera ser llamado por UDI para la entrevista.

Jorge Medina, de 20 años, junto con su hermano de 22 años, quienes llegaron el 25 de septiembre de 2023, recibieron una respuesta negativa a su caso, ahora están en proceso de apelación.

Tanto Laguna como Medina afirman que las autoridades noruegas no terminan de entender que en Nicaragua hay un régimen autoritario capaz de violentar todos los derechos humanos de su población, sobre todo en los últimos siete años, y que en caso de recibir una negativa de sus casos y son deportados a Nicaragua no sólo su libertad corre peligro, sino su vida.

«Noruega no quiere creer, no quiere ver (…) Es muy importante lo que se vive en Nicaragua, la represión, que te pueden echar preso por portar una bandera, es que para ellos es impensable, no creen en ese contexto de las cosas que pasan en Nicaragua», indicó Medina.

Amenaza de 2018 no terminó con el cierre del centro preescolar

Laguna, quien era docente de preescolar, logró viajar a Noruega gracias a una invitación que le hizo su hermana, quien vive en ese país con residencia permanente, tres meses después por fin logró reunirse con su familia.

«Mi mamá era dueña de un preescolar hasta el 2024 que se lo cerraron, en el barrio Ducualí, que tenía ya 40 años de funcionamiento. El barrio es súper revolucionario en el ámbito popular sandinista, en 2018 al ver todas las arbitrariedades nos sumamos a las protestas pacíficas, y como el barrio es pequeño todos nos conocíamos y desde ahí empezó el hostigamiento», contó.

Laguna, quien junto a su familia vivía en el local de centro preescolar, recibió la visita del secretario político del barrio quien le pidió «colaboración» con el preescolar. «Ellos querían que les diera las instalaciones para poner un francotirador, a lo que le dije que no», contó la mujer.

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La negativa de ceder las instalaciones hizo que el secretario la amenazara. «Me dijo ‘como usted está en contra nuestra, no nos pida ayuda cuando este preescolar esté quemándose con sus hijos adentro, o algo fatal le pueda pasar’, insistía en que tenía que colaborar, a lo que rotundamente me negué», recordó Laguna.

Desde ese día, Laguna y su familia comenzaron a sufrir asedio de la Policía y simpatizantes de la dictadura, por lo que tuvo que decidir abandonar las instalaciones de preescolar e irse a vivir temporalmente en otros barrios de la capital. «Pasé prácticamente de tener una vida normal, cómoda, tranquila, a vivir tres meses en una casa, tres meses en otra, y tratar de pasar desapercibida por los del Consejo del Poder Ciudadano (CPC)», mencionó.

Mónica Laguna era docente de preescolar en Managua en un centro privado, propiedad de su familia, y que el régimen cerró.

Por razones de salud de sus familiares, Laguna decidió regresar a la casa donde nuevamente la volvieron a hostigar. «Comencé a tener visitas todos los días, donde me veían me perseguían, me llegaban a buscar todo el tiempo, era un acoso total, hasta que mi hermana me dice ‘Mónica venite un tiempo’, porque yo estaba cerrada a la posibilidad de migrar como tal, por mi mamá, mi abuela y mi abuelo, que son parte fundamental de mi familia y están allá», indicó.

«Por mucho que me doliera el alma, eran mis hijos primero»

A pesar de todo lo anterior, el acoso que ahora no sólo ella recibía sino su esposo que trabajaba como transportista de Managua a Peñas Blancas la empujaron a salir, por lo que ella consideró «un corto plazo». Cuando ella estaba en Noruega, las amenazas y hostigamiento se extendieron a su hija mayor que en ese tiempo tenía 15 años.

«Cuando me vengo a Noruega con el iluso pensamiento de que voy a volver, me voy a regresar a los dos meses y que todo va a estar más tranquilo, a mí me comienzan a hostigar a mi hija, me comienzan a mandar fotos de que la persiguen, mensajes obscenos de que la van a violar si yo no regresaba, e incluso la intentaron secuestrar del portón del colegio», recordó.

Tras ver la gravedad de la situación, Laguna decide llevársela. «Por mucho que me doliera el alma dejar Nicaragua, a mis padres, eran mis hijos primero», confesó.

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Su familia llegó a Noruega en la primera semana de septiembre de 2023, y el 13 se entregaron a la policía de Noruega en el aeropuerto en Oslo, la capital. «Nos quitaron nuestros pasaportes, nos tomaron nuestras huellas y ahí nos llevaron a un refugio o un campamento que queda en Roda, a 40 minutos de la capital, estuvimos ahí 21 días, y tuvimos la primera entrevista con la policía para verificar nuestras identidades y brevemente el porqué solicitamos asilo», compartió.

Después de los 21 días fueron trasladados a un apartamento que lo paga el Gobierno de Noruega y reciben una asignación quincenal de 8,400 coronas (noruega), aproximadamente 744.53 dólares americanos para comprar comida.

Mónica Laguna junto a su familia es solicitante de asilo en Noruega. LA PRENSA

«Los centros de acogida están en pueblos muy alejados donde no hay civilización prácticamente, en el lugar donde yo estoy hay un bosque en el que hay un centro de acogida y hay unas cuantas casas tal vez en este pueblo pueden haber unas 300 o 200 personas viviendo. Yo ahorita ya tengo un año y cuatro meses de estar esperando mi entrevista con UDI, después ellos te mandan la respuesta sea negativa o positiva en meses», apuntó.

Laguna contó que por ahora ellos no cuentan con permiso de trabajo, únicamente se los dan una vez UDI determine si le aprueba o no el asilo. Por ahora, sus hijos estudian, a pesar de no poseer el idioma, «ellos van a la escuela, es como cuando te tiran a una piscina y te toca aprender a nadar porque si no te hundís, ellos han aprendido a hablar noruego, y nosotros los adultos recibimos un curso de A1 en noruego».

«Yo nací y crecí en la capital (Managua), obviamente estoy acostumbrada al bullicio de Managua, para mí ha sido bastante difícil, estoy con ayuda psicológica. Lo peor cuando comienza el invierno y no hay luz, toda es oscuridad, el frío, pero te soy honesta, franca y sincera no me importa pasar frío, pasar soledad, pasar oscuridad, porque la seguridad que este país me brinda hasta el momento no tiene nombre, ni precio», concluyó.

«Si nos regresan a Nicaragua ya sabemos lo que nos va a pasar»

Jorge Medina y su hermano de 22 años llegaron a Noruega a consecuencia de la persecución del orteguismo, por no alinearse a las políticas partidarias que el régimen ordenó implementar en las universidades del país, como la Universidad Nacional Politécnica montada en el recinto robado a la Upoli.

«Comencé a ver cosas en la universidad que, sinceramente, no me gustaron en general, por completo. Desde el momento en que entramos a la universidad, a mí me requisaban la mochila, a cada rato nos revisaban a ver qué traíamos, los de UNEN llegaba a las universidades a meterse al aula, sin importar que estuviésemos recibiendo clases, qué estuviésemos haciendo», contó Medina.

Medina aseguró que en las clases los profesores siempre recalcaban que tenían que agradecer al comandante por la educación gratuita y de calidad, una política partidaria que el orteguismo comenzó a implantar desde la retórica de sus discurso.

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«Ese tipo de palabras comenzaron a ser ese eco, que nos decían que teníamos que ir a las marchas. Llegaron a un punto en 2023 en que hubo varias marchas y yo no quise ir. Y varias veces fui citado a la oficina de Rectoría, sinceramente ya me comenzó a dar miedo, ya las amenazas eran más fuertes porque yo busqué cómo exponer lo que sentí en mis redes sociales, porque quedarme callado no era una opción para mí», contó el joven universitario.

Jorge Medina, solicitante de asilo en Noruega.

Medina y su hermano también se entregaron a la Policía en el aeropuerto, fueron trasladados a un campamento, les retuvieron sus celulares y tuvieron la entrevista en septiembre de 2023. El caso de ellos fue realizado en poco tiempo, en noviembre fueron llamados a la entrevista de UDI, sin embargo, recibió una respuesta negativa en mayo de 2024.

«Más que todo en preguntas, en general es el caso sobre cómo comenzó lo de la persecución, pero es muy complicado en ese sentido porque es muy complicado contextualizar, ponerlos en contexto a ellos porque no conocen (…) ese tipo de cosas se les hace complicado no lo pueden ellos comprender, lo entienden pero no lo pueden asimilar. A las semanas nos llegó la respuesta negativa y nos dijeron que podíamos apelar en la  Junta de Apelaciones de Inmigración de Noruega (UNE) donde está nuestro caso», explicó.

La entrevista con UDI, según explicó, se basó en contar por qué solicitaban asilo, qué hacían en Nicaragua y mostrar pruebas, pese a todo Medina dice que «Noruega en general no conoce mucho de la situación de Nicaragua, no conoce, básicamente, nada de lo que pasó en el 2018 ni en los siguientes años nos miran, como que si no es muy importante».

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Este joven y su hermano recibieron en sus dos primeras apelaciones respuestas negativas, lo que para él representa que si en esta tercera apelación vuelven a fallar negativamente, «el hecho de regresar a Nicaragua, de que nos manden de nuevo, yo ya sé a lo que nos va a pasar».

Ese temor de todo lo que sufrió en Nicaragua ha hecho que requiera atención psicológica. «Aquí (la policía) es muy buena gente, te saluda te pregunta cómo estás, los de Nicaragua no son así, tengo ese miedo interiorizado». En la actualidad, Medina y su hermano esperan que la respuesta de su apelación sea positiva, de lo contrario temen que les pase lo peor en Nicaragua.

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