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LA PRENSA/Cortesía

El nicaragüense que con picos, pastelitos y cosas de horno busca conquistar Miami

Lázaro Centeno tiene 15 años como panadero y pastelero y quiere preservar el pan tradicional nicaragüense en Estados Unidos

Lázaro Francisco Centeno Sequeira tiene unos quince años en el mundo de la panadería y la pastelería, y lo dice con mucho orgullo. Su profesión lo ha llevado a laborar en Nicaragua, Panamá y Estados Unidos, donde actualmente reside. Emprendió un negocio hace un mes en la Pequeña Habana, en Miami, y está convencido de que va a conquistar todo el país con el pan tradicional nica. 

Centeno, de 46 años y originario de El Viejo, Chinandega, asegura que no hay mejor carta de presentación para un nicaragüense que el pan tradicional. “El pico siempre ha sido nuestro estandarte, la cosa de horno, los pastelitos de queso y los pastelitos de piña”, dice en entrevista con el diario LA PRENSA. 

Pan nica desde La Pequeña Habana  

En 2023 migró a Estados Unidos buscando mejores oportunidades. Recién llegado se estableció en Oklahoma donde laboró por tres meses en una fábrica de productos pasteleros. Ahí entendió que muchas empresas rentaban espacios para elaborar sus productos, hornearlos o cocinarlos; y después venderlos. “Aquí es duro rentar un local, establecerlo es durísimo para alguien que está recién llegado y empezando, además del costo en dinero, las licencias y todo llevan su tiempo, su demora”, explica.  

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Centeno retomó esa idea y se mudó a la Pequeña Habana, en Miami, para vivir con su hija Miriam Centeno y emprender la panadería Raíces. Dice que busca que sus productos se asemejen en un 90% a lo tradicional en Nicaragua. “Miami es ideal porque el producto nicaragüense entra mucho”, asegura. Su hija se dedica a la repostería, decoración, la parte contable del negocio y las redes sociales. 

La panadería Raíces ofrece cajas con picos, pastelitos de piña, pastelitos de queso, cosa de horno o enrejados de piña. Tienen dos presentaciones, una de 10 unidades con un costo de 22 dólares y la otra de 16 unidades que cuesta 30 dólares. El cliente puede elegir qué quiere que incluya la caja. 

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Centeno renta un espacio por tres días a la semana y elabora su lista de pedidos, ya que trabaja bajo encargos con anticipación. “Nuestra idea y principal interés no es solo es conquistar a los nicaragüenses, sino a los millones y millones de personas que hay aquí de todo el mundo y esperamos que, así como los nicaragüenses están apreciando (nuestro pan), pues todo ese millón de personas de diferentes nacionalidades, logren apreciar nuestro producto”, dice Centeno, quien revela que ya han enviado sus productos a más de 25 estados, pero espera conquistar todo el país.   

Centeno está dedicado completamente a su negocio y está tramitando las licencias para operar, dice que también cuenta con servicio delivery y envío a otros estados. “Estamos buscando y esperamos lo más pronto posible, establecer nuestra primera tienda física y soñar, soñar en grande, este país es enorme. La gente nos está recomendando y esperamos llegar a más gente, quién no diría que el día de mañana después de abrir aquí en Miami nuestra primera tienda, podamos abrir en otro estado y así ir creciendo en grande”, finaliza. 

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Pan nicaragüense en Nicaragua, Panamá y Estados Unidos  

Antes de llegar a Estados Unidos, Centeno ya había trabajado vendiendo pan en Nicaragua y Panamá. Aprendió de forma empírica en 2009 y logró fundar la pastelería Mi pastelito en Chinandega. En 2014 sacó un diplomado de Técnico en Panificación, que le permitió certificar sus conocimientos y experiencia. 

Centeno dice que aprendió de forma empírica el rubro de la panadería en el año 2009, cuando retornó a Nicaragua. Logró emprender la pastelería Mi pastelito en Chinandega y en el año 2014 logró sacar un diplomado de Técnico en Panificación, que le permitió certificar sus conocimientos y experiencia.  

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El nicaragüense decidió regresar a Ciudad de Panamá, donde había estado entre 2003 y 2005, se certificó en elaboración pan árabe y también tomó un diplomado en seguridad e higiene. Dice que notó que había muchos nicaragüenses y ninguna panadería, por lo que volvió a emprender y vender el sabor típico nica. 

Sus recetas no solo llegaron al paladar nicaragüense, también conquistó a panameños, venezolanos y colombianos.

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