Un faro de esperanza en tiempos de oscuridad

Somos la juventud que ha visto, sentido y resistido las peores arremetidas de un régimen que ha intentado apagar nuestra voz, pero no nuestra esperanza.

En 2018, vimos a amigos perder la vida, a compañeros ser detenidos, torturados, y muchos más ser obligados a abandonar sus estudios y su país. Las imágenes de universitarios heridos y exiliados se quedaron grabadas en nuestra memoria, pero también encendieron en nosotros una llama que ni la opresión más feroz ha podido extinguir.

En medio de este escenario de terror, algo se ha ido gestando en nuestras mentes y corazones. Hemos aprendido que el verdadero cambio no vendrá de quienes han perpetuado el conflicto, sino de nosotros, que hemos vivido el costo de esa lucha. En nuestras manos está la posibilidad de tender puentes donde los adultos han levantado muros, de entablar un diálogo donde la oposición se ha centrado en disputas ideológicas que solo han debilitado nuestra causa común.

La esperanza en Nicaragua no puede seguir secuestrada por los errores del pasado. Nosotros, los jóvenes, somos los portadores de una nueva visión, una que ya no quiere estar manchada por las divisiones que han fracturado a la oposición en los últimos años. Queremos un país donde el respeto a los derechos humanos sea la norma, donde cada nicaragüense tenga la libertad de expresar sus ideas sin temor a represalias. Queremos reconstruir nuestro país sobre las bases de la justicia, la memoria, la equidad y la libertad.

Sí, hemos soportado lo peor, pero también somos quienes tienen el vigor para construir algo mejor. Nuestro tiempo apenas comienza y, con él, la oportunidad de darle un giro a la situación actual. No se trata de olvidar lo que hemos vivido, sino de aprender de ello para no repetir los mismos errores. La dictadura de Ortega y Murillo, por muy oscura que sea, está llegando a su fin. Es nuestra responsabilidad asegurarnos de que el amanecer que sigue sea uno de libertad y prosperidad para todas las personas sin distinción alguna.

Para que esto se pueda lograr, debemos iniciar un diálogo generacional como lo ha propuesto el activista y poeta José Montoya (Chepito Barricada), uno honesto y sincero, uno que trascienda todo tipo de barreras y se enfoque en la Nicaragua que queremos construir. Que, en lugar de alimentar viejas rivalidades, estemos decididos a encontrar puntos de acuerdo que nos permitan avanzar juntos.

Nuestra generación tiene la fuerza y la determinación para sanar las heridas. Creo en nosotros muchachos y muchachas, que se puede guiar una nueva propuesta hacia un futuro mejor, uno donde las distancias se disipen ante la urgencia de construir una nación libre y democrática. No será fácil, pero nada que valga la pena lo es.

A cada joven nicaragüense que ha sufrido, resistido y soñado con un país mejor, les digo: nuestro momento es siempre el presente, el aquí, el ahora. Levantemos nuestras voces, tendamos nuestras manos y construyamos juntos la Nicaragua que todos anhelamos. Porque si algo hemos aprendido es que somos mucho más fuertes de lo que ellos —los dictadores, sus cómplices, los zancudos, los viejos políticos tradicionales—, creían, y mucho más capaces de lo que nosotros mismos pensábamos.

El tiempo de esta tiranía está llegando a su fin. El tiempo de nosotros, apenas comienza.

El autor es activista exiliado y actor nicaragüense.

Opinión esperanza régimen Ortega-Murillo voz archivo
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