Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Abril de 2018 fue un episodio convulso en Nicaragua, en el que jugaron un rol importante figuras de todo el espectro político, ya fueran de izquierda o de derecha. La cruel represión con que respondió el régimen dictatorial se ensañó más en la izquierda, que la derecha. Esto demostró que las ideas democráticas, ni la lucha por la democracia, no son patrimonio exclusivo de un sector político del país.
Los jóvenes asesinados por la dictadura Ortega- Murillo no murieron para que prevaleciera una determinada corriente de pensamiento político, menos para convertir en influyentes figuras, personajes que fueron el motivo para tomar aquella decisión de salir a luchar.
Las convulsiones sociales no solo producen héroes, sino que también ejemplares perfectos de políticos inmorales, que no tienen inconvenientes para cambiar de opinión y defender causas opuestas y contradictorias.
Tal es el caso de un personaje que antes de saltar a la palestra pública con un programa de televisión, pasó medrando por 15 años del presupuesto del Comité Olímpico Nicaragüense, con una asociación nacional deportiva fantasma. Actuaba en contubernio con el flamante presidente (excoronel Emmet Lang), quien inventó federaciones o asociaciones deportivas fantasmas asegurando votos para su reelección indefinida.
¿Será que entonces aliarse con “el sandinismo” y los “zurdos” no era malo?
Posteriormente abre un programa televisivo en el que presumía de estar bien “conectado” para difundir falsas noticias y rumores, utilizando los clichés “algunas fuentes fidedignas me informaron…” o “fuentes vinculadas a…”, a modo de una supuesta protección de sus fuentes de información.
Y están quienes, por ambición de cargos públicos, prebendas o por lo que fuere, se hacen sus socios e impulsan las mismas políticas orteguistas. Juran ser enemigos del “sandinismo” o de los “zurdos” a muerte, pero acaban compartiendo la misma causa política del orteguismo en los hechos, golpeando sobre el punto preciso contra el cual el orteguismo quiere golpear, atacando a aquellos que ellos quieren atacar y, muchas veces lo hacen hasta con sus mismos argumentos, con las razones que el orteguismo ha creado, con la lógica que han construido.
Su influencia también abarca contar con amigos, el mayor número de servidores o de sirvientes —como quieran— quienes aseguran estar contra la “izquierda”, pero desarrollan en los hechos una política paralela o análoga a la del orteguismo.
Otros asumen una postura radical, queriendo borrar de la memoria el pasado vinculado al “sandinismo” que denuestan.
En ese sentido, sin importarle los señalamientos de colaboracionismo hacia la organización política dirigida por Arnoldo Alemán, otro elemento que ahora pregona en el exilio su radicalismo, decide pasarse sin ningún inconveniente a las filas del colaboracionismo arnoldista, convirtiéndose en candidato a alcalde por Managua en 2017, retractándose de sus posturas con la oposición que sufría los embates de la dictadura para desaparecerla. Convencido que la convulsión social, acabará con el sistema dictatorial, sin ningún rubor abandona el barco antes que se hunda, dando un giro de 180 grados.
Si al orteguismo le conviene la participación de una organización política, flexibiliza los rígidos plazos del calendario electoral extendiéndolos, como sucedió con cierta organización política en las elecciones de 2017, aunque ahora la principal dirigente en el exilio proclame su más ferviente “antizquierdismo”.
Las distintas expresiones políticas que enfrentan al orteguismo desde el exilio, no pasan de ser unas expresiones políticas empobrecidas, deterioradas, que ni siquiera están en condiciones de imponerse una sobre la otra, ni pueden crear una de ellas por sí misma, una poderosa maquinaria de gobierno, que pueda enfrentar futuras asonadas de un orteguismo económicamente consolidado, cuyos recursos le permitirán financiar asonadas, huelgas, para desestabilizar una gestión de gobierno de una oposición fragmentada, desunida.
Los esfuerzos por construir una herramienta que guíe la lucha del pueblo para democratizar Nicaragua, con una conducción capaz de incidir sobre el territorio nacional, seguirán siendo una vana ilusión, si prevalecen las actitudes divisionistas de algunos elementos “radicales” que con sus declaraciones ahondan las diferencias, en lugar de buscar los puntos de coincidencia.
Por ello, se torna una tarea impostergable para avanzar en la lucha, aislar a los elementos radicales, priorizando a aquellos moderados que favorecen con sus posiciones el diálogo y el entendimiento entre todas las expresiones políticas.
El autor es signatario del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Nicaragua y el Frente Sur de la RN en 1990.