Desde 2018 a la fecha se calcula que cerca de un millón de nicaragüenses han abandonado el país. Muchos salieron con una mochila hacia Costa Rica y otros se arriesgaron a buscar el “sueño americano”. Algunos han debido empacar de nuevo luego de haber empezado a reconstruir sus vidas y ese empacar el exilio en algunas ocasiones ha sido obligados por gobiernos que los sacan del país o no cumplen con su labor de protegerles luego de considerarles refugiados.
Son muchos los casos de nicas sacados de Estados Unidos hacia diferentes lugares: Guatemala, Honduras, México y hasta los mandan a África, para no regresarlos a Nicaragua.
Esta semana fue una probadita de lo que ha sido empacar el exilio. Primero con la detención de Luis Galeano en Estados Unidos, por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (conocido como ICE, por sus siglas en inglés), mientras hacía Uber, una muestra de que el periodismo resiste mientras se hace otra cosa para sostener a la familia.
Galeano es uno de los desnacionalizados, que además de perderlo todo el régimen consideró que no era nicaragüense. El tema de los nicas que solicitan asilo, que llegaron con el Parole humanitario y que hoy temen ser sacados de un país donde a pedazos están rehaciendo sus vidas se retomó con esta detención que fue más pública que la de muchos que ya han sido sacados y empacaron su exilio.
Otros han tenido que soportar vigilancia, amenazas y hasta disparos en Costa Rica, por lo que buscaron un tercer país para resguardar sus vidas. Esto fue recordado con el atentado a Reinaldo Picado, un opositor que esta semana recibió tres disparos, después de haber denunciado un atentado ante las autoridades costarricenses.
Las agresiones trasnacionales son un tema del que ya se ha hablado, esa violación de derechos humanos que no conoce fronteras y afecta la vida de los nicaragüenses. El tema es qué se hace, cuando hasta intentos como el del movimiento campesino son criticados en lugar de analizados.
El Movimiento Campesino pidió apoyo a la comunidad internacional y como esta demanda de derechos fue leída por una niña el régimen reaccionó criticando el hecho, pero la pregunta es qué hace esa niña fuera de su país, ella estaba con sus adultos responsables que salieron para resguardar sus vidas y la de ella.
Solo esta semana se suman dos ejemplos de lo que se vive en el exilio y de lo que viven los que no quieren empacar su exilio y probar en otro país. Toca ver qué pasará con los miles que aún resisten, con casos como estos dos y con los sueños truncados por una ambición, apego y enfermedad por el poder de quienes no ven que están quitándole a Nicaragua lo más valioso, a los nicaragüenses.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.