Tomar un vuelo de Managua a Tegucigalpa puede costarle a un viajero 1.02 dólares por kilómetro, mientras que una ruta de Lima a Bogotá, en América del Sur, cuya distancia está muy por encima respecto a las capitales del istmo, por kilómetro se paga 0.11 dólares, lo que refleja el enorme obstáculo que enfrentan los centroamericanos para acceder al privilegio del transporte aéreo mundial.
El Banco Mundial realizó un análisis comparativo del costo del transporte aéreo entre las capitales de Centroamérica y las naciones en América del Sur, el cual arrojó que en promedio los centroamericanos pagan 0.35 dólares por cada kilómetro viajado, frente a los sudamericanos que gastan 0.091 dólares, es decir casi tres veces más barato en el cono sur que en el istmo, pese a que las distancias entre las grandes ciudades son mayores.
Con base en el estudio, los especialistas Roberto Echandi y Michel Kerf, señalaron que esta distorsión de precio en Centroamérica, no solo ocasiona que la mayor parte de la población del mercado de viajes aéreos regionales quede excluida y se convierta en un inconveniente para las personas que buscan visitar a amigos o familiares, sino también «impide que las pequeñas y medianas empresas aprovechen plenamente los beneficios de la integración regional a través del comercio y socava el turismo regional» .
Tal es el impacto de los elevados costos, que empresas de países pequeños como Panamá u Honduras no pueden acceder al mercado regional, mucho más grande, de 50 millones de consumidores. Al mismo tiempo, estos costos hacen que a un turista extranjero le resulte inasequible viajar de un país a otro una vez que se encuentra en la región, indican.
Otro ejemplo de la brecha de precios entre América del Sur y Centroamérica es que resulta más barato un viaje de Sao Paulo (Brasil) a Santiago de Chile, que de San Salvador a Managua. En la primera ruta se paga en promedio 0.09 dólares por kilómetro, frente a los 0.57 dólares en el segundo trayecto.
El estudio revela que se paga alrededor de 200 dólares por un pasaje de Bogotá (Colombia) a Quito (Ecuador); frente a los 500 y 800 dólares por un vuelo de Costa Rica a El Salvador, cotizado en marzo del 2024.
Pero ¿a qué factores atribuye la investigación del Banco Mundial el elevado precio de los boletos en Centroamérica? Son dos razones principales: la competencia limitada, junto con las altas tasas aeroportuarias impuestas a los tiquetes regionales ocasionan ese problema.
Al respecto, explica que «los países centroamericanos imponen tasas para los viajes intrarregionales similares a las que se aplican a los viajes de larga distancia desde el extranjero, a diferencia de las que se aplican a los vuelos nacionales, que son muy bajas».
En cada tiquete de ida y vuelta se agrega hasta 120 dólares solo en concepto de tasas aeroportuarias, lo que limita la entrada o expansión de todo tipo de aerolíneas, incluidas las de bajo costo. Además, dificultan el establecimiento de nuevas rutas intracentroamericanas.
El impacto de las aerolíneas de bajo costo
Si Centroamérica, incluida Nicaragua, ajusta sus tasas, puede ver florecer las aerolíneas de bajo costo, como ocurre en Asia, Europa y América del Sur, esto ha ocasionado que las compañías de vuelos tradicionales se vean presionadas a bajar sus tarifas. «La reducción de las tarifas impuestas a los tiquetes centroamericanos podría intensificar la competencia y, por tanto, reducir el costo de los viajes intrarregionales», indican los especialistas del Banco Mundial.
Pero ¿qué tanto bajarían los precios de los boletos si empiezan a florecer las aerolíneas de bajo costo? Según el estudio del organismo, si entran a operar estas empresas de bajo costo los boletos pueden llegar a bajar a 74 dólares, sin incluir tasas.
Si las tasas aeroportuarias se reducen de 120 a 40 dólares, entonces los boletos pueden llegar a caer a 114 dólares en promedio desde un máximo de 800 dólares que se puede encontrar en estos momentos un ruta entre las capitales centroamericanas. «Los costos más bajos, a su vez, podrían estimular la actividad empresarial y conducir a la creación de empleo en sectores manufactureros y de servicios con orientación regional, incluidas las importantes industrias turísticas y hoteleras», afirman los especialistas del banco.
Pero reducir esas tasas aeroportuarias no es tarea fácil. Y eso lo reconocen los especialistas Roberto Echandi y Michel Kerf, quienes plantean que «las tasas impuestas a los tiquetes de vuelos procedentes de fuera de la región no se modificarán, ya que representan la mayor parte de los ingresos que reciben los aeropuertos y otras agencias y son necesarias para cubrir los costos de los servicios prestados a los viajeros (las ventas libres de impuestos son otra fuente importante de ingresos para los aeropuertos, que probablemente aumentará a medida que aumente el volumen de viajes intrarregionales)».
Según el análisis de los especialistas, algunos países de la región han hecho esfuerzos hacia esa dirección de reducir las tasas de sus servicios en los aeropuertos. Panamá, por ejemplo, disminuyó de la tarifa de salida de 37 a 26 dólares en el Aeropuerto Panamá-Pacífico, un nuevo aeropuerto de bajo costo recientemente inaugurado en una antigua base militar.

No obstante, el gobierno del país canalero aún tiene pendiente aliviar las tasas de los tiquetes para viajes regionales en el principal aeropuerto de Tocumen, donde se impone 55 dólares a los boletos.
En el caso de Costa Rica, se presentó un proyecto de ley en la Asamblea Legislativa a principios de marzo de este año para reducir las tasas de los tiquetes para vuelos intrarregionales a menos de 20 dólares, cuando actualmente es de una base de casi 60 dólares. Eso sí, los costarricenses aplicarán esa baja siempre y cuando otros países de la región reduzcan sus tarifas y las aerolíneas no cobren más de 80 dólares por viaje ida y vuelta (sin contar las tasas).
«Este plan es encomiable, ya que garantizaría que los consumidores, y no las aerolíneas, se beneficiaran del recorte de tasas. Esta iniciativa cuenta con el apoyo de los cinco principales partidos políticos de Costa Rica y las ocho principales asociaciones del sector privado costarricense que comercian con los países de Centroamérica y la República Dominicana», indican los especialistas.
La meta de Costa Rica es que los países de la región tengan esa misma apuesta de disminuir las tasas, de tal manera que un boleto de ida y vuelta no supere los 126 dólares por ruta. «Esto sería el equivalente a un tren bala centroamericano, permitiendo traslados de una hora o menos dentro de la región», explican los analistas.
Pero hasta ahora no ha habido avance significativo en esa dirección, pese a que en 2022, representantes de todos los gobiernos centroamericanos expresaron su apoyo a la iniciativa. «Muchos de ellos estaban esperando que Costa Rica diera el primer paso. El siguiente paso es apoyar a otros gobiernos en el impulso de esta reforma crítica a favor de la integración en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Belice y la República Dominicana», puntualizaron los analistas del BM.