Después de hacer esperar por más de una hora todas las delegaciones internacionales que asistieron a su acto, Ortega se trasladó a la plaza de la fe a celebrar con los presidentes socialistas Hugo Chavez, Evo Morales y un delegado del régimen cubano.

Dictadura de Daniel Ortega cumple 17 años: así ha retrocedido Nicaragua desde 2007 

Hoy se cumplen 17 años desde que Daniel Ortega asumió el poder el 10 de enero de 2007. Aunque se le dio un voto de confianza, el tiempo confirmó que el dictador empeoró la situación del país y arrastró a Nicaragua hacia un abismo de violencia, corrupción y dinastía

El día quizás más trágico de la historia reciente de Nicaragua cayó en miércoles: un ventoso 10 de enero de 2007. Ese fue el último día que el país vivió en libertad y democracia en este siglo. 

En aquella fecha, Daniel Ortega asumió la banda presidencial del país, después de ganar las elecciones de noviembre de 2006, cuando dos hechos cuidadosamente planeados a lo largo de 16 años le permitieron regresar al poder con tal solo el 38 por ciento de los votos, en una campaña electoral donde vendió la idea de haber “cambiado” en comparación con el dictador de los años ochenta.  

Desde entonces Ortega no ha vuelto a entregar el poder a nadie y, al contrario del cambio que él ofrecía “para bien del país”, las transformaciones son trágicas en comparación a cómo era Nicaragua hasta ese 10 de enero de 2007. 

Preludio de tempestades 

En esta crónica te contamos lo que pasó en aquel 10 de enero. Fue un día de mucho viento, quizás el preludio de las tempestades y nubarrones que se formarían años después en la nación. 

En LA PRENSA se habían publicado días antes notas de prensa sobre el fin de un frente frío y la convergencia de un fenómeno climático que generaba ráfagas de viento que podían provocar oleajes, caída de cables del tendido eléctrico y accidentes con ramas de árboles. 

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En Managua los postes y paredes de la ciudad eran testigos de la recién pasada batalla electoral, con pintas y propaganda de los partidos políticos en la contienda. Había propaganda del FSLN y sus aliados; además, propaganda de José Rizo, del Partido Liberal Constitucionalista del exconvicto presidente Arnoldo Alemán; aparte había publicidad de la organización de disidentes liberales, conservadores y organismos de la sociedad civil aglutinados detrás de la figura del exbanquero Eduardo Montealegre. .

Ortega, años antes, había firmado con Alemán un oscuro pacto político que le permitió regresar al poder con mucho menos del 50 por ciento de los votos.

Ese día varias zonas de la capital estaban vedadas a la circulación por razones de seguridad: el sector del antiguo Cine González hacia el norte; hasta 200 metros alrededor de la pista frente a la Asamblea Nacional, la periferia hasta 500 metros de los accesos al parque El Carmen, cerca de donde Ortega reside desde 1979 en la casa que le robó (luego negoció) al exfuncionario somocista y por entonces fórmula vicepresidencial de Ortega aquel año, Jaime Morales Carazo. 

Del pacto al podio 

Ortega estaba llegando al poder por segunda vez desde que ganó los comicios de 1984 en plena guerra, con el 67 por ciento de los votos, con todo el poder represivo a su favor de la primera dictadura sandinista (1979-1990). 

Esta vez llegó beneficiado por un pacto político firmado en diciembre de 2000 y ratificado al año siguiente en la Asamblea Nacional con el voto de diputados sandinistas y liberales arnoldistas. 

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Las reformas introducidas a la Constitución a partir del pacto con el entonces convicto expresidente acusado por corrupción Arnoldo Alemán, establecieron las ventajas de Ortega donde la única amenaza era una segunda vuelta en caso de no ganar en el primer intento.  

Para evitar el balotaje, era necesario obtener el 40 % del total de votos (no el 45 % como antes) o un 35 % mínimo y una diferencia de 5 % con el segundo candidato. 

División liberal, el complemento que Ortega necesitaba 

Para entonces, Ortega ya había sido derrotado tres veces sucesivas: en 1990, 1996 y 2001, pero ganó las elecciones del domingo 5 de noviembre de 2006, gracias a que el pacto alentó la división del voto de derecha. 

De nada valieron los desesperados llamados a la unidad de grandes sectores empresariales, religiosos, diplomáticos y políticos que advertían que si Ortega lograba subir al poder, nunca se bajaría de allí. 

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El FSLN obtuvo 854,316 votos, equivalentes a 38.07 %. La Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), encabezada por el exbanquero Eduardo Montealegre, obtuvo 650,879 votos (29.0 %), el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) del expresidente Alemán, con José Rizo como candidato, consiguió 588,304 votos (26.21 %) y el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) obtuvo 144,596 votos (6.44 %).  

El MRS tuvo que postular apuradamente a Edmundo Jarquín después de la repentina muerte del popular exalcalde de Managua, el disidente sandinista Herty Lewites, quien mermaba una buena cantidad de votos a Ortega. Lewites falleció solo cinco meses antes de las elecciones de 2006. 

Es decir, que los votos liberales sumaron 55.21 %, pero divididos en dos candidatos y eso, más el cambio constitucional que bajó el porcentaje para ganar en primera vuelta, permitieron a Ortega alzarse con el poder sin llegar a una segunda vuelta, donde según los cálculos de los analistas de entonces hubiera perdido irremediablemente como antes. 

Claves de la victoria pírrica de Ortega 

En las elecciones de 2001, el FSLN obtuvo 915,417 votos (42.3 %); en las de 1996, logró 669,443 (37.8 %) y en las de 1990, obtuvo 579,886 (40.9 %). 

La campaña recién concluida mostró a un Ortega que ofrecía cambio, perdón y reconciliación. 

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Había guardado los colores rojinegros de la bandera sandinista que para los nicaragüenses simbolizan sangre y muerte; fueron sustituidos por un rosado fucsia intenso; aquellos himnos de guerra y muerte al “yanqui enemigo de la humanidad”, fueron cambiados por pegajosas modificaciones a himnos y canciones hippies que pregonaban “amor y paz”, “trabajo y pan”, “unidad y reconciliación”. 

Ortega vistió de blanco; anunció que se había casado con su vieja consorte Rosario Murillo en 2005 y se inventaron un matrimonio “por las armas” en 1979 con un cura izquierdista que murió por aquellas fechas, Gaspar García Laviana y dos testigos guerrilleros que también habían muerto y no podían, por tanto, dar fe de aquella supuesta alianza. 

Apeló a la familia, a la amistad, al olvido. Pidió perdón a la Iglesia católica y a los sacerdotes que había perseguido y dañado en su primera dictadura; abrazó a enemigos de la antigua Contra y hasta llevó a un exmiembro de la Resistencia Nicaragüense como fórmula. 

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Firmó el pacto de Chapultepec a favor de la prensa libre, prometió libre empresa y respeto a los bienes y propiedades de los nicaragüenses; fue a misa, comulgó y lloró por los miles de muertos en su primera administración y juró defender la paz, las leyes y el orden en Nicaragua… 

Daniel Ortega, Nicaragua
Portada de La Prensa con el titular Vuelve Daniel Ortega.

Los actos de aquel 10 de enero 

Había dos actos masivos programados aquel miércoles. 

Uno, el oficial, en la simbólica Plaza de los No Alineados Omar Torrijos, en la periferia del complejo de edificios de la Asamblea Nacional. 

Aquí se acomodarían más de 2,000 personalidades de 60 países, entre ellos 16 jefes de Estado, más de 600 corresponsales de prensa acreditados, el cuerpo diplomático, funcionarios salientes y entrantes, y poderes del Estado. 

El otro acto era en la Plaza de la Fe Juan Pablo II, en las costas del lago de Managua. Ahí sería la fiesta popular donde seguidores sandinistas habían sido movilizados en buses desde las 11:00 de la mañana. 

El evento estaba oficialmente previsto para iniciar a las 5:30 de la tarde aproximadamente, aunque luego se dijo que sería a las 6:00 en punto.  

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Sin embargo, con toda la plaza llena de invitados, el viento azotando fuerte los toldos y banderas y levantando nubes de polvo, el evento se atrasó más de una hora sin explicaciones. 

Luego se supo la razón: Ortega esperaba que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, su principal apuesta financiera, aterrizara y llegara al acto para comenzar. 

Lo que pasó el día que se consumó la tragedia 

Ya con 61 años a cuestas, Ortega recibió la banda presidencial de su antecesor, el ingeniero Enrique Bolaños, a quien no le dieron oportunidad de discurso en el programa de traspaso.  

El Ejército disparó 21 cañonazos de salva en honor al nuevo mandatario y el presidente de la Asamblea Nacional, René Núñez, ciñó la bandera presidencial cruzándola sobre el hombro izquierdo y no sobre el derecho como estipulaba el protocolo. 

Ortega, camisa blanca, mangas largas arremangadas, apenas hizo juramento de rigor y la promesa de respetar la Constitución, mientras el presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas Reyes, a la izquierda de Ortega en la tarima, aplaudía con una gran sonrisa de satisfacción ante el presidente número 39 de la historia de Nicaragua. 

Ortega tampoco pronunció discurso de apertura. Después de ajustarse la banda, pidió el juramento de obediencia al alto mando del Ejército y de la Policía, recordándoles su origen sandinista: luego juramentó a su gabinete vestido en su mayoría con camisas blancas guayaberas. 

En el programa sí se le dio espacio al discurso y bendición del cardenal Miguel Obando y Bravo, quien con un tono pobre y casi apagado, instó a la unidad de las familias, la reconciliación y la paz con justicia social, acorde con la campaña electoral sandinista. 

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Todo ello ocurrió tras un lejano y deslucido rito de bailes y entrega de medallas bajo la dirección en escena de Murillo: bailarinas con vestidos folclóricos azul y blanco se desplazaban danzando sobre una pista hasta detenerse frente a un invitado especial y colocarle una Medalla de la Unidad Latinoamericana “Nicaragua Libre”, creada días antes por Murillo. 

Poco después de las 9:00 de la noche, casi cinco horas después de la convocatoria oficial y con el cuerpo diplomático evidentemente impactado por el desorden, Ortega abandonó el acto y se trasladó a la otra plaza con Hugo Chávez, con el presidente boliviano Evo Morales y con el representante del dictador Fidel Castro, Machado Ventura. 

Un circo populista aquel acto 

Ahí no hubo protocolo alguno y Ortega cedió el protagonismo a Chávez, quien se pronunció un encendido discurso a favor de Ortega, quien hizo lo mismo cuestionando a Estados Unidos y Europa. Después pidió a los fanáticos sandinistas que alzaran la mano si querían que Nicaragua ingresara al proyecto Alba. 

¿Se avizoraba ya desde el inicio de la toma de posesión que Nicaragua cambiaría bajo la mano de Ortega y Murillo con el caos de aquel día? 

Desde las páginas de LA PRENSA, en las secciones de Política y Nacionales que le daban seguimiento al nuevo régimen, algunos sectores le dieron el beneficio de la duda a Ortega, principalmente los empresarios, los religiosos y los académicos. 

Otros como Mauricio Mendieta, médico y empresario, disidente liberal, advertía sin miramientos: “A Ortega no se le puede confiar nada, si no gana elecciones, se las roba”, dijo días después de la toma de posesión.  

Del mismo modo, disidentes sandinistas como Dora María Téllez, quien como presidenta del Movimiento Renovador Sandinista había reactivado la alianza con Ortega para las elecciones de 2001, ahora advertía, ya con Ortega en el poder, que sería difícil bajarlo de ahí por los instrumentos de la democracia. 

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“Si como candidato nunca quiso soltar el hueso, menos que como presidente va a querer soltar el poder”, dijo Téllez en enero de 2007, días después del acto de posesión. 

A modo de justificación, líderes empresariales y políticos apelaban al tiempo para evaluar a Ortega: “Que sea el tiempo el que despeje las incógnitas”, solían decir. 

La Nicaragua triste bajo dictadura 

A 17 años de aquella fecha triste, el tiempo tiene la respuesta: Nicaragua es otro país. Un país roto, lleno de miedo y sin libertades. 

En comparación a como estaba o cómo era el país antes de Ortega, enumeramos una lista de situaciones dramáticas y brutales que antes no existían y hoy son una realidad bajo la dictadura de la familia Ortega-Murillo. 

  1. La reelección continua: Antes del regreso de Ortega, la Constitución que estuvo vigente entre 1995 y 2014 prohibía la reelección presidencial, pero el dictador primero la violentó en 2011 y luego modificó la Carta Magna y desde entonces lleva cuatro períodos presidenciales consecutivos. Nicaragua no ha conocido otro mandatario, mientras 24 presidentes han pasado por Centroamérica. 
  1. Fraudes electorales: Desde el retorno al poder de Ortega en 2006, cada proceso electoral ha estado marcado por denuncias de fraudes electorales, resultados amañados y falta de transparencia. 
  1. Falta de independencia de poderes del Estado: Desde el retorno de Ortega al poder, Nicaragua perdió la independencia de sus poderes de Estado. Ortega y su pareja Rosario Murillo controlan el poder Ejecutivo, el poder Electoral, el poder Judicial y todas las alcaldías. 
  1. Coaptación de las fuerzas de seguridad: Antes del dictador, la Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua estaban subordinados a instancias civiles bajo control de la Presidencia de la República. En la actualidad, Ortega eliminó a los instrumentos e intermediarios civiles y coaptó personal e institucionalmente a los mandos policiales y militares, de modo que estos a cambio de prebendas y cuotas de poder obedecen a Ortega y su esposa. 
  1. Estado policial: Antes de Ortega se podía decir que Nicaragua, aun con sus debilidades democráticas, era una República basada en el Estado de Derecho. Desde el arribo de Ortega, y principalmente desde abril de 2018, Nicaragua se ha convertido en un Estado policial de facto donde las fuerzas de seguridad ejecutan políticas de control social en defensa de una dictadura familiar. 
  1. Libertad religiosa: Antes que Ortega y su familia se asentaran en la Presidencia, Nicaragua gozaba de libertad de religión y culto. Hoy, Ortega, su familia y la Policía persiguen, reprimen y atacan a la Iglesia católica y a algunos líderes de la Iglesia evangélica. La ola de secuestros, destierros, condenas y desapariciones de sacerdotes es un acto abominable del que no se tienen registros en los anales de la historia de Nicaragua, pese a que en los años 80 Ortega también persiguió a la Iglesia, pero nunca hicieron redadas de obispos y sacerdotes como hoy en día. 
  1. La confiscación de bienes y propiedades: La primera etapa de confiscaciones y robos de propiedades a ciudadanos nicaragüenses y extranjeros ocurrió durante el primer mando de Ortega en los años 80; ahora el dictador reactivó y le dio carácter de ley a las confiscaciones y despojo de bienes, propiedades y cuentas de ciudadanos por razones políticas o venganza personal. 
  1. Exilio: los índices de migración en Nicaragua se han marcado alto en tres momentos de la historia: en los años 80 cuando los sandinistas gobernaron 10 años, a finales de los 90 cuando los desastres naturales y la pobreza afectaron al país y desde 2018 a la fecha, producto de la represión y la falta de esperanzas en Nicaragua. Bajo la dictadura de Ortega más de 600,000 nicaragüenses han abandonado el país. 
  1. Destierro y despojo de la nacionalidad: Antes del dictador Ortega, solo la dinastía de la familia Somoza había desterrado a nicaragüenses por razones políticas, pero nunca les retiró la nacionalidad ni anuló sus registros civiles como sí lo hizo Ortega, en una acción considerada como delito de lesa humanidad según el Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional. 
  1. Libertad de asociación: Hubo un tiempo en Nicaragua cuando organizarse para participar en política, crear una organización civil o salir a protestar era un derecho ciudadano. Desde antes de 2018, Ortega criminalizó el derecho a asociación, la libertad de organización, la opción de la protesta cívica y hasta el derecho a exhibir la bandera nacional. Ahora ha cerrado más de 3,400 organizaciones civiles, penalizado el derecho de asociación y usar la bandera en público es objeto de cárcel, torturas, destierro y hasta muerte. 
  1. Libertad de expresión y libertad de prensa: Cuando Ortega regresó al poder en aquella trágica fecha, Nicaragua gozaba de libertad de expresión y prensa. Había periódicos, canales de TV, estaciones de radio y espacios de opinión; ahora no existen periódicos, ni prensa independiente ni programas de opinión que vayan en contra del pensamiento radical de la pareja dictatorial Ortega-Murillo. 
  1. Libertad de movilización: Cuando Ortega no estaba en el poder, los nicaragüenses tenían la libertad de viajar sin problemas tanto dentro como fuera del país. Ortega ahora controla la emisión de pasaportes y los permisos de viaje; decide a quien encerrar en el país bajo condición de país por cárcel y a quien desterrar de facto al impedirle retornar a Nicaragua tras haber salido legalmente. Cientos de nicaragüenses han quedado desterrados de facto al impedirle el dictador volver a su país. 
  1. Crímenes políticos y cárcel arbitraria: Ortega reformó las leyes para dejar en impunidad los más de 355 asesinatos políticos atribuidos a su campaña de represión desde 2018, además de crear un paquete de leyes que permite a la Policía bajo su servidumbre secuestrar, desaparecer, torturar y condenar en las sombras a actores políticos considerados “traidores a la patria”. 
  1. Sanciones y aislamiento internacional: Ortega asaltó las oficinas de la Organización de Estados Americanos, sacó al país de ese foro y ha expulsado o roto relaciones con terceros países por razones políticas. Nunca antes el Estado de Nicaragua había enfrentado tantas sanciones internacionales como ahora y el país no estaba tan aislado internacionalmente como hoy, bajo la dictadura de la familia Ortega-Murillo.  
Política Daniel Ortega dictadura en Nicaragua Nicaragua archivo

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