Salomón de la Selva: erudito, poeta vanguardista y clásico

Siempre en el contexto de la próxima celebración de los 500 años de la fundación de la ciudad de León, nos referimos ahora, al erudito y poeta Salomón de la Selva.

El presidente José Santos Zelaya está de visita en León. De pronto, un adolescente logra acercarse al séquito presidencial y con encendidas frases reclama al dictador la libertad de su padre. Hace una vehemente defensa de los derechos del hombre y del ciudadano, de claro corte liberal. Impresionado Zelaya, por la inteligencia y valentía del jovencito, no solo accedió a poner en libertad a su padre sino que, además, le otorgó una beca para continuar sus estudios en los Estados Unidos. El adolescente era Salomón de la Selva.

De la Selva nació en León el 20 de marzo de 1893. Los padres de Salomón fueron el licenciado Salomón Selva Glenton y doña Evangelina Escoto Baca. Salomón estudió sus primeras letras con los profesores Amalia Alonso, Felipe Ibarra y Abraham Paguaga.

En 1906, a los doce años de edad, Salomón viajó a los Estados Unidos, donde permaneció cinco años y aprendió el inglés como si fuera su lengua materna, pero sin olvidar el español. La beca duró hasta la caída del presidente Zelaya.  Suprimida la beca, tuvo que trabajar vendiendo periódicos en Nueva York.  A los 16 años de edad regresa a León (1910), a raíz de la muerte de su padre. Es entonces que se siente atraído por la vida religiosa e ingresa al Seminario de San Ramón, con el ánimo de hacerse sacerdote. Su permanencia en el Seminario le permitió el estudio del griego y el latín, que de tanta utilidad le serían para sus estudios clásicos.  “También entra en él, por ese mismo tiempo —escribe el P. Ángel Martínez, S.J.—, su ciudad de León, para no salir nunca… Desde entonces León será para él: … “copa de borde / quebrado, que me hieres el labio si te acerco / a la boca de mi alma; tu licor agrio, acorde / está con mi cariño doliente, altivo y terco”.

La vocación por las letras fue más fuerte que la vocación sacerdotal. Dos años después, Salomón abandona el Seminario y a los diecinueve años de edad viaja nuevamente a los Estados Unidos (1912) para estudiar literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Cornell, Ithaca, donde más tarde sería profesor, así como también en el Williams College.  A finales de 1914 conoció a Rubén Darío en Nueva York y estuvo presente en el recital que éste dio en la Universidad de Columbia (4 de febrero de 1915) y leyó su poema Pax, cuyo manuscrito obsequió al joven Salomón.    

En febrero de 1917, Salomón causó conmoción en los círculos intelectuales y políticos de Nueva York, cuando en un evento panamericano pronunció, en presencia del irascible expresidente de los Estados Unidos, Teodoro Roosevelt, un vibrante discurso inspirado en su amor a Nicaragua y en contra de la intervención norteamericana. Roosevelt enfurecido abandonó la sala.

Salomón se integró plenamente a los cenáculos de poetas jóvenes norteamericanos, por entonces empeñados en renovar la poesía en idioma inglés. La New American Poetry era la vanguardia literaria de los Estados Unidos y en ella Salomón figuró de manera destacada. Hace amistad con la poeta norteamericana más celebrada y admirada de entonces, Edna St. Vincent Millay, a quien Salomón amó apasionadamente y sobre cuya poesía escribió un elogioso ensayo y tradujo al español su estupendo poema Renascence (Renacencia). En esa época, Salomón también escribió magníficos poemas en español como: La carta de mi madre y Oda a León de Nicaragua (Nueva York, 1917). 

En 1918 Salomón publicó su primer libro de poemas: Tropical Town and Other Poems, que aunque escrito en inglés está lleno de evocaciones de la patria lejana y de su ciudad natal. Este libro lo consagró como uno de los mejores poetas en idioma inglés. Así describe su ciudad de León el joven poeta, en traducción de Ernesto Cardenal: “Casas de azul, rosa y amarillo, y a lo lejos, / el Cementerio, donde los verdes árboles están”.

Ese mismo año 1918, poco antes de que finalizara la Primera Guerra Mundial, Salomón se alistó como soldado raso voluntario bajo las banderas del rey de Inglaterra, Jorge V. Las experiencias en el campo de batalla, en tierras de Flandes, inspiraron a Salomón los poemas que dieron contenido a El Soldado Desconocido, escritos en Nueva York en 1921 y publicados en 1922 en la ciudad de México, con portada dibujada por el gran pintor mexicano Diego Rivera. Con los poemas que componen este libro se inicia, entre nosotros, la nueva poesía: la poesía moderna, que supera el modernismo de Darío e inaugura lo que más tarde se conocería como literatura de vanguardia. En este libro Salomón aprovecha las experiencias de la nueva poesía norteamericana: lenguaje coloquial, el feísmo, el exteriorismo, el prosaísmo y el verso libre y las introduce a la poesía española.

Como todo libro innovador, El Soldado Desconocido provocó muchas controversias.  Algunos le negaron mérito literario y otros pusieron incluso en duda que Salomón realmente haya estado en las trincheras de la guerra. Lo que nadie puede negar es el carácter inaugural del libro, donde encontramos poemas en los que se funden una extraordinaria delicadeza y una gran sencillez formal, que no les impide transmitir una honda emoción estética: “La bala que me hiera / será bala con alma. /  El alma de esa bala / será como sería / la canción de una rosa / si las flores cantaran”…

Cuando Salomón se instala por segunda vez en México en 1935, se inicia el período más fecundo de su vida.  Colabora activamente en casi todas las mejores revistas literarias de México y ejerce intensamente el periodismo.

En 1946 Salomón de la Selva envió su Evocación de Horacio a los Juegos Florales convocados con motivo del IV Centenario de la fundación de la ciudad de Mérida, en Yucatán, México. Salomón no ganó ni siquiera una mención en dicho concurso. En cambio, en el Certamen Nacional de Cultura, convocado por el gobierno de El Salvador en 1955, Salomón ganó el Primer Premio con su Evocación de Píndaro, extenso poema escrito, según reza en su portada, “Para celebrar la Victoria de Mateo Flores en la carrera de Maratón de los Segundos Juegos Deportivos Panamericanos, celebrados en México en marzo de 1955, y para conmemorar el Primer Cincuentenario de la publicación, en 1905, del libro Cantos de Vida y Esperanza de Rubén Darío.

Ambas evocaciones, la de Horacio y la de Píndaro, y el Canto Nacional a la Independencia de México, consagran a Salomón en una nueva faceta: la de altísimo poeta neoclásico y político, verdadero vate y bardo capaz de transmitirnos una paideia cívica y moral.

En 1954 aparece su monumental obra Ilustre familia-Novela de Dioses y de Héroes, bajo el subtítulo de Poema de los Siete Tratados, editada en México por los Talleres Gráficos de la Nación.  Se editaron mil ejemplares numerados. “Libresca a más no poder, esta novela —¿será novela? se pregunta Salomón—, es el resultado de infinidad de lecturas. A nadie como a mí se le podría aplicar aquel latinajo de doctos cum libro.  Nada hay aquí que no se halle —disperso, eso sí— en no sabría decir cuántos centenares de obras de la Antigüedad, de la Edad Media, del Renacimiento, de la Edad Moderna”. Esta obra, donde se juntan la erudición y la belleza, no sólo literaria sino hasta tipográfica, es una joya de la literatura hispanoamericana, en todo sentido. La narración concluye con los soberbios versos del Pregón de la muerte de Helena.

En 1953 escribe su Canto a la Independencia Nacional de México, en ocasión del segundo centenario del nacimiento del Padre de la Patria mexicana, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, publicado dos años después.  Este es otro poema donde campean a la vez la erudición y la belleza formal. Poco antes de su muerte, en diciembre de 1958, De la Selva publica su último libro: Acolmixtle Nezahualcóyotl, poema escrito en Roma en 1957.  En él Salomón elogia las culturas precolombinas de Mesoamérica, en la persona de Nezahualcóyotl, Rey Poeta.

A los 66 años de edad, la muerte le sorprendió en París, el 5 de febrero de 1959. La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua gestionó el traslado a Nicaragua de su cadáver y se encargó de organizar, con gran solemnidad y sobriedad, sus honras fúnebres.  La lápida que cubre la tumba de Salomón de la Selva en la Catedral de León, reproduce la que fue siempre su divisa: “Sólo en las más altas tierras estas águilas anidan”.

El autor es educador, académico y escritor.

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