La patria está aún más triste con doña Violeta en el exilio

Los nicaragüenses nos sentimos tristes y ofendidos porque miles de nuestros compatriotas se han tenido que exiliar en los últimos años debido a la represión tiránica del gobierno actual, y a la consecuente falta de oportunidades económicas y de libertad que este ha creado en el país.

El exilio de doña Violeta desde la semana pasada junto con el continuo encarcelamiento de monseñor Álvarez son la más visible expresión de esta infame represión. Los nuevos Atilas (mis disculpas a Atila en su tumba si se siente ofendido por la comparación) encarcelaron y luego expulsaron del país a dos de los cuatro hijos de doña Violeta y forzaron al tercero al exilio. A todos les quitaron sus propiedades y han pretendido quitarles su ciudadanía lo que es imposible. La patria donde nacemos se lleva por dentro y no depende de un papel o pasaporte.

Por ello doña Violeta se trasladó a Costa Rica para poder estar nuevamente con todos sus hijos particularmente al cumplir sus 94 primaveras. Que la dama con guantes de seda, pero con manos de hierro, quien después de los años negros de los 1980’s comenzó a restaurar la democracia y la institucionalidad en Nicaragua, tenga que abandonar su país en un exilio forzado por circunstancias familiares no solo es muy triste sino también vergonzoso.

Mi agradecimiento como nicaragüense a Costa Rica por acogerla por segunda vez después de 66 años; siendo esta la tercera vez que celebra su cumpleaños en nuestro hermano país. Dentro de la tristeza por su partida, los nicaragüenses, y mi familia en particular, la felicitamos por celebrarlo nuevamente en familia.

Además, estando seguro de que “Nicaragua volverá a ser república”, como pronosticó su esposo don Pedro Joaquín, sé, doña Violeta, que usted regresará pronto a su Nicaragüita para volver a oler de nuevo la tierra mojada de su Rivas natal.

El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada.

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