A propósito de la nueva guerra entre Israel y Hamás en el territorio palestino de Gaza, se me ocurre escribir sobre Anat, diosa cananea de la guerra —paradójica o lógicamente al mismo tiempo que del amor— a la que adoraban los antiguos habitantes de esa región del Cercano Oriente.
En la literatura religiosa y mitológica universal se da el nombre de religión cananea al conjunto de creencias religiosas de los habitantes en el antiguo Levante mediterráneo, donde en la actualidad están los Estados de Israel, Jordania, Líbano, Siria y los territorios palestinos. Uno de estos últimos es precisamente la llamada Franja de Gaza.
En mayo de 2022 se conoció la noticia de que un agricultor palestino, mientras araba su tierra de labor en el sur de Gaza muy cerca de la frontera con Israel, encontró por casualidad la cabeza de una estatua de piedra de la diosa Anat.
Los antiguos cananeos se figuraban a Anat como una mujer desnuda de grandes pechos y un área vaginal prominente, coronada con una serpiente que era símbolo de fortaleza. Ella era hermana y a la vez esposa del dios Baal, el que se menciona en el Antiguo Testamento de la Biblia, y se creía que era una diosa cruel con un carácter extremadamente violento, por lo cual le tenían mucho temor y le hacían sacrificios para aplacar su ira.
El culto a Anat se extendió por las antiguas poblaciones de Canaán, Fenicia, Siria, Chipre y Egipto. Algunos historiadores de las mitologías orientales creen que ese culto no se originó en Canaán, sino que habría llegado desde Egipto, junto con otros dioses semíticos. Entre estos cabe mencionar, además de Anat, a Baal, Yam, Mot y Dagán, que eran similares o equivalentes a los dioses griegos Cronos, Zeus, Poseidó y Hades, el dios del mundo de los muertos.
En la mitología egipcia se cuenta que una vez el dios Seth paseaba por la orilla del río Nilo cuando encontró a Anat que estaba bañándose en sus aguas completamente desnuda. Seth se convirtió en un carnero para acercarse a Anat y violarla. Seth era una divinidad ctónica, o sea del interior de la tierra, dios de la fuerza bruta, del caos, de la sequía y del desierto.
Pero como Anat solo podía concebir a partir del fuego del cielo, con fuerza expulsó de su vagina el semen de Seth que cayó sobre su cabeza, hiriéndole gravemente y causándole sufrimiento. Entonces Ra (dios del sol y padre de todos los demás dioses), se compadeció de Seth y mandó a la diosa Isis para que lo sanara.
Se dice que los templos más importantes de Anat estaban en Avaris, Menfis (Egipto) y en Beth-Shan, donde ahora es Palestina. En Menfis era llamada Bin-Ptah, o sea hija de Ptah, el dios de la habilidad creadora al que se atribuye haber creado las artesanías y la arquitectura. Y además tenía el poder simultáneo de la sanación y la destrucción.
Por su carácter violento Anat se mostraba siempre con armas mortíferas en las manos. En Egipto fue adorada sobre todo durante el llamado Imperio Nuevo y el faraón Ramsés II la hizo su guardiana personal que lo acompañaba en las batallas. Tanto adoraba el faraón a Anat que puso a su hija —que sería su esposa— el nombre de Bin-Anat (Hija de Anat).
Anat instruía a los reyes y los guerreros en el manejo de las armas y las tácticas militares, infundiéndoles ferocidad. De manera que es probable que Anat estuviera al frente de los milicianos de Hamás durante su mortífera incursión terrorista contra la gente de Israel, el recién pasado 7 de octubre.