El dictador Daniel Ortega se ensañó una vez contra los obispos de la Iglesia católica, en su discurso del acto por el 128 aniversario del natalicio del general Augusto C. Sandino, personaje que le da nombre al partido gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Ortega volvió a recordar los eventos de 2018 y la mediación de los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) en el fallido diálogo nacional, evidenciando lo marcado que está por esos acontecimientos que hicieron tambalear por un momento su régimen dictatorial.
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El dictador nicaragüense repitió que los obispos de la CEN le entregaron un «documento firmado por todos ellos», en el que le pidieron «desmantelar el Estado», lo que para Ortega fue un acto golpista que hasta el día de hoy recuerda con ardor.
«Pensaban que ya nos habían vencido y solo esperaban que dejáramos el gobierno», dijo Ortega. «Apelamos a los famosos mediadores que eran golpistas, todos los curas que estaban allí como mediadores eran golpistas», insistió.
Es el segundo discurso consecutivo en que el dictador menciona el documento que le entregaron los obispos en 2018 y que era firmado por todos los miembros de la CEN, reveló Ortega.
Sigue mencionando a parapoliciales
Ortega dijo que esta solicitud de la CEN lo hizo tomar la decisión de desmontar las barricadas que la ciudadanía levantó en todo el país como forma de protesta, pero también para protegerse de la represión policial. La llamada Operación Limpieza significó decenas de ciudadanos muertos, incluyendo más de 20 policías que son los únicos muertos que Ortega reconoce.
El dictador confesó que la Policía, el Ejército y «policías voluntarios» —que eran parapoliciales y paramilitares— trabajaron para «restaurar el orden».
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«Cuando llegó ese mensaje (de la CEN) dijimos esta gente está loca, aquí no queda más camino que desmantelar los tranques y restablecer el orden en el país y fuimos, y lo hicimos, para restaurar el orden en el país, y trabajamos con la Policía, el Ejército resguardando zonas estratégicas, con la policía voluntaria llevando a cabo las operaciones», manifestó Ortega.
Más de 300 personas murieron en 2018 por la represión contra las protestas civiles, según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En su discurso el dictador aprovechó para cantar Feliz cumpleaños a Sandino ante la atenta vista de su esposa Rosario Murillo. Al terminar aprovechó para bailar con el grupo que amenizaba el evento en el que se hizo acompañar de policías, Ejército, ministros y otros.
Ataques constantes
En los últimos años, la dictadura de Ortega y su esposa, Rosario Murillo, ha radicalizado sus ataques contra la Iglesia católica, encarcelando sacerdotes y prohibiendo todas las actividades religiosas que se realicen afuera de los templos.
También ha cancelado numerosas organizaciones sociales, caritativas, albergues de la Iglesia católica, centros académicos, medios de comunicación de línea católica, expulsado monjas y sacerdotes del país.
Uno de los actos más cuestionados es la condena a 26 años de prisión al obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, a quien además despojó de su nacionalidad, bajo acusación de “traición a la patria”, “menoscabo a la integridad nacional”, “propagación de noticias falsas” y “desobediencia o desacato a la autoridad”. Monseñor Álvarez es uno de los sacerdotes más críticos de la dictadura y había resistido los ataques de Ortega dentro del país, hasta que fue encarcelado en agosto de 2022.
La guerra de Ortega contra la Iglesia católica lo llevó a suspender las relaciones diplomáticas con el Vaticano, tras una crítica del papa Francisco por la detención de sacerdotes en Nicaragua.