Recientemente participé en un conversatorio sobre refugio, organizado por la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (Ulacit) de Costa Rica, en el marco del Día Mundial del Refugiado que es cada 20 de junio. Una de las preguntas del público me llamó mucho la atención, “cuál creen que es la mentira más grande sobre los refugiados”.
Las respuestas igual me parecieron interesantes, como considerar que los refugiados nicaragüenses en Costa Rica económicamente dependen del gobierno, la duda de si tienen derecho al acceso a la salud, por ejemplo, cuando pagan impuestos, declaran en hacienda y están inscritos en la Caja Costarricense del Seguro Social. Además, confundir a los migrantes económicos con las personas exiliadas o víctimas de desplazamiento forzado. Estas personas salieron de sus casas, de la vida que conocían, dejaron trabajos, casas, familias y mascotas porque fueron obligados, no fue un movimiento voluntario. El migrante económico sale por buscar mejores oportunidades, tiene un plan.
En el caso de los campesinos que trabajan en ambos lados de la frontera en temas de corte de café, recolección de piñas y otros, saben cómo hacerlo. Incluso los dilemas de los niños y niñas que acompañaban a sus padres eran un tema de discusión y se habló en algún momento de un pasaporte escolar porque llevaban clases de ambos lados de la frontera.
Pero después de 2018 en el sur se recibió a los que salieron para resguardar su integridad, su libertad, su vida. Y hablamos de todos los sectores, por lo que se creó la mentira de que todo nica en Costa Rica era del campo y se recibían comentario como “usted no se ve como nica, no habla como nica, se ve estudiada”.
Mentiras sobre los refugiados hay muchas, estas son dos presentadas en este conversatorio y quiero hacer énfasis en que una mentira se puede instalar en la idea colectiva de un pueblo y generar actos de discriminación.
Escuchar que una persona es de un país o de otro no debería generar todo un concepto creado socialmente, debería verse desde un punto positivo. Aún me parece increíble que en lugar de pensar que esta variación de tipo de desplazamiento es un ganar-ganar se piensa en que viene a afectar negativamente a los costarricense.
Los refugiados tienen el derecho a la protección del país que los recibe y traen experiencia, talento y habilidades que deben ser reconocidas. En lugar de complicar el tema de una homologación de títulos, con la mentalidad de que los nicas se pueden quedar con trabajos que serían de costarricenses, pensar que ante la crisis en la Caja Costarricense por falta de médicos tienen médicos exiliados o víctimas de desplazamiento forzado en otros trabajos como meseros.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.