Como informó este Diario de los Nicaragüenses, monseñor Silvio Báez en su sermón de este Domingo de Ramos afirmó que Jesús fue víctima de la justicia religiosa y política de su época. Yo más hubiera dicho de la “injusticia” como la que desafortunadamente prevalece hoy en nuestro país.
“Soldados crueles amaestrados para torturar y matar. Turbas manipuladas e insensibles que se dejan llevar por la irracionalidad. Autoridades políticas inmorales, corruptas y sanguinarias; esta es la historia de la Pasión del Señor”, menciono monseñor.
Monseñor siguió relatando que la Pasión de Cristo es la historia de una injusticia, de una víctima condenada a muerte. Jesús “fue arrestado de forma ilegal, quienes lo apresaron no tenían ninguna orden judicial para hacerlo, fue arrestado sin haber cometido ningún delito”, agregó el líder religioso, aseverando que no se respetaron los procedimientos establecidos por la ley.
“Fue una víctima del odio y de la violencia, de la ambición desmedida del poder de los hombres y de la política”, indicó monseñor. Señalando también que quienes tienen el poder político buscan silenciar a los defensores de quienes aclaman justicia.
¿Les suena conocido? En mi caso, y salvando por supuesto la enorme distancia entre la Pasión de Cristo y lo mero terrenal, las palabras de monseñor Báez me recordaron a nuestra Nicaragüita de hoy. A nuestro corrupto sanedrín que no merece el nombre ya que solo obedece órdenes, a la también corrupta y represiva Policía, al falso corrupto y vergonzoso sistema judicial, y a nuestros Caifases, Anases, Pilatos, Judases, y malos ladrones.
Salvando nuevamente esa enorme distancia nadie pudo mejor que monseñor en su sermón trasladar el pasado al presente y reproducir la situación de nuestra Nicaragüita y la de muchos, cuando afirmó que “el crucificado injustamente está presente en los perseguidos, excluidos, en las víctimas de la represión y de la guerra, en los presos políticos, y en quienes han sido forzados al exilio. El Jesús crucificado sigue sufriendo donde se irrespeta la libertad de las personas, en los pueblos oprimidos por “los poderosos desquiciados”, en la sociedad empobrecida a causa de la injusticia y la represión.
Pero yo quisiera agregar a las palabras de monseñor que también debemos recordar, que al segundo día de su crucifixión Jesús resucitó, lo que, a través de los siglos, le ha dado esperanza a la humanidad y esta semana en particular nos da también a los nicaragüenses la esperanza y la confianza de que tarde o temprano, ojalá más temprano que tarde, se acabaran los tiempos malos y viviremos en un país justo y próspero, y donde volverán las procesiones de Semana Santa que celebrábamos desde niños con nuestros abuelos y padres.
Para los exiliados el mensaje de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es que no pierdan la esperanza y confíen en que volverán a su Nicaragüita, a sus familias, y a oler de nuevo la tierra mojada. Y para los pobres y desempleados, que pronto vendrán tiempos mejores.
El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada