Mi buen amigo de pupitre Humberto Belli ha venido analizando este año en una serie de artículos de opinión publicados en este Diario de los Nicaragüenses lo que él llama “las causas y remedios de nuestras desgracias políticas”, Recomiendo que los lean, aunque no comparto algunas de sus opiniones.
En su artículo de la semana antepasada (“Cómo vencer la maldición de Sífifo”) Humberto propone “que un elemento indispensable para cambiar Nicaragua y prevenir sus recurrentes desgracias es cristianizarla”. Ya que “en realidad, nuestro mayor reto no es cambiar las estructuras políticas sino su gente; cambiar la ética y comportamientos de sus ciudadanos. Y nada mejor para lograrlo que la educación cristiana”.
Y en su artículo de la semana pasada (“Buscando la piedra angular”) agrega que una educación cristiana con sus valores, “suministraría a la juventud una moral difícil de adquirir a través de la educación laica. Habría pues que redefinir el propósito de la educación. Dejar de centrarla en la transmisión de conocimientos o habilidades intelectuales y técnicas, y enfocarla en la producción de mejores personas”.
A estos artículos les hace falta balance, perspectiva, y sus recomendaciones no contribuyen a solucionar nuestros verdaderos problemas.
En general los artículos de Humberto sobre el tema son muy críticos del nicaragüense común e ignoran que no es que “le falta ética”, sino que diariamente tiene que luchar por llevarle comida y medicinas a su familia por lo que no tiene ni tiempo ni recursos para tratar de cambiar al país como lo tienen algunos pocos.
Por supuesto que es muy importante fomentar, comenzando desde los hogares, no solo una educación cristiana sino, yo más bien diría, religiosa ya que el cristianismo no tiene el monopolio de los valores, pero decir que “hay que redefinir el propósito de la educación y dejar de centrarla en la transmisión de conocimientos y habilidades técnicas” no tiene ninguna lógica más viniendo de un prestigioso exministro de Educación. Más bien, aunque conociéndolo sé que no es su intención, es una receta para perpetuar la pobreza.
Por el contrario, lo que se debería destacar es que ambos enfoques, el religioso y el laico, se complementan. Tampoco hay necesidad de “cristianizar” a los nicaragüenses ya que la mayoría tiene sentimientos cristianos.
El problema principal que tenemos los nicaragüenses es la pobreza, lo que requiere para eliminarla, o al menos reducirla, un esfuerzo integral en varias piedras angulares y no solo en una, comenzando por crear un país con instituciones sólidas que impulsen la democracia, protejan los derechos humanos, y respondan a las necesidades del pueblo.
Una de las piedras angulares para lograr estos objetivos es, contrario a lo que opina mi amigo Humberto, darles a los jóvenes los conocimientos y habilidades que se requiere para integrarlos a ellos y a Nicaragua al siglo 21.
Nuestra falta de institucionalidad y democracia, y la pobreza, son parte de un círculo vicioso que está muy ligado a la carencia de una buena educación de parte de la población. Una mejor y más moderna educación laica complementada por un énfasis en los valores morales rompería este círculo vicioso y también contribuiría a minimizar el problema de la falta de unión familiar en algunos hogares nicaragüenses que Humberto legítimamente menciona en sus escritos.
El autor es economista. Bachiller del Colegio Centro América.