El Banco Central de Nicaragua (BCN) anunció el lunes antepasado que el deslizamiento (devaluación nominal del Córdoba respecto al dólar) bajará del 2 al 1 por ciento a partir de hoy. En su comunicado el BCN indica que su Directorio adoptó esta decisión en “el contexto de un marco de política macroeconómica adecuada e indicadores económicos en crecimiento, y que la reducción ayudará a compensar los efectos de la inflación internacional y reforzar la previsibilidad del tipo de cambio nominal”.
Sin duda, la política macroeconómica del Gobierno ha sido adecuada (salvo la composición de los impuestos y gastos) pero no entendí cuáles son los “indicadores económicos en crecimiento”. Tampoco lo de “reforzar la previsibilidad del tipo de cambio nominal” que suponía ya existía.
La reducción en el deslizamiento es mínima y, contrario a lo que se ha especulado en los diarios, no tendrá mayor efecto adicional (enfatizo adicional) ni en la economía, ni en los jubilados, ni en las exportaciones, ya que contribuirá a una menor inflación y menores costos de exportación.
Pero la reducción, aunque menor, me parece precipitada ya que la apreciación del córdoba, el entorno externo, y más importante la situación política interna llamarían más bien a mayor y no a menor flexibilidad cambiaria. ¿Por qué?
1. El córdoba se apreció 3 por ciento respecto al dólar el año pasado ya que nuestro diferencial de inflación con los Estados Unidos (5 por ciento) fue mayor que el deslizamiento. Tanto el BCN como el FMI proyectan que el diferencial de inflación será de 3-4 por ciento este año lo que llamaría a no reducir el deslizamiento.
2. Sin quitarle mérito a la buena conducción macroeconómica, el fortalecimiento de las reservas internacionales brutas del BNC de 1,193 millones de dólares en los dos últimos años fue acompañado por un crecimiento de la deuda externa pública (gobierno y BCN) de 990 millones de dólares (a octubre del 2022) por lo que nuestra fortaleza externa neta no es tan fuerte como se proclama: apenas 203 millones de dólares (BCN y Hacienda).
3. El entorno internacional continúa incierto y no luce favorable para nosotros. El FMI pronosticó antenoche (ver actualización del Informe sobre la Economía Mundial) que el crecimiento de los EE. UU., nuestro principal socio comercial, bajará del 2 por ciento el año pasado al 1.4 por ciento este año y al 1 por ciento el próximo lo que afectaría el crecimiento de nuestras exportaciones y las remesas. Esto también llamaría a no reducir el deslizamiento.
4. Asimismo, el FMI pronosticó que los precios de las materias primas disminuirán 6.3 por ciento este año lo que estaría compensado por una baja en los precios del petróleo del 16 por ciento. Por falta de información concreta no he podido cuantificar el efecto neto en nuestra economía, pero el pronóstico llama a cautela en la política cambiaria.
5. Más importante, la situación política del país genera una gran incertidumbre y afecta considerablemente las perspectivas de inversión privada y crecimiento. En el balance del FMI sobre las perspectivas y riesgos para Nicaragua dominan los riesgos incluyendo un (mayor, aunque no lo dicen claramente) deterioro en el clima de inversión y sanciones internacionales más fuertes (ver informe del viernes pasado) lo que llamaría a mayor y no menor flexibilidad cambiaria.
El viernes pasado el Fondo Monetario Internacional publicó su informe sobre nuestra economía. El informe reconoce apropiadamente la buena conducción macroeconómica del Gobierno. Es técnicamente muy bueno, y sus recomendaciones técnicas son apropiadas. Pero falla al no mencionar y analizar que las perspectivas de crecimiento y reducción de la pobreza del país están altamente perjudicas por la situación política interna y las políticas anticrecimiento y represivas del Gobierno lo que le resta balance y credibilidad.
Pero los directores del FMI en su evaluación de la economía fueron más directos sobre la situación del país destacando, en lenguaje político, “la necesidad de redoblar esfuerzos para mejorar el clima empresarial, la transparencia, y el marco de gobernanza, y de llevar a cabo más esfuerzos para fortalecer la gestión de gobierno y la lucha contra la corrupción”.
También recomendaron “garantizar el acceso equitativo e imparcial al sistema judicial y a recursos en los procesos jurídicos a fin de respaldar los derechos de propiedad, el cumplimiento de los contratos, y la protección de las inversiones” (Ver comunicado del viernes pasado del FMI).
Al entendido por señas, aunque dudo que nuestros “gobernantes” entiendan de que se trata.
El autor es economista. Bachiller del Colegio Centro América de Granada.