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La otra ruta letal de los migrantes en México

Para burlar a las autoridades migratorias y llegar a Oaxaca, las personas ahora se arriesgan a viajar por el mar abierto. Estos son los testimonios

Los migrantes irregulares han encontrado en México la alternativa de rutas por el mar abierto, todas de alto riesgo, pero en creciente auge por el aumento de restricciones para avanzar por ese territorio rumbo a Estados Unidos.

Hay una ruta en particular que los lleva a San Pedro Tapanatepec, en el estado de Oaxaca, donde las autoridades migratorias entregan un supuesto permiso que les ayuda a transitar «sin problemas» por ese país, con el objetivo de llegar a la frontera norte. Es un trayecto sumamente peligroso que los puede llevar a la muerte, pero miles asumen el riesgo para evitar los controles terrestres de autoridades mexicanas, ser detenidos en centros de refugio o deportados.

Aunque tradicionalmente se conoce que los migrantes contratan traficantes de personas, conocidos como «coyotes», para poder cruzar México y llegar a la frontera norte, al menos, en los últimos siete meses el flujo migratorio ha estado caracterizado por ciudadanos que deciden viajar sin la ayuda de un guía y prefieren aventurarse por sí solos en ese país.

Pero la potencial llegada masiva de migrantes también ha hecho que la ruta por tierra esté «quemada» y que el Gobierno de México mantenga un despliegue de agentes migratorios para contener dicho tránsito; por lo que los coyotes ahora ofrecen esta nueva alternativa vía marítima, para que las personas puedan burlar a las autoridades y lleguen a San Pedro sin mayores inconvenientes. Solo que la advertencia es tajante: «El que se cae, se queda».

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Hasta ahora, los que han optado por esta ruta acuática confiesan que es la peor experiencia vivida durante su travesía por el país azteca, porque viajan durante horas sentados en una pequeña lancha, apretados, sin chalecos salvavidas y con la brisa del mar empapando sus cuerpos todo el trayecto.

“Esa ha sido la peor experiencia de mi vida… Dios nos cuidó mucho”, relata Manuel, un joven nicaragüense quien recientemente emprendió la travesía.

Viaje de resistencia

Manuel pagó 450 dólares para que el coyote lo cruzara de la frontera de Guatemala a México, y posteriormente lo trasladara al puerto Madero, en Chiapas, donde se abordan las lanchas. Su viaje inició a las 2:00 de la madrugada y antes de embarcar, los pasajeros deben apagar sus teléfonos celulares.

El viaje es por mar abierto y no hay parada alguna. A como se acomode la persona, así pasará el resto del trayecto y deben aguantar las ganas de orinar, defecar, beber agua u otra cosa que pueda atrasar el viaje. Lo más seguro es ir casi inmóvil y bien agarrado de donde se pueda debido a los saltos que de la lancha, relata el joven.

En el bote en el que viajó Manuel iban alrededor de unos 22 hombres más. Las mujeres y niños que cruzaron en un inicio a México con él se fueron en otra lancha.

«El maje (coyote) nos dice antes de partir, ‘les voy a ser honestos, es un viaje muy peligroso'», recuerda el migrante. Lo que nunca se imaginó es que vería drones volar sobre el mar y que tenían que huir de la guardia marina.

«Ya sobre el mar miramos como cuatro drones, eso fue en la madrugada, y al ratito se apareció una lancha que casi nos pasa encima de lo rápido que venía. Nosotros nos detuvimos, los de la otra lancha, cuando nos escucharon, pensaron que era la Policía, pero confirmaron que éramos migrantes y que el maje (coyote) trabaja con ellos», cuenta Manuel.

«Cuando volvieron a encender los motores para seguir, íbamos demasiado rápido, vieras cómo se levantaban esas lanchas y caían con fuerza, me dio un miedo como nunca, yo solo me iba agarrando duro y orando, pensando a qué hora se daba vuelta la lancha», relata.

«Eso parecía como un videojuego»

Por las siguientes ocho horas nada cambió. La lancha irrumpía en el tranquilo mar, subiendo y bajando con fuerza. Solo se escuchaba el sonido del motor y el agua pegando en la lancha y los pasajeros.

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«Cuando son las 10:00 de la mañana, el marinero recibe una comunicación de que la Marina está regada más adelante. Le dicen que más lancha nos acompañarán para engañar a la marina mientras nosotros nos quedamos escondidos como en unos manglares. Al rato, recibe otra llamada y le avisan que anda un helicóptero sobrevolando el mar y que nos andan buscando, nos fuimos de volada a escondernos (…) eso parecía como un videojuego», expresa Manuel.

El ciudadano se mantuvo ese día, junto al resto de los pasajeros, escondido en el manglar. Y fue hasta las 6:00 de la tarde que fueron trasladados a un lugar, donde pasaron la noche, aún lejos de su destino. A primera hora del día siguiente volvieron al mar, llegando a salvo a la costa de Oaxaca.

«Es un duro viaje»

Rodolfo, otro nicaragüense que se aventuró por esta ruta, afirma que pagó 320 dólares porque lo trasladaron de Tapachulas, estado de Chiapas, a la costa de oaxaqueña. El viaje duró 11 horas y aunque no vivió ningún inconveniente, reconoce que el recorrido es agotador.

En la lancha iban unas 23 personas, incluyendo hombres, mujeres, niños y el coyote. La gente se sienta en el centro del suelo del bote, porque en los extremos van los galones de combustible, que buscan nivelar el peso de los pasajeros.

«Para rematar, todas las maletas la echan en una gran bolsa de plástico y la acomodan entre nosotros. Íbamos sufriendo porque estábamos apretados sin poder movernos, incómodos y con los pies dormidos», manifiesta.

«Eso sin meter que la lancha daba unos saltones que te dolían las nalgas. Durante todo el camino fuimos mojados y ya como a dos horas de llegar fue que pasaron a un grupo de personas a otras lanchas, pero eso fue horrible, nos dolían las nalgas, la espalda, los pies, vieras cómo se siente el cuerpo cuando tocás tierra, fue duro ese viaje», agrega Rodolfo.

Datos de la ruta

De acuerdo con los testimonios recogidos por LA PRENSA e información brindada por la organización Nicaragüenses en México, esto es lo que se sabe de la ruta marítima:

—Los migrantes abordan medianas y grandes lanchas en Puerto Madero, Chiapas.

—El trayecto por el mar abierto dura entre 10 y 12 horas.

—La capacidad de personas en cada lancha puede andar entre los 22 y 25 personas.

—El costo puede ir entre los 350 y 500 dólares, dependiendo de dónde se encuentre el migrante.

—Durante todo el camino, las personas van apretadas, haciendo que se les entuman las piernas y los pies.

—En algunas ocasiones, el coyote provee chalecos a menores de edad, y en otras, aparta a mujeres y niños en otra lancha. «Esto va a depender del coyote que le toque».

—El punto de desembarco es en Puerto Paloma, según los testimonios de los migrantes. Aunque posiblemente puede haber otros lugares.

Nicaragüenses en México manifiestan que esta nueva ruta está ligado al crimen organizado y considera que podría ser «muchísimo más peligrosa» que por tierra. Debido a la complejidad del viaje se les dificulta recoger datos sobre la misma, aunque ya tiene el reporte de casos de personas desaparecidas que han elegido este viaje.

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