Managua, la capital del país, reinicia cada invierno un bucle. Con las primeras precipitaciones de la temporada lluviosa las aguas de canaletas, cunetas y cauces se desbordan. Colapsan las tuberías, las calles se vuelven ríos y en los barrios crecen lagunas. Desde la tercera semana de mayo, con la entrada del invierno 2022, la ciudad inició nuevamente su inundación anual, a pesar de que Julia tocó el Pacífico como tormenta tropical, Managua
Desde mayo hasta la fecha, varios residenciales ubicados en la zona de la Carretera a Masaya y zonas costeras de Managua quedan anegados, incluso hubo derrumbes de muros perimetrales cuando los terrenos son socavados por las fuertes corrientes. El mercado Oriental se convierte en un laberinto acuático. No es la primera vez que pasa. Son inundaciones anuales, con huracanes, tormentas o lluvias vecinas que desemboquen en la capital.
El alto costo humano y material que anualmente provocan estos desastres demuestra que es un problema que se ha vuelto endémico, que tiene múltiples causas y requiere una respuesta integral.
Por años se ha señalado que la construcción de urbanizaciones en zonas consideradas de riesgo, donde algunos piensan que debería prohibirse construir, pone en riesgo la vida de sus habitantes y además agudiza el problema de las inundaciones en la capital. A criterio de especialistas, la solución no es la prohibición de construir, pero sí cumplir las exigencias para hacerlo bien; garantizar la seguridad de sus habitantes y a la vez evitar que las corrientes inunden la ciudad.
Organizaciones ambientalistas por décadas demandaron que el supuesto anillo o cerco verde o el proyecto de la carretera de circunvalación Ticuantepe-Nejapa, que la Alcaldía de Managua prometió cumplir, se estableciera como límite urbano para el crecimiento de la capital.
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Las construcciones han sellado los suelos
Muchas de estas zonas de riesgo y cuidado están ubicadas en la subcuenca III de la cuenca Sur del Lago de Managua, que administrativamente incluye cinco municipios: Managua (Distritos V y VI), Ticuantepe, La Concepción, El Crucero y Nindirí. Zonas que en los últimos años han cobrado gran importancia residencial, especialmente por el desarrollo vial de la Carretera a Masaya y sus alrededores. Zonas y residenciales afectados también por las inundaciones.
Los desarrollos residenciales no solo implican construcciones de casas, sino andenes, calles y carreteras que cubren los suelos de cemento o concreto, sellando las áreas naturales por las cuales el agua debería escurrirse y reabsorberse. Toda el agua que el suelo ya no logra captar, satura, se abre paso y corre por donde puede. A criterio de especialistas la tendencia no debe ser prohibir las construcciones sino obligar a los constructores a adoptar técnicas de sostenibilidad para reducir los riesgos.
«El crecimiento de urbanizaciones y los cambios en el uso de la tierra implican un aumento de la escorrentía superficial, mayor erosión y más demanda de infraestructura en la red de drenaje y servicios básicos. En la parte alta, la actividad agrícola ha contribuido a la deforestación acelerada, especialmente en zonas con pendientes de fuertes a moderadas», dice análisis de la Asociación de Municipios de la Sub-Cuenca III, de la Cuenca Sur del Lago de Managua (Amusclam).
El documento añade que además la Subcuenca III es el área de recarga más importante del acuífero que suministra agua potable a Managua, pues en ella se encuentran tres campos de pozos que producen el 60 por ciento del suministro de agua a la ciudad. Por tanto, es importante ayudar a recargar estos acuíferos y eso puede lograrse a través de la infiltración del agua de lluvia.
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Administrar las aguas pluviales
Construir en estas zonas que deberían ser áreas verdes y zonas de amortiguamiento, incrementa las superficies impermeables; es decir, se reduce la capacidad del suelo de captar agua. El desarrollo no se puede detener, por lo tanto no se puede dejar de construir —reconocen—, pero hacerlo de forma correcta debe ser la principal responsabilidad de las autoridades e incluso de las constructoras privadas para garantizar la seguridad e incluso vida de los habitantes.
«Al urbanizar, lo que antes era campo se vuelve una calle o una casa. Entonces esa agua que antes era absorbida por el suelo ahora corre, eso es lo que se llama escorrentía; y esa escorrentía va a parar a los cauces o a las partes más bajas de Managua», explica la arquitecta Angela Barreto, consultora en Sostenibilidad y Eficiencia Energética.
Para contrarrestar estas consecuencias es fundamental construir de forma correcta y que haya un adecuado desarrollo urbano en esas zonas, para restringir ciertas prácticas de construcción y garantizar que cumplan las normas de sostenibilidad y el enfoque de cuenca.
«El enfoque de cuenca significa administrar las aguas pluviales de manera conjunta en toda la zona. Porque, por ejemplo, si en un residencial de carretera a Masaya se acumula mucha agua y se inundan las calles o las casas, esa agua correrá hacia los cauces de Managua. También es necesario activar Amusclam —que ha recibido casi diez millones de dólares en donaciones— y establecer normas de construcción que garanticen que las calles y parqueos infiltren el agua de las escorrentías», dice el ingeniero Agustín Jarquín, exdiputado miembro de la Comisión de Infraestructura de la Asamblea Nacional.
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Empresas constructoras deben asumir compromisos
Para Abdel García, planificador de espacios sostenibles, el problema no es si se construye o no en zonas de riesgo, sino entender que las inundaciones tanto en residenciales como en Managua se volvieron endémicas; por tanto, requiere soluciones integrales y compromisos de todos los involucrados. Especialmente porque debido al cambio climático la cantidad de lluvia crece en cada temporada.
«Mi sentido común me dice que la Cámara de Urbanizadores de Nicaragua (Cadur) como parte de la empresa privada y por ser quien está ocupando los territorios con nuevos asentamientos urbanísticos, debe comprometerse alrededor del ordenamiento del territorio. Pero no solo en la aplicación de normas para construir una pared o un techo, sino compromiso urbanístico alrededor de toda la ciudad. De hecho es su responsabilidad vender seguridad a los asentamientos que construye», dice García.
Las empresas constructoras deben acoplarse a las normas urbanísticas que ya aplica la ciudad y el compromiso no debe limitarse al espacio donde ellos construyen. Debe incluir componentes que garanticen que el asentamiento que construyan no genere riesgo para las personas que adquieran esas viviendas, pero tampoco para el entorno y el resto de la ciudad. Por ejemplo, reducir la escorrentía que llega a los cauces y partes bajas de Managua.
Para Barreto, el problema es que se está recolectando el agua de lluvia pero no se está infiltrando; entonces corre e inunda calles y casas en las urbanizaciones. Pero sigue corriendo hasta bajar a los cauces y las partes bajas de Managua donde provoca mayores inundaciones.
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Pero, ¿cómo o por dónde empezar?
Lo importante es retener el agua antes que baje, pero eso no se está haciendo. Por ejemplo, en Carretera a Masaya hay muchas urbanizaciones con calles asfaltadas o adoquinadas, pero sin ningún tragante pluvial. A criterio de los especialistas, esto representa un constante riesgo de inundación para la zona, pero también para la capital hacia donde el agua corre para terminar en los cauces y partes bajas.
Jarquín y Barreto coinciden que si las construcciones le restan capacidad de absorción a los suelos donde están ubicados esos complejos habitacionales, hay que aplicar normas que garanticen la infiltración del agua de lluvia que cae en esas zonas.
Jarquín considera que un primer gran paso debe ser aprobar la Ley de Urbanismo, que desde el 2013 está dictaminada en la Asamblea Nacional. Luego hay que establecer normas que garanticen la infiltración del agua de lluvia. Para hacerlo hay diversas técnicas que las grandes construcciones ya están adoptando. «Un ejemplo es el Maxi Palí de la pista El Dorado, su parqueo está forrado con pequeños adoquines con piedra para garantizar la infiltración del agua de lluvia. El problema es que hay muy pocos ejemplos de este tipo de técnicas en Managua.
Por su parte, Barreto no se atreve a hablar de una solución definitiva al problema. Pero detalla algunas iniciativas que contribuirían a resolver el problema. Entre ellos menciona, que en lugar de los tradicionales sistemas de drenaje que se conectan al alcantarillado público, se construyan sistemas de infiltración, ya que incluso muchos complejos habitacionales ni siquiera tienen sistema de alcantarillado.
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Técnicas para infiltrar el agua
Estos sistemas de infiltración se pueden hacer incluso en las casas. Consisten en excavaciones de varios metros de profundidad que se hacen en los patios, se recubren con geotela (geotextil o geotejido es una tela permeable y flexible) y luego se rellenan con piedrín, grava y arena, para que el agua sea absorbida por el suelo. Esto le resta presión al sistema pluvial de la urbanización o colonia y a la vez del municipio, pero también contribuye a recargar los acuíferos que se están secando.
A partir de experiencias de otros países, Barreto dice que otra cosas que se pueden hacer son es usar cauces vegetados, es decir, cubiertos de vegetación y reforzados con malla.
«El problema es que aquí todos son revestidos de concreto y el concreto no absorbe el agua; además, ofrece muy poca resistencia, entonces el agua fluye muy rápidamente. La solución es hacer canales vegetados; es decir que en lugar que sea recubierto de concreto tengan grama o pasto para que reduzcan la velocidad del flujo del agua y ayuden a la absorción», explica Barreto.
Otra medida que se puede aplicar es el uso de gaviones (cubos de piedra forrados de malla) en la salida de las grandes tuberías. Esto ayuda a evitar la erosión de los suelos. Y finalmente, un buen ejemplo es el establecimiento de zonas o lagunas de inundación; es decir, espacios destinados a recibir las escorrentías que son desviadas hacia esas zonas.
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Techos verdes
En otros países se promueve la instalación de techos verdes, se usan sobre estructuras metálicas o de concreto y sobre ellos se colocan capas vegetales. El problema es que no todas las familias tienen capacidad de hacer esto en sus casas, porque tienen un alto precio de instalación y mantenimiento. Estos techos actúan como esponja para absorber el agua de lluvia y quitar presión a los sistema de drenaje a los que están conectados. Otra técnica es usar jardines de infiltración que ejercen la misma función.
Incluso en 2015, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su estudio Adaptación al Cambio Climático y Manejo Integrado de los Recursos Hídricos en Managua, Nicaragua, recomendó el uso de estas técnicas de infiltración de las escorrentías. Ya que además de evitar las inundaciones pueden representar ahorros de costos de entre el 15 y 80 por ciento con respecto a las prácticas convencionales. Además, proporcionan beneficios ambientales; porque son parte de las prácticas de manejo de las aguas pluviales bajo un enfoque de Desarrollo de Bajo Impacto (LID por su sigla en inglés).
Para evitar riesgos de inundación por la escorrentía, también es importante que todo lote de terreno, próximo o colindante a un cauce, respete un margen de entre 5 y 7 metros. Esta es una norma establecida en la cartilla urbanística que la comuna capitalina elaboró en 2021.
Los especialistas insisten en que no es prohibiendo construcciones en determinadas zonas que se resolverá el problema. Este solo se solucionará cuando se adopten diversas técnicas para garantizar la seguridad de estos asentamientos y de su entorno. Por tanto, es fundamental el compromiso de todos los involucrados, tanto del sector público como privado, para garantizar estas soluciones integrales.