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Becky Mc.Cray Urbina es una fiel defensora de los territorios indígenas. LA PRENSA/ CORTESÍA

Becky Mc.Cray: la primera abogada indígena del pueblo Rama

La defensa de las tierras comunales de su territorio y la prevención de la violencia hacia las mujeres indígenas han sido su bandera. Una vida de retos y desafíos que empezó cuando decidió estudiar Derecho

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“Claro que temo por mi vida, pero temo más por la vida de mis hijos. Siento que yo seré la única responsable por el trabajo que realizo”, dice Becky Mc.Cray Urbina cuando explica que al igual que ella muchas mujeres indígenas desean aportar al proceso de patrullaje dentro de la reserva Indio Maíz para defender su territorio de “colonos” invasores y optan por no hacerlo.

“Tenemos miedo que nos violen, nos secuestren, nos maten y que nuestra familia ni sepa dónde nos van a enterrar”, denuncia Mc.Cray, primera abogada rama quien además se ha convertido en una defensora de los derechos de las niñas y las mujeres indígenas de esta etnia y desde hace doce años es asesora legal del Gobierno Territorial Rama Kriol (GTR-K).

Nació en la isla indígena de Rama Cay, una comunidad ubicada en el Caribe Sur de Nicaragua, a solo a solo 15 kilómetros de la bahía de Bluefields. Aunque la distancia es poca no lo son las diferencias culturales. “En mi islita es difícil salir adelante como mujer rama y peor cuando ya eres mamá y las barreras aumentan cuando no cuentas con recursos económicos ni apoyo familiar”, cuenta Mc.Cray a Revista DOMINGO.

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Decidió que iba a convertirse en una abogada para ayudar a su pueblo y se trasladó a Bluefields para ingresar a la universidad. Su familia reprobó su decisión porque en Rama Cay las pocas mujeres profesionales eran docentes. Su esposo, le dio a escoger entre su matrimonio o perseguir sus sueños. “Salté todas las opiniones y me dije ni modo, si nadie me apoya me voy sola con mis dos hijos, pero no voy a perder mis mejores años cuando puedo hacer algo por mí”, explica.

De los siete pueblos reconocidos como nativos en Nicaragua, los Rama tienen la menor cantidad de población con solo 2,000 miembros y la mayoría habita en la isla Rama Cay, según registros de IWGIA (por sus siglas en inglés), una organización global de derechos humanos dedicada a promover, proteger y defender los derechos de los pueblos indígenas.

Becky Mc.Cray llegó a Bluefields con un diploma técnico en enfermería y sin dominar bien el idioma. Recuerda que mientras cursaba su carrera de derecho en turno sabatino trabajó cinco años como enfermera auxiliar en el hospital regional Ernesto Sequeira haciendo turnos de día y de noche sin alejarse de su meta: convertirse en la primera abogada rama. Lo logró en 2010.

Sin embargo, su liderazgo data desde 2004 cuando participó en la búsqueda de financiamiento internacional para apoyar al GTR-K, entidad que denuncia y documenta las invasiones de colones o mestizos dentro del territorio indígena. La Ley 445 prohíbe esas invasiones y establece el derecho a la propiedad comunal. Su cumplimiento es una asignatura pendiente.

Becky Mc.Cray es enfermera y abogada, LA PRENSA/ CORTESÍA

Se empapó de la Ley, se comprometió a defender las tierras ancestrales y la necesidad de comprender su defensa la movió a estudiar. “Yo decía: necesito y puedo hacer algo por mi pueblo y desde chiquita mi padre me enseñó que se viene al mundo con una misión que cumplir”, apunta.

Para 2012, Becky Mc.Cray brindó asesoría legal al proceso de demarcación territorial de las tierras comunales y en 2013, obtuvo su mayor experiencia en la litigación al ser nombrada Defensora de Familia.

Machismo cultural

Becky Mc.Cray está convencida que las mujeres nativas líderes son tres veces vulnerables. Primero por ser mujer, luego por ser indígenas y tercero por ser autoridades territoriales. Refiere que la población rama se ha caracterizado por ser “calladita” y en el caso de las mujeres “más calladitas”.

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Le tomó un largo proceso entender que no era tan bueno ser callado. Además, comprendió que al acompañamiento jurídico también debía integrarse la perspectiva de género para las mujeres víctimas de violencia.

Recuerda que en 2012 se acercó una lideresa a hablarle sobre su situación. Antes de empezar a soltar las palabras le solicitó que le hiciera la promesa que a nadie lo iba a contar. La primera reacción de la abogada fue advertirle que si era algo grave no podía quedarse en silencio y debía denunciarlo. 

La mujer la interrumpió. “¿Ves esto?”, le dijo mientras se llevaba la mano al cuello para mostrarle una marca de machete. “Mi compañero intentó matarme. Y yo vengo a decirte, solo por si algún día a mi me pasa algo. Vos sos la única que lo sabe y no quiero que nadie sepa lo que me está pasando”. Se quedó atónita. Y al no saber cómo tratar la situación le dijo a la víctima que debía denunciar a su agresor. “Si lo haces yo voy a decir que es mentira y que yo no te he dicho nada”. Dice que la respuesta la dejó perpleja.

Comprendió que ser mujer rama es vivir a la sombra de la violencia y la discriminación porque es difícil pedir ayuda y acudir a la justicia. Explica que antes se debe trabajar en un cambio, pero detalla que este no ocurre de la noche a la mañana. “En las comunidades indígenas estos temas son bien delicados de hablarlos y uno tiene que saber cómo hacerlo”, insiste.

Haciendo su labor social en la comunidad. LA PRENSA/ CORTESÍA

Mc.Crayse ha capacitado internacionalmente para adquirir y compartir los conocimientos que aporten a romper la brecha de desigualdad de género existente en las comunidades indígenas. Estudió un curso de derechos humanos en España, en 2019 viajó a Alemania y recibió un curso profesional en proceso de paz y transformación de conflicto. “Me gusta estudiar siempre, es a lo único que jamás le digo no porque hay que actualizarse”.

En junio de ese mismo año, recibió un curso de autodefensa en Costa Rica que por la situación política del país no ha podido replicar. “Todavía no he podido ejercer o implementar algunos talleres porque aquí miran un grupo y piensan que uno estás planeando un golpe, pero cuando tengo oportunidad con las mujeres platico y doy algunas recomendaciones”, señala.

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Según Becky Mc.Cray no todos en su comunidad ven con buenos ojos que las mujeres ramas vivan libres de violencia y que sean parte de las autoridades. “Me acuerdo muy bien cuando un líder se levantó y dijo que no estaba de acuerdo con mi iniciativa de involucrar a las mujeres porque venían a implementar cosas que no son parte de nuestra cultura”, dice.

Está convencida que en los territorios ramas hay machismo al momento de tomar decisiones y distribuir los cargos de autoridades comunales, sin embargo, de forma pública se dice “que las mujeres siempre tienen derecho a participar”. A Mc.Cray uno de los líderes le afirmó que una mujer jamás va ocupar el cargo de presidenta territorial del GTR-K.  Para ello le citó la Biblia. “Y me dijo que ni en la iglesia las mujeres pueden ocupar cargos importantes”.

Enfrentar las desigualdades

El lema de Becky Mc.Cray es no olvidar sus raíces ni de dónde se viene.

Actualmente vive entre Bluefields y Rama Cay. De su casa en Bluefields ha hecho un albergue para jóvenes universitarios de su comunidad que atraviesan la misma situación que afrontó ella en el pasado. “Yo les digo que si uno quiere algo se esfuerza y lo importante es tener un techo donde dormir”, dice. “Todavía se cree que solo el que tiene dinero llega a la universidad y que la mujer soltera puede estudiar, pero la casada y con hijos debe olvidarse de la educación”, resalta.

Con su ejemplo ha motivado a otras personas dentro de su misma familia y comunidad. Cuenta que su madre llegó a los tres meses de estar en Bluefields para ayudarla a cuidar a sus hijos mientras ella trabajaba y estudiaba. Su esposo le pidió perdón a los ocho meses y apoyó su decisión de ser abogada.

La vida para las mujeres indígenas es dificil, explica, Mc.Cray. LA PRENSA/ CORTESÍA

“Tengo una prima que estudió sociología, un hermano que es abogado y mi hijo mayor también estudia derecho. Yo no quería, pero soy el vivo ejemplo que los padres no decidimos por la profesión de nuestros hijos”, agrega.

Está cociente de la enorme desigualdad que se mantiene en su comunidad.

Cuando Becky empezó en el GTR-K como asesora legal, la mayoría eran hombres. Se ganó su espacio poco a poco. Pero confiesa que no es del agrado de todos los varones. “A mí no me quieren porque dicen que yo hablo mucho y soy un obstáculo para el progreso. Le llaman progreso a la negociación de las tierras comunales para vender las tierras, entonces al yo estar ahí con otras lideresas, ellos, no lo pueden hacer”, denuncia.

La Prensa Domingo indígena ramas tierras indígenas

COMENTARIOS

  1. Hace 2 semanas

    Felicito a la abogada por su tenacidad y sed de conocimiento. Le pido algo: no deje morir la lengua “rama”.

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