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Desde la primera edición de la Cumbre de las Américas, realizada en Miami (EE. UU.)en diciembre de 1994, hasta la IX Cumbre de las Américas realizada del 6 al 10 de junio reciente en Los Ángeles, California, los esfuerzos de integración de las Américas no han logrado resultados, en parte, según analistas políticos y expertos en derecho y relaciones internacionales, porque se han hecho esfuerzos de integración económica sin esfuerzos de integración política.
La primera Cumbre lanzó la iniciativa Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), liderada por el entonces mandatario estadounidense y anfitrión de la reunión, Bill Clinton. Los mandatarios de 34 naciones se reunieron en Miami. Con excepción de Cuba, todo el continente se embarcó en la idea de un área de libre comercio continental que debería hacerse realidad «a más tardar en el año 2005».
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Sin embargo, para el 2005, cuando debía entrar en vigor el ALCA, la idea estaba políticamente muerta. La cuarta Cumbre de las Américas, celebrada aquel año en Mar del Plata, Argentina, recordada por haber sido escenario de fuertes protestas antiestadounidenses y como el momento en el que se enterró la idea del libre comercio continental.
«América Latina se ha caracterizado históricamente por ser una región que defiende a capa y espada la soberanía nacional, y sus gobiernos han defendido de manera férrea sus derechos a gobernar sin intervenciones extranjeras. Esto ha bloqueado procesos de integración como los que hemos visto en Europa, y es claro que la integración económica tiene límites si no hay también una integración política», explicó la analista política y directora adjunta para América Latina y el Caribe de International Crisis Group, Renata Segura.
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A la vez señaló que la historia entre Estados Unidos y el resto del continente también ha hecho difícil que algunos de estos mecanismos tomen impulso. «El ALCA fue propuesto en 1994, cuando Estados Unidos sugería lo que se conocía en la región como el ‘Consenso de Washington’ (que realmente no era muy consensual): una doctrina que recomendaba reducir el papel del Estado en la economía e impulsar el libre mercado», manifestó Segura.
La oposición al ALCA
Sin embargo, «las políticas de austeridad fiscal impuestas por el Consenso de Washington (y las organizaciones financieras multilaterales) implicaron grandes costos sociales para muchos países en América Latina, y estuvieron directamente relacionadas con la llegada al poder de gobiernos de izquierda en varias naciones. Estos líderes vieron en el ALCA un intento más de imposición hegemónica de los Estados Unidos, por la gran asimetría de las economías de Estados Unidos y el resto de la región y esto llevó a que el ALCA fracasara definitivamente», agregó la analista.
El politólogo, Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo Económico de Diálogo Interamericano, opinó que Brasil fue un país reacio a negociar un acuerdo de libre comercio, rechazando concesiones tarifarias en la exportación de metales hacia Estados Unidos.
Al llegar a la Presidencia venezolana en 1998, Hugo Chávez también escogió la oposición al ALCA.
Orozco agregó que el resultado (de los desacuerdos y oposición al ALCA) fue que desde entonces se regionalizaron o bilateralizaron acuerdos comerciales, como NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), que integraba a las economías de Estados Unidos, Canadá y México; el Cafta (Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos), entre otros.
El ALBA
El experto en derecho internacional, temas de integración y catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), Carlos Murillo Zamora, concluye en que desde la primera Cumbre de las Américas han habido cambios significativos, en cuanto a relaciones internacionales, tanto entre Estados Unidos y América Latina, como a lo interno de los países latinoamericanos.
Precisó que «con esos cambios que ha habido en América Latina, en el marco de las relaciones interamericanas y dentro de los países latinoamericanos hubo una época de creación de foros que ya no era solo la diplomacia de las Cumbres».
En ese contexto aparece Chávez en el año 2004, de la mano del líder cubano Fidel Castro, proponiendo como alternativa de integración económica, excluyendo a Estados Unidos, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba).
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Al Alba se unió el exmandatario boliviano Evo Morales en 2006, Daniel Ortega en 2007 y Ecuador bajo la Presidencia de Rafael Correa en 2009, entre otros países de la región.
«El Alba fue fuerte en la medida en la que la bonanza petrolera permitía a Chávez dar ayudas económicas a aquellos países que se alineaban políticamente con Venezuela y otros gobiernos afines. (Sin embargo) la muerte del líder venezolano (en 2013), la caída del precio del petróleo y la crisis económica en Venezuela marcaron su ocaso», añadió Segura.
Celac como alternativa de la OEA
En medio del surgimiento de foros e instituciones internacionales, en 2010 fue constituida la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), un mecanismo intergubernamental de ámbito regional que para algunos, según Murillo, «era un esquema alternativo a la Organización de Estados Americanos (OEA) —que iba a sustituirla—, pero para otros era un foro de diálogo sin la presencia de EE. UU., alternativo pero no sustitutivo de la OEA».
No obstante, aún persiste una idea en términos de que se busca la sustitución o reformar la OEA, a como lo expresó el presidente de Argentina, Alberto Fernández y el canciller de México, Marcelo Ebrard, en la IX Cumbre de las Américas.
Para Murillo resulta paradójico que los mismos estados que buscan eliminar la OEA no renuncian a ella. «La construcción de la identidad de la mayoría de los países latinoamericanos está en función de la relación con los Estados Unidos y el espacio de la OEA. Así que si hubieran querido desaparecer a la OEA, se retiran esos estados y la OEA desaparece, sin mayor complicación. Pero, no se van a retirar porque necesitan ese espacio de diálogo y además les sirve de argumentación en contra de los Estados Unidos para plantear los proyectos de cada uno de esos países», señaló.
El SICA
En cuanto al Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), Murillo aseveró que «es una experiencia totalmente diferente. El SICA no se le puede poner a nivel de la OEA o Celac, porque el SICA es un sistema de integración, compuesto por una serie de entidades de organizaciones intergubernamentales que tiene funciones particulares sobre la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)».
Orozco añadió que el SICA en particular es una maduración de lo que fue el Mercado Común Centroamericano (Mercomun) con la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca) y la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) y «trata de constituirse en un eje del espacio ejecutivo regional, mientras el Parlacen (Parlamento Centroamericano) se convierte en el espacio legislador (creado después de Esquipulas II), las tres entidades como mecanismos de expresión de integración regional».
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Por su parte, Segura indicó que la Celac y SICA —otras propuestas de integración subregional—, tampoco han conseguido superar las fuertes tendencias a la polarización que caracteriza a muchas naciones del continente.
«Aunque la región ha tratado de establecer espacios de coordinación que no incluyan a Estados Unidos o a Canadá, divisiones sobre temas sobre cómo defender los derechos humanos manteniendo el respeto por la soberanía nacional (que llevaron a que Brasil abandonara la Celac en 2020), continúan siendo piedras en el camino», expresó Segura.
Crisis de la OEA
Sobre los cuestionamientos y críticas de algunos Estados miembros de la OEA al organismo y hacia su secretario general, Luis Almagro, la directora Adjunta para América Latina y el Caribe de International Crisis Group consideró que «si la integración económica no ha cogido vuelo en América Latina, la integración política está pasando también por difíciles momentos».
«LA OEA ha tenido fuertes crisis de legitimidad, particularmente por su papel en las elecciones bolivianas de 2019 que llevaron a la salida de Evo Morales del poder, y por el papel del secretario Almagro en la crisis venezolana. La OEA ha perdido cualquier capacidad de funcionar como un mediador en este país, y esta parálisis ha resultado en problemas similares en Nicaragua y otras», señaló Segura.
A criterio de Orozco, «el cuestionamiento de la OEA es muy válido y es subproducto de la inconsistencia entre el compromiso asumido y el cumplimiento a ese compromiso. Pero también es producto de las inconsistencias de la política exterior de Estados Unidos».
Los retos de América Latina «son gigantes»
Segura advirtió que «los retos que enfrentan a América Latina hoy son gigantes» y «no hay dudas que esfuerzos para enfrentarlos de manera coordinada serían mucho más productivos. Pero las tensiones entre EE. UU. y países que han roto las normas democráticas como son Venezuela, Nicaragua y Cuba, además de los encontrones con El Salvador y Guatemala, y las tensiones entre Colombia y Brasil con Venezuela, entre otros, hacen que hoy en día la idea de unos esfuerzos reales de integración política o económica sean poco probables, muestra de ello son los pobres resultados de la más reciente Cumbre de las Américas en Los Ángeles», sostuvo.
«La llegada de voces frescas como la de (Gabriel) Boric en Chile, quizás alineado con los posibles presidentes, Gustavo Petro en Colombia (elecciones el 19 de junio) y Lula (da Silva) en Brasil (elecciones el 2 de octubre), podría generar un nuevo ímpetu para lograr más integración política y económica», agregó Segura.
Murillo, por su parte, reiteró que «América Latina está fragmentada, llega con posiciones disímiles a la IX Cumbre, hay un momento de muy bajo nivel de diálogo real y efectivo entre los gobiernos latinoamericanos primero, y entre los latinoamericanos y los países de Norteamérica, concretamente Estados Unidos y Canadá».
Este año, la IX Cumbre de las Américas se desarrolló bajo fuertes críticas y tensiones diplomáticas por la decisión de Estados Unidos —país anfitrión por segunda vez de la reunión—, de excluir a los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Los líderes del hemisferio asumieron una declaración con compromisos concretos para contener la crisis migratoria de la región.
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