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LA PRENSA

Migración, muerte y luto. ¿Por qué es tan importante para las familias repatriar el cuerpo de un ser querido?

Que el difunto sea enterrado en su país y se le pueda despedir conlleva a la paz mental de la familia. Estos son los múltiples duelos y conflictos que enfrentan tras la muerte del migrante, según especialistas

Ni las restricciones migratorias impuestas por Estados Unidos ni las altas cifras de muertes registradas en el río Bravo, u otros escenarios, han impedido que miles de nicaragüenses intenten llegar al suelo norteamericano, lo que evidencia que ni el migrante ni las familias piensan «abiertamente en la muerte», pese a los riesgos que conlleva esta travesía.

En los últimos meses se ha visto un incremento en el fallecimiento de migrantes nicaragüenses en suelo mexicano, principalmente en la frontera con Estados Unidos, lo que conlleva a la necesidad de las familias por recoger con urgencia miles de dólares para repatriar el cuerpo de su ser querido.

De acuerdo con la organización Texas Nicaraguan Community (TNC), la repatriación puede costar entre 3,000 y 4,000 dólares.

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Por ello, muchas de las familias recurren a la colecta y apelan al corazón de la población; si su pariente decidió migrar fue porque en el núcleo había pocos o casi nada de recursos, e incluso muchas más deudas que ingresos. Otras familias optan por vender parte de sus pertenencias para poder completar el dinero, pero incluso esto tomando en cuenta que ya habían asumido el gasto, prestado o empeñado artículos para que la persona migrante pudiera viajar.

«Como ya se ha señalado, todos los que se disponen a emigrar hacia los Estados Unidos de forma irregular conocen de los peligros, no obstante, hacen el viaje y aunque se habla de ‘peligros’ entre el migrante con familiares y amigos, no se habla abiertamente de muerte. Este es un tema que queda implícito, y si la familia apenas logró reunir el dinero para que su familiar o familiares emigraran, no se piensa o espera que vayan a morirse», expone la psicóloga Ligia Martínez.

La importancia de dar el último adiós

Cuando una tragedia como esta embarga a la familia, no hay distancia ni monto que impida que los dolientes aunque sean de escasos recursos recauden el dinero de la repatriación y le den una despedida digna a su ser querido.

La importancia de que el difunto sea enterrado en su país y se le pueda dar el último adiós conlleva a la paz mental y espiritual de la familia, apuntan los especialistas.

«Los familiares no disponen de los medios para repatriar el cuerpo de su ser querido y ponen todo su esfuerzo y empeño en conseguir los miles de dólares que podría implicar la gestión y darle —según palabras de la familia cuando solicitan ayuda— cristiana sepultura. Para ellos es difícil permitir que su familiar ‘quede tirado’, sin nadie que pueda reconocerlo o retirar su cuerpo», expresa la psicóloga.

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«A la situación descrita se agrega el hecho cultural en el país de velar a los muertos, evento en el que los familiares y amigos ofrecen sus condolencias a los dolientes, así como su compañía, consuelo, cariño y disposición a colaborar en lo que puedan, ya sea con dinero, alimentos o actividades necesarias para el evento y la familia», agrega Martínez.

Por su parte el psicólogo Roberto Ordóñez explica también que la importancia de las familias de darle «cristiana sepultura» a su difunto no solo radica en la ceremonia de vela y entierro, que caracteriza a la cultura latina, sino también en poder ver y hasta tocar el cuerpo.

«La sensación de vacío va más allá de la liturgia, está con ver, tocar y llorar al muerto, saber dónde quedará (sepultado)», dice el especialista.

El duelo

Los especialistas señalan que el dolor de estas familias ya es más desolador porque pierden a un ser querido en territorio extranjero, pero la sensación es peor cuando la muerte fue trágica y queda registrada visualmente en las redes sociales o medios de comunicación.

«Cuando fallece una persona terminan sus sufrimientos, pero los que siguen viviendo se enfrentan a un trauma desolador, sobre todo si su muerte se ha dado en condiciones catastróficas, al menos para la familia, debido a que ha sucedido: en territorio extranjero, lejos de su familia y pasando por muchas penalidades y sufrimientos. De ahí que la necesidad de hacer hasta lo imposible por repatriar sus restos cobre una dimensión más grande de lo que sería si se tratara de una muerte natural», explica la psicóloga.

El psicólogo Ordóñez refiere que el hecho de ver las condiciones en que murió la persona puede generar trastorno de estrés postraumático, depresión crónica u otras enfermedades de la salud mental.

«De por sí la noticia impacta y verlo cómo ocurrió, impacta más. Entonces, aunque se vea un tráiler y esté cerrado, nos imaginamos cómo iba la persona dentro de ese vehículo (…) No es lo mismo que te digan que falleció en un accidente de tránsito, que te muestren el video de cómo fue el accidente, el impacto va a ser distinto, verlo es totalmente atroz», manifiesta el psicólogo.

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«Al repatriarlo y tener una litúrgica adecuada es el primer paso para la subsanación, no sanará automáticamente, pero es el primer paso. Si eso no fuese así, en terapia se debe iniciar desde los simbolismos para que se haga esa despedida, pero eso nunca será igual que una despedida física, por eso la repatriación no es un gasto, es una inversión para la salud mental de la familia», añade.

Ordóñez hace el llamado a la población a reflexionar sobre los riesgos que conlleva emigrar de forma irregular y los escenarios que se pueden dar, y apela a que las decisiones se tomen con sabiduría.

Aunque el río Bravo ha sido el principal escenario donde perecen los nicaragüenses, de acuerdo con las organizaciones humanitarias Texas Nicaraguan Community y Nicaragüenses en México, se estima que desde enero hasta finales de mayo de este año al menos treinta nicaragüenses fallecieron en México. Los accidentes de tránsito o por permanecer hacinados dentro de contenedores son otros de los escenarios donde ocurren estas muertes.

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