En las últimas semanas, el régimen de Daniel Ortega ha dejado entrever un interés por aislarse aún más de la comunidad internacional y profundizar las fricciones con otros países, lo cual ha generado “incertidumbre” en actores internacionales, consideran analistas.
La más reciente acción del régimen contra miembros de la comunidad internacional sucedió el pasado jueves 24 de marzo, cuando a través de una nota diplomática la cancillería nicaragüense acusó a Colombia de ser un “narco estado”, debido a que este país se opuso a que Nicaragua ocupara la vicepresidencia del 37 periodo de sesiones de la Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.
“Nuestro país, que actúa con pleno respeto a sus leyes internas, a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional, denuncia los constantes crímenes, violaciones de derechos humanos, terrorismo, violaciones de los Acuerdos de Paz, asesinatos de líderes sociales, fraudes electorales y la conformación y funcionamiento del narco estado colombiano (…) El narco estado colombiano asesina impunemente a sus ciudadanos”, señaló la cancillería de Daniel Ortega.
Anteriormente, Ortega había expulsado al embajador de Colombia en Nicaragua, Alfredo Rangel Suárez, y el canciller Denis Moncada lo tildó de “insolente”.
Para el analista político Enrique Sáenz, este episodio de tensiones con Colombia “en el campo diplomático es un acto de hostilidad que empeora aún más las relaciones con ese país. Ni siquiera un triunfo de la izquierda (en las elecciones de Colombia) mejoraría el ambiente con la dictadura”.
De igual manera, Ortega ha tenido episodios tensos con España con el Vaticano, tras la expulsión del nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag y con la Cruz Roja Internacional (CICR), con la expulsión del delegado de la entidad en Nicaragua, Thomas Ess.
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La salida del nuncio
El reciente 12 de marzo, el Vaticano confirmó la expulsión del nuncio apostólico de Nicaragua a solicitud de la administración orteguista. El representante del papa en Managua salió del país el 6 de marzo, cuando la Nunciatura dijo en un comunicado, fechado el 7 de marzo, que el religioso «se ausentó», quedando al frente el secretario de la Nunciatura, monseñor Marcel Mbaye, a nivel de encargado de negocios.
El Vaticano dijo en su comunicado que esta es una «grave e injustificada decisión unilateral» que no refleja los sentimientos del pueblo de Nicaragua. «La Santa Sede desea reafirmar su plena confianza en el Representante Pontificio», agregó.

Las intenciones de Ortega
De acuerdo con el politólogo Manuel Orozco, Daniel Ortega busca crear una provocación con la comunidad internacional para que exista una confrontación “no diplomática”.
“Los actores internacionales lo saben. Ortega quiere llegar al extremo de la violencia para así mantener oxigenada a su base, de la que está perdiendo el apoyo, y la única forma de mantener ese vínculo vivo es creando expectativas de amenaza desde el exterior”, explica Orozco.
La actitud de Ortega con la comunidad internacional ha generado “incertidumbre” en los actores internacionales, detalla Orozco. Esto sucede debido a que no se comprende con exactitud si el régimen busca aislarse intencionalmente.
“Lo que está haciendo vuelve al tema de la incertidumbre, de no entender qué está haciendo el régimen con su autoaislamiento selectivo. Más que todo dando la impresión de que lo quiere hacer Ortega es lo que le dé la gana, con la menor interferencia interna y externa posible. A nivel interno causando miedo con la represión, la desinformación y la censura, y a nivel externo está tratando de echar a cuanto actor internacional puede”, comenta Orozco.
Para el analista, estas acciones del régimen están siendo ejecutadas “con un cálculo político”, asumiendo que, si estos países responden, lo hagan con el menor riesgo posible para Ortega.
Por su parte, Sáenz considera que Ortega está reaccionando a todas las sanciones y condenas que ha sufrido su régimen por las violaciones a los derechos humanos de los nicaragüenses. “La primera y más obvia conclusión es que Ortega llegó al límite de la impotencia para superar el aislamiento y descrédito internacional de su régimen y optó por un camino demencial: romper con todos”, indica.
Sáenz también resalta que a pesar de que estas acciones hagan ver a Ortega como un dictador con fuerza política, en la realidad es todo lo contrario.
“Resulta claro que por debajo de la corteza de bravuconerías lo que queda es un régimen que descansa únicamente en la fuerza bruta. En la práctica, estos episodios exhiben un nítido ángulo de la ilegitimidad internacional de la dictadura. En ningún modo podemos interpretar los desplantes como signo de fortaleza política”, explica Sáenz.
La diplomacia según Ortega
A nivel diplomático, Daniel Ortega ha tenido muchos encontronazos con otros países y actores internacionales. Desde la Organización de Estados Americanos (OEA) hasta la Unión Europea, organismos a los cuales ataca constantemente en sus discursos públicos y que le han demandado al dictador que libere a los presos políticos y que respete las libertades públicas de los nicaragüenses.
El pasado mes de febrero, Ortega retiró a su embajador en España, Carlos Midence, por supuestas “presiones y amenazas injerencistas”, sin embargo, el canciller español José Manuel Albares respondió que esta decisión de Nicaragua no va a impedir «que España reclame democracia en Nicaragua y la liberación de los presos políticos».
El canciller español aseguró el 11 de marzo que el régimen orteguista siempre mantuvo una postura de rechazo al ingreso de la embajadora española María del Mar Fernández Palacios a Nicaragua, y señaló que se le hizo saber al embajador nicaragüense esa situación.
«…. el secretario de Estado para Iberoamérica convocó al embajador nicaragüense (Midence) en primer lugar para solicitarle explicaciones al respecto (sobre la negación del acceso) y en segundo lugar para transmitirle que esa asimetría no podía tener lugar que hubiera por un lado un embajador de Nicaragua aquí y nuestra embajadora no pudiera tener acceso y a eso respondió Nicaragua diciendo que retiraba a su embajador aquí», explicó Albares.
Días después de haber sido separado del cargo en España, Ortega nombró a Midence como embajador en Argentina, país con el que también ha mantenido tensiones diplomáticas en los últimos meses.
En agosto de 2021, el régimen llamó a consulta a sus embajadores en Argentina, Colombia, Costa Rica y México.
«El Gobierno de Nicaragua ha observado y considerado con seriedad y madurez, con gran paciencia los constantes e inmerecidos señalamientos irrespetuosos, injerencistas, intromisores e intervencionistas en nuestros asuntos internos de parte de las máximas autoridades de estos países, sobre temas que solo conciernen a nuestro pueblo y Gobierno, y además refiriéndose cínica e inescrupulosamente a situaciones que pretenden ignorar y que son lesivas de los derechos humanos en sus propios países», indicó la vicepresidenta designada y primera dama, Rosario Murillo, el pasado 9 de agosto.
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Este episodio ha generado que las relaciones entre España y Nicaragua estén en el nivel más bajo, indica Sáenz, quien rescata que España es un enlace clave entre la Unión Europea y América Latina.
Por su parte, Manuel Orozco señala que Ortega todavía cree que la diplomacia en el mundo funciona con la lógica de la Guerra Fría, la cual acabó a inicios de la década de los noventa con la disolución de la Unión Soviética.
“Había una ola democrática que se fue consolidando, pero también iban quedando algunos líderes de la Guerra Fría que se han resistido a adaptarse a las normas democráticas. Uno de esos líderes es Daniel Ortega”, considera Orozco.
De acuerdo con el analista, personajes como Ortega, Vladímir Putin, Nicolás Maduro y demás líderes autoritarios se resisten al cambio democrático por pura subsistencia política y es por ello que han tratado de crear un “bloque hegemónico”, y por eso crean las tensiones con el que se considera es el “bloque democrático”.
“Pero estos movimientos (hegemónicos) son pocos, están por expirar. Daniel Ortega no es joven y no hay generaciones que le suceden que puedan lograr mantener ese sentido de la Guerra Fría”, advierte Orozco.