Mi gran amigo de pupitre Humberto Belli y yo tenemos algunas diferencias amistosas sobre la “moralidad” de los nicaragüenses, las que hemos compartido en este Diario, LA PRENSA, baluarte de la libertad y diversidad de opinión.
Humberto sostiene que muchos de los males que padece Nicaragua (incluyendo los de carácter político), se deben en parte a un grave problema de moralidad que se encuentra arraigado en amplios sectores de la población por lo que hay que moralizarla”. Basa sus opiniones en lo que llama: 1) el abandono paterno, 2) el robo y la mentira, y 3) la falta de moralidad cristiana de los nicaragüenses.
Yo por mi parte he considerado injustificada y sin pruebas su opinión y sostenido que nuestras dificultades son más bien producto de “la falta de ética, abuso e impunidad de una minoría” y que la mayoría de los nicaragüenses por el contrario no son amorales, sino que algunas de sus actuaciones están condicionadas “por nuestros trillizos de falta de educación, pobreza y subempleo.”
En su último artículo de esta semana (LA PRENSA, lunes 17 de enero 2022) Humberto sin querer me da la razón. Refiriéndose al abandono paterno y desintegración familiar indica que una encuesta que condujo en 1975 reveló que el 28 por ciento de los nicaragüenses no han sido criados por sus padres o madres biológicas. Esto es muy triste y doloroso, pero no justifica decir que gran parte de los nicaragüenses son amorales. Aparte habría que analizar la representatividad de la encuesta.
También indagando datos oficiales encontré que, los varones entre 15 y 30 años que constituyen el grupo con más probabilidad de abandonar a sus hogares representaban en el 2018 el 14 por ciento de la población adulta (mayores de 14 años)
Si suponemos que el 75 por ciento de ellos son pésimos padres y maridos (ya que Humberto dice que no son minoría sino “legión”) estaríamos hablando del 10.5 por ciento de nuestra población adulta. Por supuesto que esto sería más que deplorable, pero no podemos decir que 10.5 por ciento representa “amplios sectores de la población”.
Humberto también menciona que en 1976 averiguó en Puerto Morazán que “la mayoría de los pescadores se emborrachaban los fines de semana y dejaban a sus proles en la miseria”. De nuevo muy triste y doloroso, pero ¿qué porcentaje de la población de Nicaragua representaban los pescadores de Puerto Morazán? Más importante, confirma mi posición de que las actuaciones de algunos de nuestros compatriotas reflejan la falta de educación e ilusiones y la pobreza que los lleva al trago y a otros defectos.
Sobre el robo, la segunda plaga que menciona Humberto, no hay datos y solo experiencias personales, por lo que las aseveraciones son subjetivas. En mi caso los únicos nicaragüenses que me han robado han sido los nueve miembros del FSLN que en 1979 me despojaron de casa, hacienda, bienes y, más importante, recuerdos personales y de familia. El robo fue tal que mi casa la habitó uno de ellos y mis cuadros aparecieron en la casa (también robada) de otro. Pero sobra decir que nueve no son la mayoría de los nicaragüenses.
Aparte de esto, en Nicaragua y en mis (según Humberto) “acogedoras” residencias en EE. UU. (donde he vivido no por escogencia sino por cortesía del FSLN) solo he estado rodeado y apoyado por conciudadanos honestos. Nunca hemos guardado nada bajo llave, y nunca se nos ha perdido ni un centavo, a pesar de que dejamos dinero por todos lados.
En cuanto a la mentira, Humberto tiene razón que los nicas tenemos algo del Güegüense. Pero esto no significa que somos amorales. Algunos un poco mentirosos quizás, pero no amorales, salvo en muy pocos casos bien sabidos. Los pecados veniales llevan al Purgatorio, pero no al Infierno.
Finalmente, Humberto me invita a ir a dar una vuelta por las iglesias nicas donde “descubriría que el 80 por ciento o más de los asistentes son mujeres”. Pero esto no me dice nada, salvo que las damas son más piadosas que los varones. Lo que nos debería decir Humberto es qué porcentaje de la población adulta va a misa y es “religiosa”. No es lo mismo 80 por ciento de cien, que 80 por ciento de cien mil.
Sí admiro y respeto a las y los que van a misa todos los domingos, pero esto no significa que el resto no tenga “moral cristiana”. No hay que confundir “ritos” con “profundidad religiosa”. La verdadera religión, sea cristiana o de otras denominaciones, se lleva por dentro y se demuestra en la vida diaria de varias formas más humanas e importantes que ir a misa.
Por si las moscas, y como ya mencioné antes, independiente de nuestras diferencias puntuales coincido plenamente con Humberto y apoyo su insistencia en apuntalar a la familia, mejorar la educación y fomentar la religión. Los datos que mencioné no son para justificar ningún acto reprochable sino para poner las opiniones de Humberto en perspectiva.
También coincido con Humberto en que nuestro reto es encontrar remedios a los problemas que tenemos los nicaragüenses. Él los ve de una forma y yo de otra; aunque hay muchos elementos comunes. Por eso dialogamos
El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada