Juventud sin futuro

Ser joven en Nicaragua es una tarea ardua donde la incertidumbre siempre ha reinado en un país que nunca ha conocido un claro futuro ciudadano, mucho menos juvenil. Los jóvenes de nuestro país han pasado décadas luchando por una oportunidad —por más mínima que sea— de sobresalir y contribuir de una forma positiva. Los jóvenes en su mayoría sueñan con ser profesionales, aportar a su núcleo familiar y no vivir en pobreza o delincuencia.

Pero históricamente, los jóvenes en Nicaragua siempre han sido menospreciados y golpeados por los diferentes gobiernos —tanto dictatoriales como democráticos— y debido a esa incertidumbre muchos jóvenes de calidad se ven obligados a buscar mejores rumbos. No es solo cuestión de que Nicaragua sea un país pobre, sino sobre todas las cosas, es cuestión de vivir en una nación sumamente corrupta que usa y abusa a sus ciudadanos, en especial la juventud.

Muchos solo han conocido a un gobierno sandinista que ha tenido como misión adoctrinar en las escuelas para así crear peones a beneficio de un juego de ajedrez político. El futuro juvenil que ellos buscan tener —para así poder mantenerse con el poder absoluto— es uno donde el ciclo de fanatismo hacia una pareja, perdida en el pasado y consumidos por la avaricia del poder, ciega de tal forma que crea individuos sin criterio propio. En fin… borregos.

Los que se rehúsan a caer en ese adoctrinamiento, quienes alzan su voz ante las arbitrariedades y en especial los que tienen un pensamiento crítico que no calza con el molde sandinista de Ortega y Murillo, son excluidos, perseguidos, encarcelados y hasta asesinados. Lo hemos visto a través de nuestra historia, pero sobre todo desde el 2018 cuando un centenar de muchachos le demostraron al dictador que no estaban dispuestos a seguir aguantando las sinvergüenzadas de una pareja y su cúpula fuera de control.

Pero, ¿qué puede hacer un joven ante una situación así?

No todos pueden ir al exilio como lo han hecho un número de estudiantes que de alguna forma u otra participaron en la rebelión de abril. Créeme… el exilio no es fácil alcanzar ni algo lindo por muy seguro que pueda ser comparado con vivir en Nicaragua. Hay quienes están pasando duras penas en un país ajeno. Muchos están solos y sin recursos. No han podido continuar sus estudios o simplemente vivir dignamente. Habrá quienes están leyendo estas palabras que digan que se encuentran en un mejor lugar, pero perder a jóvenes que bien podrían aportar algo positivo a nuestro país te debería dejar un sabor muy amargo. Muchos de estos jóvenes exiliados no volverán… ya están haciendo una nueva vida y dejando atrás— si es que puedan— un dolor vivido en un país que no supo apreciarlos. Lo hacen por su bien psicológico y paz mental.

Los que no pueden salir de Nicaragua están viviendo un día a día sin rumbo y poca esperanza. Pasan momentos en soledad, tampoco pueden estudiar o trabajar y algunos aún viven asediados con ese constante miedo de que los volverán a apresar o peor. Eso fomenta a una tristeza, desesperación y decepción profunda que los aleja cada día más de algo que una vez creían justo, pero que terminó desviándose, dejando a muchos de ellos atrás y hasta olvidados. Son más los que no pueden darse el lujo de montarse en un avión o cruzar una frontera bajo la oscuridad clandestina. Tendrán que seguir sus vidas bajo las injusticias que hoy perduran.

¿Cómo podrán esos jóvenes salir adelante en un país que los prefiere domados?

Y los que aún están creciendo y estudiando bajo un sistema educativo de pobre calidad y politizada tendrán que aguantar y luchar en contra de una mística fanatizada y sus ideales extremistas que nunca terminaron en algo positivo. Espero que puedan… Nicaragua los va a necesitar cuando esta dictadura finalmente caiga.

La juventud nicaragüense no tiene futuro mientras los sandinistas estén en el poder. Siento mucho por ellos, ya que tendrán que pagar por los errores —y horrores— del pasado y presente. El sistema en que viven no los toma en cuenta como debería, no los aprovecha de una forma correcta y no los fomenta para mejorar la calidad de vida en nuestro país. Simplemente son utilizados para un fin personal y político.

El autor es profesor y autor de relatos y poemas sobre la rebelión de abril.

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